El trabajo entre ambas editoriales fue posible gracias al apoyo de la Municipalidad de Rosario, el Plan Cuidar y la colaboración institucional del Centro Educativo Latinoamericano. De esta manera, el trabajo de edición de Martín Tranier se suma a la traducción de Ma. Carla Elvira Abbati para convertirse en una pieza culturar que rinde homenaje a la historia de Rosario en el año de su tricentenario. Algunos detalles de la obra en el siguiente artículo.
El libro
El primer capítulo de la obra se titula “Una escuela en la ciudad de Rosario”. Paulina Strasser (Presidenta Junta Directiva Asociación Centro Educativo Latinoamericano) desarrolla en él un breve texto introductorio sobre el desembarco del sistema educativo en la ciudad de Rosario, a partir de la extensión de la red ferroviaria de “El Gran Central Argentino” hasta Córdoba y la delineación de la “pampa cerealera”. El fenómeno de crecimiento económico y demográfico permitió los movimientos de migración interna de familias protestantes desde las colonias agrícolas a la ciudad. El texto introductorio abarca un análisis histórico a partir de 1860, con hechos insignias para Rosario, como la llegada del ministro metodista William Goodfellow en 1864, quien por orden del presidente Domingo Sarmiento solicitó en 1868 la contratación de maestros norteamericanos para establecer en Argentina el sistema de instrucción de las escuelas normales. En el recorrido histórico que realiza el capítulo, Paulina señala al lector que el Centro Educativo Latinoamericano (bautizado así a partir de 1973) es considerado hoy la primera escuela laica de Rosario.
“Alguien debería escribir un libro sobre nuestra obra en Sudamérica”, dijo el secretario Goodfellow, después de haber examinado cuidadosamente estos hechos. “Un libro que refleje la gravedad de la necesidad. Debe escribirse bajo la inspiración de las primeras impresiones, cuando el pensamiento se estremece al enfrentar por primera vez esa civilización sudamericana”.
La Sra. Eliza Jane McCartney Clemens (E.J. Clemens) y la Sra. J. F. Willing forman parte del personal docente que solicitó Sarmiento. Las vivencias de Clemens la llevaron a escribir el libro que deseaba Goodfellow dos décadas atrás. Gracias a UNR editora, la Editorial Fundación Ross y el apoyo de la Municipalidad de Rosario, el Plan Cuidar y la Colaboración institucional del Centro Educativo Latinoamericano, en el marco del tricentenario de la Ciudad, se conoce por primera vez en castellano las crónicas de Clemens. La obra es la primera publicación (para muchos historiadores) en cuya tapa se escribe la palabra Rosario en homenaje a la cuna de la bandera.
La versión rosarina del libro ofrece un capítulo introductorio titulado “Rosario: Una ciudad de oportunidades” de la doctora en historia Norma Alloatti. En él se puede leer a modo de síntesis una guía de lectura de los registros de Clemens, que no se reducen solo al plano educativo, sino a la vida toda de lo que era la ciudad de las décadas del 70 y 80 en el siglo XIX. Los registros de Clemens comienzan avisando que la vida en la provincia de Santa Fe se circunscribe a dos grandes áreas: la rural y la urbana. Observa las costumbres del gaucho al que llama “el señor de las praderas”. Los usos y costumbres diarios que Clemens atesora, escribe Alloatti, “son los que considera infrecuentes en su país: los carros tirados por caballos y bueyes, junto a las personas que venden o transportan mercancías en las calzadas”… “ el Celador Vigilante o sereno que durante el día permanece parado en las esquinas, vestido de pantalón, bombacha amplia y chaqueta corta, con una mochila a la espalda, una espada y una pistola en la mano y que, entrada la noche y hasta que clarea el nuevo día, vocea la hora y las condiciones del clima; o quienes limosnean cada día, aunque se llame al sábado día del mendigo” (pág. 139 del libro).
En las crónicas de Clemens hay un registro sobre las trabajadoras femeninas que lavan en el río o en sus casas las ropas que recoge de los domicilios. También hace foco en los niños, “los infantes”, centrando especial atención en los conventillos: centros de viviendas que califica de lamentables, que muestran el estado de una “humanidad arruinada”. La temática se puede leer en el capítulo X bajo el título “La lavandera- El conventillo”.
Las señoras de elite rosarinas descriptas en las crónicas son “elegantes, utilizan sedas y encajes, aunque a menudo el uso de brillos y adornos es excesivo, ellas usan abanicos todo el tiempo, sobre todo para enfatizar sus gestos en las conversaciones” (capítulo IX, pág. 142, “Educación de las mujeres”). El rol de las mujeres entre los ricos va a escribir Clemens, es ornamental, y si bien dominan la casa, poseen una extensa red de servidores que se ocupan de la limpieza, la cocina, las compras y el traslado de alimentos…”.
Un punto interesante del libro es la descripción de las fiestas populares. La autora se asombra por las exhibiciones pirotécnicas en todo tipo de fiestas. En el capítulo XV que comienza en la página 172 realiza una minuciosa descripción sobre el Carnaval, El pomo, La ducha, Quema de Judas, las Hogueras bíblicas y el matrimonio. También realiza una descripción de la sepultura en el cementerio de la ciudad junto a un registro de los ritos del “Día de los Muertos”.
En síntesis, el libro cuya primera traducción al castellano es realizada por Ma. Carla Elvira Abbati, es un oportuno documento histórico que se brinda a la comunidad y se suma a los tributos de una ciudad que festeja su tercer centenario.
Se lee en la contratapa
En 1880 una mujer norteamericana, Eliza Jan NcCartney Clemens, con sus ideales y prejuicios, llegó para sumarse al proyecto de una nueva escuela. Por recomendaciones para su defensa trajo un arma, pero las vivencias que aquí experimentó la llevaron a escribir un libro: Rosario, que tal vez constituye la primera mención al nombre de la ciudad en una portada.
Publicado en inglés en 1882 esta edición es la primera en español.
