En el centro-norte santafesino, el paisaje invernal, tradicionalmente verde, podría comenzar a teñirse de amarillo con la floración de campos sembrados con camelina, colza o carinata. Estas oleaginosas, que luego adoptan un tono marrón claro o dorado hasta su cosecha a mediados de octubre, no son meramente un espectáculo visual, sino un componente estratégico con un rol decisivo en la matriz energética y la geopolítica global, y con un impacto creciente en la economía de Santa Fe.
La camelina, al igual que la colza, carinata y el cártamo, es una crucífera cuya virtud radica en su alto rendimiento de aceite y bajo contenido de harina tras su procesamiento. Este aceite, en particular, presenta propiedades superiores para la producción del biodiésel conocido como SAF (Sustainable Aviation Fuel), cuya demanda por parte de Europa para sus flotas aéreas se encuentra en expansión.
Inversiones y producción de combustibles sostenibles
En respuesta a esta demanda, Louis Dreyfus puso en marcha días atrás una nueva línea de molienda especializada en su complejo agroindustrial de Timbúes, en el sur de la provincia. Esta iniciativa representa una inversión de aproximadamente US$ 70 millones, destinada específicamente al procesamiento de semillas con alto contenido de aceite, como la camelina, la carinata y la colza. No obstante, la multinacional francesa exportará el aceite para su refinación como SAF en Europa.

En contraste, YPF proyecta un destino diferente para su producción. A través del proyecto denominado Santa Fe Bio, la destilería de San Lorenzo se dedicará a la producción de SAF y HVO (Hydrotreated Vegetable Oil), conocido como «diésel verde», un biocombustible de segunda generación que agrega valor en origen.
El potencial sin retenciones y beneficios agronómicos
En un contexto donde la agroindustria se proyecta a exportar hasta US$ 42 mil millones este año en commodities como soja, maíz y trigo, la camelina emerge con un incentivo adicional: no está sujeta a retenciones a la exportación. A esto se suman sus beneficios agronómicos, ya que su siembra en invierno mejora la salud del suelo y no compite con cultivos de verano tradicionales.
Estas crucíferas se clasifican como cultivos de «servicio» o de cobertura. A diferencia de la soja o el maíz, se siembran en invierno, período en el cual el suelo normalmente permanecería descubierto. Esta práctica contribuye significativamente a la captura de carbono, ya que las plantas absorben CO2 de la atmósfera y lo fijan en el suelo a través de sus raíces. Además, sus raíces pivotantes, largas y profundas, descompactan la tierra de forma natural, mejorando la absorción y retención de agua.
Desafíos en la certificación para mercados exigentes
El camino hacia la consolidación de este negocio presenta desafíos, principalmente en materia de certificación. Gustavo Idígoras advirtió este jueves que «si dilatamos procesos certificables, la capacidad argentina de insertarse en el nuevo mercado será reducida». Esta declaración tuvo lugar durante la presentación de una «calculadora» de balance de carbono, herramienta crucial para quienes opten por la camelina, la colza o la carinata.
La herramienta fue desarrollada por el Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN), una iniciativa privada lanzada en 2019 por las principales bolsas de cereales y comercio del país (incluida la Bolsa de Comercio de Santa Fe). Su objetivo es certificar la huella de carbono de los productos agroindustriales de exportación, requisito indispensable en los mercados compradores. La normativa europea busca medir, reducir y compensar las emisiones (carbono neutralidad), lo que mejora la competitividad internacional. Sabine Papendieck, del PACN, remarcó que los biocombustibles no solo serán utilizados por la aviación, sino también por el transporte naviero, subrayando la necesidad de «datos verificados y basados en ciencia» para avalar «prácticas productivas y perfiles ambientales».
Paula Troya, de la Fundación de Investigación y Desarrollo Agropecuario (Fida), detalló los 8 meses de desarrollo de estas herramientas, que comprenden la calculadora, un manual de metodología y uso, el manual de buenas prácticas ambientales y los esquemas de certificación. La iniciativa busca posicionar a la agricultura argentina como parte de la solución al cambio climático, destacando su capacidad de captura de CO2.
Impulso provincial y el rol de las Pymes santafesinas
El 14 de febrero del 2024, el gobernador Maximiliano Pullaro y el ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini, firmaron el decreto que declaró de interés provincial la investigación, capacitación, fomento, desarrollo, producción industrial, comercialización y consumo del Combustible de Aviación Sostenible (SAF) dentro del territorio de la Provincia de Santa Fe.
El ministro Puccini ha mantenido encuentros con empresas como Nuseed en el sur santafesino, y se maneja con prudencia respecto a nuevas inversiones que podrían concretarse en la provincia. Empresas españolas ya se encuentran operando en el territorio, aportando su know how en camelina, un conocimiento impulsado inicialmente por el proyecto de Louis Dreyfus, que demandaba producción para su inversión industrial.
Resta definir el lugar que ocuparán las 10 productoras Pymes de biodiésel existentes en la provincia. Estos actores de «cercanía» con la producción agrícola deberán evaluar la alternativa de la camelina a medida que el mercado estandarice la demanda y se consoliden las cadenas de valor para estos nuevos combustibles.
