Se desarrolló una charla abierta sobre la importancia del perfil lipídico en la prevención del riesgo cardiovascular, organizada por el Círculo de Bioquímicos de Concordia y con el apoyo institucional del Cober (Colegio de Bioquímicos de Entre Ríos). La disertación estuvo a cargo del Dr. Ezequiel Forte, médico cardiólogo, quien expuso los últimos avances en el abordaje diagnóstico y preventivo de las dislipidemias.
Durante la jornada también presentaron y analizaron el Documento Consenso – Modelo Unificado de Informe de Lípidos, una propuesta impulsada desde la Fundación Bioquímica Argentina que busca estandarizar la interpretación y comunicación de los resultados del perfil lipídico, brindando informes más claros, comparables y útiles tanto para los médicos tratantes como para los pacientes. Según explicaron, este modelo no se basa en valores de referencia poblacionales, sino en valores de decisión clínica según el riesgo cardiovascular individual de cada paciente.
Los profesionales informaron que a la medición periódica del perfil lipídico clásico se suman la medición de nuevos marcadores lipídicos como ApoB y Lp(a), que ayudan a detectar el riesgo antes de la aparición de síntomas, posibilitando intervenciones tempranas y personalizadas. También hicieron hincapié en el rol estratégico del laboratorio bioquímico como puerta de entrada al sistema de prevención cardiovascular.
“Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte a nivel mundial. Sin embargo, gran parte de los eventos graves pueden prevenirse mediante controles bioquímicos adecuados, y seguimiento médico profesional oportuno”, remarcaron.
UNIFICAR CRITERIOS
Jorge Vallory y Matías Maiocco son bioquímicos y representan al laboratorio Vallory de Concordia. Estuvieron en la organización y contaron a Mirador Entre Ríos cómo transcurrió la jornada de formación y por qué era necesario hacerla.
“Los bioquímicos organizamos esta charla sobre valores lipídicos y los riesgos que generan a nivel cardio y cerebrovascular. El disertante fue Ezequiel Forte, que es cardiólogo, está actualizado en todos estos temas de riesgos cardiovasculares, y en particular había venido de presentar unos trabajos sobre lipoproteína A en Madrid. También hizo aportes de manera virtual de Laura Schreier, que es una bioquímica que trabaja en la UBA y en el Hospital de Clínica Buenos Aires, y es investigadora en la parte lipídica. Ella nos presentó los nuevos valores de referencia, valores a lograr para los análisis que hay que controlar para evitar tener alto riesgo de problemas de infarto o un accidente cerebrovascular”, contó Vallory.
Según los profesionales, más allá de formarse, la unificación de criterios fue uno de los puntos más importantes: “Lo importante de esta charla no solamente fue hacer una actualización sobre lípidos y riesgos cardiovasculares, sino unificar los criterios, que es necesario, a través de este informe que esta doctora presentó. La idea era unificar el modelo del perfil lipídico para que todos los laboratorios estandaricemos la misma forma de informar estos valores de decisión clínica”, dijo Maiocco.
CAMBIOS
–¿La jornada fue solamente para profesionales de Concordia?
–MM: Hubo un solo colega de San Salvador. Si bien no era una propuesta cerrada, esta vez no se sumaron muchos de afuera. Lo bueno, de todas maneras, fue que no solamente vinieron médicos, sino también hubo muchos nutricionistas y personal de salud de distintas áreas del hospital. Si bien la idea nació acá tuvo mucha repercusión, así que esperamos tener la oportunidad de divulgar un poco más para el resto de los colegas de la provincia.
–¿Hay mucha diferencia entre los valores que tenían en cuenta hasta ahora y lo que dijeron los profesionales disertantes?
–JV: Todo va cambiando, por ejemplo, los distintos valores de colesterol no se usan más. Hay que hablar solamente del colesterol LDL. Antes era común hablar de colesterol bueno y colesterol malo. El colesterol bueno es el HDL y el colesterol malo es el LDL. En realidad, en este momento se habla del malo nomás. Lo que hay que saber en forma inmediata es qué valor de LDL tenemos cada uno de nosotros. Y no solo eso, sino ver después el riesgo que tenemos de tener un accidente cerebrovascular o un accidente cardiovascular.
Los estudios deben personalizarse porque hay que ver qué antecedentes tiene el paciente, si es fumador, si tiene diabetes o hipertensión. No podemos hablar de valores estándar, sino que tenemos que ver cuál es el valor “normal” para cada persona. Eso varía, si es una persona que no tenga riesgos se acepta hasta que tenga 120 de LDL, pero si una persona ya ha tenido un infarto, el valor de LDL tiene que ser inferior a 55. Ese es el dato importantísimo. No es todo lo mismo.
–¿Se complementan estos estudios con otros?
–MM: Claro que sí. Hace poco llegó un paciente de 38 años al que le dio 250 el total y el LDL. Esa persona tuvo que hacerse estudios cardiológicos, especialmente eco Doppler y allí SE vio que tenía pequeños depósitos de colesterol en vasos. Eso quiere decir que es más propenso a tener un episodio vascular.
–JV: Es importante aclarar que siempre deben hacerse más estudios, pero también que a veces por más que alguien sea deportista o lleve una alimentación sana estas cosas pueden pasar. Hay mucha variabilidad biológica y todo depende de ello.
ACTUALIZACIÓN
–Ustedes decidieron actualizarse ¿Otros profesionales también se forman respecto a este tema?
–MM: Algunos sí, y creemos que otros comenzarán a hacerlo. Muchos médicos van a empezar a recibir los informes con estas formas y tendrán que explicarlos a sus pacientes, entonces si el médico no comprende bien esta manera de informar nos consultará por qué cambió el modelo. Ahí tendremos un trabajo de educación y hablaremos sobre esta idea de empezar a mirar a la integridad del paciente desde el riesgo cardiovascular que puede tener.
–JV: Creo que hay un 50% de profesionales que no están actualizados o no tienen en cuenta este nuevo modo de trabajar, pero seguramente comenzarán a formarse. Esto que vimos es nuevo, tiene valor y sustento científico, es medicina basada en la evidencia. Se trata de trabajos internacionales que determinan el promedio de gente que muere por accidente cerebrovascular o cardiovascular con tratamiento y sin tratamiento. Por eso debemos hacer el abordaje integral y saber a partir de qué número empezar con el tratamiento según la persona.
APUNTAR A LOS JÓVENES
–¿Notan que los pacientes tomaron más conciencia?
–MM: Creo que sí, sobre todo después de la pandemia. Me parece, por lo que veo, que a los que más les cuesta cumplir con los chequeos anuales es a los jóvenes. Esa es una porción de población a la que hay que insistirle. Los mayores, los que ya están medicados o tienen su diagnóstico no se saltean jamás un chequeo, pero considero que en los jóvenes tenemos que hacer hincapié porque, como dijimos, independientemente de la edad y la vida que llevemos puede haber factores de riesgo. Hay pacientes de 30 años que sienten que no está bien si un médico sugiere ir al cardiólogo, pero si se compran un auto y les dicen que tienen que hacer service cuando cumplen cierta cantidad de kilómetros no dudan. Es lo mismo con nuestro cuerpo, necesitamos saber cómo estamos cada cierta cantidad de tiempo. Aunque nos cuesta, debemos entender que se trata de lo más preciado que tenemos, que es nuestra salud.

