Presidente Schreber es una obra que está sustentada en los procesos internos y condiciones de búsqueda e investigación desarrolladas en las Máquinas Teatrales, o Máquinas de Improvisar, sistema creado por el maestro, actor, director y dramaturgo Pompeyo Audivert.
La obra sigue la vida de Daniel Paul Schreber, un hombre atrapado entre las realidades y sus delirios. A medida que su salud mental se deteriora, su mente se ve invadida por visiones de un poder divino y una lucha constante con su propia identidad. En una serie de tensas interacciones con su médico, el Dr. Flechsig y figuras familiares, la obra explora sus experiencias de paranoia, las angustias del tratamiento psiquiátrico de la época y su búsqueda desesperada por encontrar sentido a su trastorno. A través de un relato intenso y lleno de contradicciones, el público se enfrenta a los límites de la razón y la percepción humana, en un retrato desgarrador de la enfermedad mental.
En escena se podrá ver un trabajo físico expresivo donde la palabra producirá acontecimientos mismos de la Máquina, llevando adelante como referencia, fragmentos del caso Schreber, de su libro “Memorias de un enfermo de los nervios” y de la Ley de Salud Mental 26657, promulgada en 2010 y reglamentada en 2013.
Esta ley tiene como objetivo asegurar el derecho a la protección de la salud mental de todas las personas en Argentina. Busca garantizar el pleno goce de los derechos humanos de las personas con padecimientos mentales, alineándose en la Organización Mundial de la Salud.
Hugo Cardozo, escritor de la dramaturgia, cuenta el entramado de la producción.
En primera persona
-Los apuntes de la descripción autobiográfica del presidente Schreber son tomados por Sigmund Freud para desarrollar su teoría sobre la paranoia, ¿qué te empujó a rescatar el caso clínico para una puesta en escena?
-Lo que más impacto es que es un caso muy florido. Se trabaja en la facultad, a la hora de abordar la psicosis, por la capacidad expresiva de la patología de alguien que había tenido recursos: había sido abogado, llegando a juez con un padre muy estricto y formado. El caso se ambienta en Alemania, en el período de entre guerras en el núcleo de una familia estricta, como muchas otras, que empujaban a sus hijos a que triunfen en el deseo de sus padres. Con toda esa presión Schreber al momento de tener que firmar con el nombre propio y ser juez, se desestabiliza y entra en una de sus primeras crisis psicóticas. Lo florido del caso es la comunicación de Schreber con Dios que lo lleva a creer ser una mujer para procrear una nueva raza de hombres. Por eso lo importante del contexto, lo que significaba una nueva raza de hombres en el impacto social de la Alemania previa a la Segunda Guerra. La obra transita en esa tensión entre la medicina y el caso de él.
-¿Cómo fue el proceso de escritura y adaptación de la dramaturgia?
-Fue un proceso arduo, de una escritura muy amplia. Fui abordando el trabajo de investigación histórico, teatral y poético; recolectando y sintetizando las cosas que me parecían que tenían que estar, porque no me interesa solo un teatro documental. Me parece que la poesía es la que genera la amabilidad, la confrontación y la inquietud. Con los aspectos históricos se puede pensar que fue más o menos así, pero uno no puede ser certero. En la poesía hay algo de esa certeza y amabilidad que da el teatro para contar una historia cruda como la de Schreber. Fue un proceso largo, de sintetización de un relato histórico, teatral y poético, donde uno puede ver la clínica, el sufrimiento, el encierro, pero a la vez la sensibilidad y el padecimiento de Schreber y de todo ser humano que está en esas condiciones.
-¿Qué aportes e influencias utilizaste para escribirla?
