Tensión en la política monetaria: el BCRA emite y el Tesoro Nacional absorbe pesos del mercado

En el inicio de 2026, la estrategia económica argentina define el costo del dinero en un contexto de fuerzas monetarias y fiscales contrapuestas. El Banco Central (BCRA) inyecta pesos al mercado con la compra de dólares, pero el Tesoro Nacional absorbe esa liquidez para evitar presiones inflacionarias. Esta compleja coordinación condiciona directamente las tasas de interés a corto plazo, afectando el financiamiento para el sector productivo y la economía nacional.

La encrucijada monetaria argentina y el pulso de las tasas de interés en el primer bimestre de 2026

La economía argentina transita el primer bimestre de 2026 bajo una coreografía de fuerzas opuestas que define el bolsillo de los ahorristas y el costo del crédito. Por un lado, el Banco Central (BCRA) actúa de forma expansiva comprando divisas; por el otro, el Tesoro Nacional se muestra contractivo, absorbiendo esa liquidez mediante licitaciones quincenales para mantener a raya la base monetaria. Esta «divergencia» plantea un interrogante central para los próximos meses: ¿existe realmente espacio para una reducción de las tasas de interés en el corto plazo? El sector productivo, en medio de un estancamiento fabril y del consumo masivo, eleva este reclamo de manera insistente.

Las tasas de interés en el mercado local

Según los datos del BCRA, las tasas de interés promedio en el mercado se ubican en los siguientes niveles: los adelantos en cuenta corriente promediaron un 28,22% TNA; los préstamos personales, un 67,95% TNA (cifra que se mantiene elevada, típica de este segmento de mayor riesgo); la tasa Interbancaria (BAIBAR, para préstamos entre bancos privados) alcanzó el 22,44% TNA, y la TAMAR (tasa mayorista para depósitos a plazo mayor a 30 días en bancos privados) se situó en el 31,00% TNA. Estas tasas muestran una mayor estabilidad que las observadas en el mercado durante enero y principios de febrero. Sin embargo, no parecen haberse alterado significativamente ni por la inyección de pesos por parte del Gobierno Nacional (que no rolleó toda la deuda en la última emisión, liberando casi medio billón de pesos) ni por el recrudecimiento del conflicto bélico en Medio Oriente.

Maximiliano Gutiérrez, de la Fundación Mediterránea, reseñó en un informe que «las tasas registraron una compresión significativa en las últimas semanas. El tramo corto de la curva retrocedió más de 500 puntos básicos y volvió a niveles similares a los de diciembre, mientras que el tramo largo se estabiliza en torno al 33% anual».

Expansión monetaria y absorción fiscal

El informe de Gutiérrez expuso que, durante enero y febrero de 2026, la acumulación de reservas se consolidó como el motor exclusivo de la expansión de pesos. El BCRA adquirió US$ 2.700 millones en el mercado de cambios, acelerando su ritmo de intervención de US$ 58 millones diarios en enero a US$ 86 millones en febrero. Esta dinámica inyectó al sistema unos $ 3,9 billones. Sin embargo, la Base Monetaria no creció; por el contrario, se contrajo en $ 2,0 billones. El «responsable» de este torniquete fue el Tesoro Nacional, que a través de un financiamiento neto de $ 3,05 billones en sus cuatro subastas del año, logró retirar el excedente de la calle.

Según el analista, la estrategia oficial actual se interpreta como un pre-financiamiento preventivo. El Tesoro está tomando más pesos de los que necesita para cubrir vencimientos inmediatos (con un ratio de rollover superior a 1), buscando blindarse ante posibles episodios de volatilidad en un año con un cronograma de pagos exigente. A esta situación se le agrega la incertidumbre internacional por los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, y las respuestas de la Guardia Revolucionaria del régimen teocrático iraní.

Volatilidad y expectativas cambiarias

Hasta aquí, el esquema monetario en lo que va del año tiene un costo: la absorción excedente presiona las tasas de interés de muy corto plazo. Desde la eliminación de las LEFIs en julio, el mercado convive con la volatilidad. La tasa de caución a un día se ha convertido en el termómetro; cada vez que el Tesoro «seca» la plaza, este indicador salta, encareciendo el costo del dinero transitorio.

Gutiérrez detalla que «tras el reajuste de expectativas derivado del nuevo mecanismo de actualización de la banda cambiaria superior (indexada a la inflación con dos meses de rezago), la tasa implícita de los futuros de dólar osciló en un rango del 30%-33% anual entre mediados de enero y la tercera semana de febrero, superando el nivel del 25%-28% registrado a lo largo de diciembre». No obstante, el reciente repunte de la cotización spot de $ 1.370 a $ 1.400 moderó las expectativas de depreciación, comprimiendo las tasas hacia niveles cercanos al 28% anual durante las primeras ruedas de marzo.

Hacia una mayor coordinación y perspectivas a futuro

Hacia finales de febrero se observó un cambio de señales. El BCRA y el Tesoro comenzaron a actuar de forma complementaria para descomprimir la liquidez: el BCRA no solo compró dólares, sino que también intervino en el mercado secundario comprando bonos para inyectar pesos. Por su parte, el Tesoro decidió no ofrecer instrumentos a tasa fija en su última licitación, liberando unos $ 0,5 billones al sistema.

El camino hacia una reducción de tasas parece estar supeditado a la estacionalidad de la demanda de dinero y a la capacidad del Gobierno para mantener el equilibrio fiscal sin asfixiar el crédito privado. Mientras la incertidumbre sobre la remonetización persista, la volatilidad seguirá siendo la norma, imponiendo un piso elevado a las tasas para compensar el riesgo de los inversores. Respecto de la posibilidad de que haya margen para recortes adicionales, Gutiérrez expuso que «en el corto plazo el espacio para nuevas bajas luce acotado. La paridad de tasas, que combina la tasa internacional, las expectativas de depreciación y el riesgo país, junto con una inflación todavía elevada, requieren mantener rendimientos reales positivos para sostener la demanda de activos en pesos».


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