Escaparon de la crisis en Venezuela para radicarse en Venado Tuerto
Desde hace 20 días

Una familia quiere empezar de cero en suelo santafesino

Desde hace 20 días, los Villegas dejaron atrás su país y su vida para empezar de nuevo en otro lugar. Escaparon de la crisis que desde hace tiempo los viene golpeando fuerte en Maracay (Estado de Aragua), para instalarse en pleno corazón del barrio Ciudad Nueva, en Venado Tuerto.

Pablo Rodríguez
redaccion@miradorprovincial.com

El 5 de agosto pasada la medianoche, un avión procedente de Panamá aterrizaba en Rosario, trayendo en su interior a Enrique Villegas, de 65; su esposa, Yesenia Ochoa, de 33; sus dos pequeños hijos, Enrique Alejandro, de 6; y Antony Jesús, de 23 meses. Desde allí se trasladaron rápidamente hacia el sur santafesino, de la mano del médico local Martín Máspoli, a quien conocieron hace dos años en un viaje a la paradisíaca Isla Margarita.
“Nos fuimos principalmente por nuestros hijos que son pequeños. Merecen una educación mejor a la que teníamos en Venezuela”, cuenta Enrique en exclusiva a Mirador Provincial, mientras remarca que está en la búsqueda urgente de trabajo, respaldado por una vasta experiencia en el rubro de la construcción.
“Soy ingeniero civil y contador. Tenía mi empresa, pero la tuve que cerrar por la situación del país, el elevado costo de vida, los materiales de construcción, inflación, los obreros y la inseguridad”, dice.
“Inclusive perdí un maestro de obra por un atraco a la salida de un banco”, agrega e insiste en que la situación en su tierra natal se puso difícil trabajando por cuenta propia, pero que hoy sí tiene experiencia suficiente para emprender una carrera en Venado.
El duro día a día
Sin profundizar en el actual líder político venezolano, Nicolás Maduro, Villegas destacó que la economía en su patria está por el suelo. Que no se consiguen alimentos, antibióticos y su principal temor, a flor de piel: la escasez de remedios.
“Ese fue el motivo para irnos. Lo que se ve a diario es que no hay alimentos, seguridad social o cómo llevar a los hijos adelante. En los libros, por ejemplo, desapareció la parte democrática y tratan de poner la comunista. Eso no debe ser. Todo debe permanecer tal cual apareció. La política se encargó de un solo camino. Pero la libertad no puede ser suprimida. Podemos pensar diferente, pero debemos convivir”, define Villegas.
También aclara que en Venezuela, “hay un sector que trata de ocultar lo que está pasando, diciendo que en el comunismo se vive bien”. “La gente -continuó- está pasando hambre. Tienen necesidades. Imagínate la impresión nuestra cuando fuimos al supermercado que vimos el sector de pañales, todos los talles, medidas y marcas. Allá las colas para comprar son inmensas y amanecen de un día para otro para comprar un paquete de pañales. El gobierno se fue apropiando de todo. A tal punto que hay un solo pensamiento”.
Por último, se mostró feliz al comentar que ya completaron los papeles para tramitar la residencia en Argentina por dos años. “Ya solicitamos los antecedentes penales de ambos países. Tenemos la documentación lista para el 15 de diciembre. Desde entonces, vamos a poder integrarnos plenamente a la comunidad y colaborar con nuestra experiencia”, amplía.
Los hijos, la prioridad
Yesenia Ochoa, la joven madre y esposa de Enrique, también es contadora. Para venir a nuestro país, resignó un trabajo de diez años de antigüedad en una clínica privada, donde vivió aún más de cerca la situación de crisis.
“No teníamos sustento ni capacidad. La inflación es tan alta que todo se puso costoso. No hay medicinas ni alimentos. Y venir a Argentina fue algo diferente, pero lo hicimos por nuestros hijos. Ahora estamos felices de verdad”, dice casi emocionada.
Para Yesenia, “todo es diferente” y aquí hay de todo comparado con Venezuela. “Nos da tristeza por nuestra familia que quedó allá. Igual que los insumos para hospitales. Teníamos que llevar gasas o algodón para que nos atiendan. No se consigue nada. Tenés que ganar como cuatro salarios mínimos para sobrevivir con hijos”, explica.
“La crisis es terrible. La gente hace colas de cuatro o cinco horas, para comprar pan. Pero también un problema es la inseguridad y la falta de alimentos para los niños. Leche o pañales para el bebé. Eso es muy preocupante. Se enferman y no hay medicinas. Y lo que hay, superan al salario. Se vuelve todo inaccesible”, resume.
Finalmente, el pequeño Enrique, que se encontraba upa de su madre al momento de la entrevista, también aportó lo suyo: “En Venado hace mucho frío. Cuando llegué estaba bien abrigadito con mi sweater”, destaca, en clara referencia al brusco cambio de temperatura entre su país y el nuestro.
“Fue muy triste venir. Nuestro país era bello y hermoso antes de que (Nicolás) Maduro lo gobernara. Todo está muy caro. Yo de pequeño me daba cuenta. Ahora hay muchas cosas en el supermercado, pero no podemos tener todo, sólo lo que mi familia decide. Me gusta Venado Tuerto”.

La crisis, en números

La pobreza aumentó en Venezuela casi nueve puntos en 2016 frente a 2015, alcanzando a 81,8% de los hogares, según una encuesta que difiere ampliamente de la cifra de 22,7% del gobierno.
El porcentaje de familias en situación de pobreza saltó de 23,1% en 2015, a 30,26% en 2016; en tanto, el de pobreza extrema pasó de 49,9% a 51,51%, detalla la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi).
El valor de la canasta básica en Venezuela aumentó 433,9% en 2016 y para poder costearla los venezolanos necesitaban 18 salarios mínimos a finales de enero, según un informe del Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).
El gobierno no entrega datos de inflación desde hace un año, pero el FMI estima que en 2016 fue de 475%, y que trepará a 1.660% este año. La Encovi estableció además que 9,6 millones de personas -casi un tercio de la población- ingieren dos o menos comidas al día.
El porcentaje de quienes comen tres veces diarias bajó de 88,7% a 67,5% entre 2015 y 2016, y los que hacen dos o menos comidas aumentaron del 11,3% al 32,5%. Asimismo, nueve de cada diez familias afirma que sus ingresos son insuficientes para comprar alimentos, en tanto que siete de cada diez entrevistados reportó haber perdido peso, en un promedio de 8,7 kilos en el período analizado.
Los más pobres sobreviven con harinas, arroz, hortalizas y tubérculos, en una canasta en la que está a la baja el consumo de proteínas animales y prácticamente desapareció el de frutas, apuntó el estudio. Por otra parte, hasta el momento son más de 120 los muertos en diferentes momentos del conflicto.



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