-Psicoanálisis, teatro y filosofía. Desde ya que el caso clínico de Schreber. Yo también soy psicólogo y atravesé la universidad de Rosario. Este caso de Sigmund Freud sobre psicosis está en cuarto año. Me han servido algunos posicionamientos de Lacan para pensarlo y miradas sobre la filosofía como la Alegoría de la Caverna de Platón para pensar el encierro, Emmanuel Lévinas para pensar la existencia de la otredad. En lo poético Paco Urondo, Molina, Juan L. Ortiz, Jorge Ramponi, y siempre está el teatro para que eso que es tan denso libere y de respiro. Pasa esto, pero estamos actuando a la vez, es un trabajo físico y psíquico muy desgastante a la vez. Hay una lectura ampliada desde el caso de Scheber, y su libro Memoria de un enfermo de los nervios.
En defensa de la Ley de Salud Mental 26657
-La obra hace alusión a la Ley de Salud Mental 26657, ¿por qué es importante darla a conocer y defenderla?
-La obra termina con una posición muy clara, alzando la bandera de la ley. Tomo el caso Scheber, pero yo trabajo en un servicio de salud mental de un hospital público y veo estos pacientes que llegan con su padecer, y que a veces uno tiene ciertas herramientas, pero todavía falta desde que se hizo la ley. Hay muchas cosas escritas, ya pasaron muchos años y no se cuenta con todos los recursos que se necesitan para trabajar con estos tipos de pacientes. Uno se ve poniendo el cuerpo, porque un paciente psicótico irrumpe en una institución y desarma todo el andamiaje que sostiene, y a veces no están las condiciones para recibir un paciente en situación de crisis. La ley dice que el paciente tiene derecho de ser recibido en un hospital público, pero también tienen que estar las condiciones para recibir este tipo de pacientes. Gracias a la ley se fueron logrando muchas cosas, pero falta mucho por hacer. Por eso hay que seguir luchando para defender la ley.
-¿Qué tiene para aportar el teatro a la salud mental?
-Yo siempre digo que el psicoanálisis le ha aportado mucho al teatro, pero el teatro le ha aportado mucho más al psicoanálisis y a la psicología. A mí me parece que pensar en la cultura y en el teatro como formación no es menor, para no llegar solamente por una cuestión de redes y de lecturas de posicionamientos psicológicos que funcionan como recetas que pueden ser peligrosas. La cultura y el teatro sensibilizan y pueden poner a flor de piel a un actor que en ese momento está ahí, cuerpo a cuerpo haciendo una comunión, encontrándose con alguien que está transmitiendo. En el teatro se está cuerpo a cuerpo sin pantallas con el público. Por eso el teatro lo hace desde otro lugar y sigue vivo desde hace 2500 años. El teatro llega con la sensibilidad de los cuerpos vivos. Intento realizar un teatro sensible, y poético.
-¿Por qué es importante defender al teatro?
-El teatro genera lazo, sensibilidad, las risas y el llanto. La vida misma. En esta lucha por el teatro independiente, un teatro que tenemos que ir por lo sensible, sin caer en las repeticiones y cuestiones más espectaculares. Un teatro que lo sostenemos a veces con más y a veces con menos. Hay que defender al Instituto Nacional del Teatro. Yo gracias al instituto pude salir de gira, obtener becas para formarme con los grandes maestros como Norman Briski, Pompeyo Audivert. El arte ayuda a sentir el deseo de estar vivo, en cuerpo y alma.
Ficha
Dramaturgia y dirección: Hugo Cardozo
Asistencia de dirección: Ignacio Chazarreta
Actores: Adriana Frodella, Hugo Cardozo
Paisaje sonoro: Álvaro Penarez
Diseño de iluminación: Hugo Cardozo, Ignacio Chazarreta
Operación de luces y sonido: Ignacio Chazarreta
Diseño de vestuario: Ramiro Sorrequieta
Escenografía: El mítico
Duración de la obra: 80 minutos
Funciones
Día y hora: Sábados de mayo y junio 21 horas
Lugar: La Orilla Infinita (Colón 2148)
Entradas a la venta: www.laorillainfinita.com.ar
