El primer programa de 2026 de «Santa Fe Policiales», conducido por Danilo Chiapello y Verónica Ensinas en CyD Litoral, abordó nuevamente el crimen de Jeremías Monzón, un caso ocurrido en diciembre de 2025 que, a la fecha, no ha logrado un esclarecimiento completo.
La investigación mantiene múltiples líneas de pesquisa activas, sin que ninguna de ellas haya podido consolidar, hasta el momento, una versión definitiva de lo sucedido.
La desaparición y el fatal desenlace
Miriam Monzón, tía y tutora de Jeremías desde su nacimiento, reconstruyó los hechos que derivaron en la tragedia. La noche del 18 de diciembre de 2025, Jeremías Monzón, de 15 años, no regresó a su domicilio. La inicial preocupación familiar derivó en una intensa búsqueda que abarcó diversos puntos de la ciudad, con el contacto a amigos y la difusión de su imagen.
A las pocas horas, se radicó la denuncia formal, lo que motivó la intervención de las fuerzas de seguridad. Paralelamente, vecinos y allegados conformaron una red de apoyo para colaborar en la localización. No obstante, el devenir de los días confirmó el fatal desenlace.
Obstáculos en la investigación judicial
Uno de los puntos que genera mayor inquietud en el entorno familiar es la persistente falta de certezas sobre el desarrollo de los hechos. Se presume que el vínculo de Jeremías con algunas de las personas involucradas en el caso era de reciente data y se habría gestado a través de redes sociales, un factor que dificulta la reconstrucción precisa de lo ocurrido.
Durante la instrucción judicial, han surgido diversas versiones, testimonios y elementos probatorios que derivaron en nuevas hipótesis. Algunas líneas de pesquisa sugieren conflictos personales o situaciones de celos, mientras que otras no descartan un entramado más complejo con la posible participación de terceros. No obstante, ninguna de estas ramificaciones ha logrado, hasta el momento, consolidarse como una explicación concluyente.

La familia Monzón también enfatiza en presuntas responsabilidades que van más allá de los autores materiales del crimen. Argumentan la existencia de conductas que podrían haber sido advertidas y prevenidas, y cuestionan la omisión de intervención en instancias cruciales. En este sentido, sostienen que parte de la información relevante no habría sido debidamente incorporada o valorada en el expediente de la causa.
La proliferación de versiones extraoficiales agrava el panorama, sumando confusión en lugar de claridad. Para los allegados de la víctima, el expediente presenta aún demasiadas inconsistencias para ser considerado cerrado en cuanto a la dilucidación de su mecánica.
Gestiones ante la Casa Gris
Ante la complejidad del caso, la familia de Jeremías Monzón ha impulsado gestiones en el ámbito institucional. Miriam Monzón confirmó que, en las últimas horas, fueron contactados desde el gobierno provincial para coordinar un encuentro con una ministra, programado para el próximo lunes.
Esta reunión se suma a una serie de diligencias emprendidas por los allegados para obtener respuestas. Previamente, la familia mantuvo un contacto inicial con el gobernador, quien se comprometió a monitorear la situación. En esa ocasión, Miriam le entregó una misiva donde detalló la gravedad del caso y la imperiosa necesidad de garantizar justicia, no solo por Jeremías sino como una señal a la comunidad.

La postura familiar es taxativa: consideran que los responsables representan un riesgo latente para la sociedad, y que el progreso en la causa resulta fundamental para prevenir la repetición de sucesos de similar gravedad. La expectativa radica en que esta nueva instancia institucional logre desatascar puntos clave de la investigación o, cuanto menos, aportar mayor claridad sobre su estado actual.
El dolor incesante y el pedido de justicia
Más allá de los avatares judiciales, el impacto emocional en la familia persiste con una intensidad profunda. Los allegados de Jeremías manifiestan no haber podido iniciar un duelo efectivo debido a la exposición incesante del caso, particularmente en redes sociales, donde proliferan imágenes, especulaciones y contenidos que consideran inapropiados y revictimizantes.
En este marco, el pedido de respeto por la memoria de la víctima es un eje central. La familia exige que se preserve la figura de Jeremías desde su trayectoria personal y no exclusivamente desde el episodio violento que truncó su existencia. Lo describen como un adolescente de 15 años, solidario, creativo, con proyectos futuros y arraigados lazos afectivos.
Jeremías, con 15 años y una vida en pleno desarrollo, disfrutaba de la música, de la convivencia familiar y de la ayuda a terceros. Es ese el recuerdo que sus seres queridos se esfuerzan por mantener inalterable ante la crudeza del crimen.
En este contexto, el reclamo de justicia se mantiene firme. No solo representa una necesidad intrínseca de la familia, sino que se erige como una demanda social que interpela de forma directa a las instituciones. La causa, que aún se encuentra en etapa de instrucción, permanece como un foco de tensión que exige la obtención de respuestas claras y la implementación de acciones concretas.

