El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) informó que la pobreza en Argentina alcanzó el 28,2% en el segundo semestre de 2025. No obstante, el Observatorio Social de la Deuda Argentina (UCA) advirtió que el país no logra perforar el piso del 30%, señalando que la medición oficial no incluye el impacto de tarifas y servicios. Según la UCA, la clave para reducir estos índices reside en la generación de empleo genuino.
El INDEC revela un descenso de la pobreza, pero el Observatorio UCA advierte sobre la complejidad social
El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) informó el martes que el índice de pobreza correspondiente al segundo semestre de 2025 alcanzó el 28,2 %. Este dato era ampliamente esperado tanto por el Gobierno, que celebró el descenso del indicador respecto del mismo período de 2024 (31,8 %), como por analistas interesados en evaluar el impacto de las recientes (y desfavorables) noticias en los sectores de empleo, industria y consumo sobre dicho porcentaje.
Más allá de celebraciones o especulaciones, la cruda realidad es que 13,5 millones de personas viven en situación de pobreza en la Argentina, de las cuales 3 millones se encuentran en situación de indigencia.
La perspectiva del Observatorio Social de la Deuda Argentina (UCA)
Tras la difusión del dato oficial, se dio a conocer la perspectiva del Observatorio Social de la Deuda Argentina (UCA), una institución que, desde hace más de dos décadas, analiza la desintegración social, el consumo problemático, la salud mental y, fundamentalmente, la pobreza desde una dimensión integral que va más allá de la medición por ingresos. Este enfoque resulta crucial para comprender cómo el porcentaje de pobreza puede descender en un contexto de menor inflación, pero de alta complejidad, caracterizado por el cierre de empresas, suspensiones o despidos de personal, endeudamiento, menor consumo y salarios deprimidos.
Sobre estos temas, El Litoral dialogó con Juan Ignacio Bonfiglio, investigador de la ODSA.
El impacto de la inflación y la desactualización de la canasta
Bonfiglio explicó que «los datos marcan un descenso de la pobreza, esperable en función de los niveles de inflación y los datos parciales que estaban disponibles. Un descenso de la pobreza medida por los ingresos de los hogares se explica por la moderación de la tasa de inflación que fue importante en los años 2024-2025, en relación con 2023 y principios del año siguiente. Cuando la pobreza se mide por ingresos, este dato tiene un impacto».
No obstante, es fundamental matizar esta percepción, tal como lo señalan observaciones provenientes del ámbito técnico, incluyendo al Observatorio y a otros institutos y especialistas en estadísticas socioeconómicas. Estas observaciones se vinculan con la falta de actualización de la canasta básica, según las encuestas de gastos de los hogares. Dicha desactualización provoca una menor ponderación de diversos componentes asociados a los servicios que, desde 2004 hasta la actualidad, han experimentado cambios significativos. Por esta razón, existen estudios que sugieren que, con una canasta actualizada, la pobreza habría disminuido, pero no en la magnitud que se observa actualmente.
La paradoja del consumo y el empobrecimiento de la clase media
Consultado sobre cómo se explica la baja del porcentaje de pobreza en un contexto de caída de consumo, actividad y empleo, Bonfiglio respondió: «Podemos asociar este fenómeno al impacto de los servicios y la reestructuración del sistema de precios relativos que se produjo en los últimos años. Rubros como transporte, educación, salud y comunicación, entre otros, experimentaron incrementos más significativos. Uno de los efectos directos es la modificación de la capacidad de consumo de los hogares, ya que una parte más importante del presupuesto familiar debe destinarse a estos gastos. Esta situación afecta especialmente a los sectores medio y medio-bajo de la población, que son quienes más sienten los efectos del ajuste. Por lo tanto, al explicar por qué la pobreza disminuye mientras el consumo no repunta, es crucial considerar que hay sectores de la clase media que, si bien no cayeron en la pobreza, se han empobrecido. Y también hay personas que salieron de la pobreza pero, paradójicamente, su dinero no les alcanza para mejorar sus niveles de consumo».
Un piso de pobreza del 30% y la desigualdad estructural
Respecto a la afirmación de la ODSA sobre un piso de pobreza en la Argentina que ronda el 30 %, y si se debería «resignar» el país a esta cifra, el investigador sostuvo: «Es un nivel que cuesta superar y se explica desde la ODSA en función de la estructura social y económica, en particular en lo que respecta al empleo. Existe un mercado de trabajo segmentado que genera oportunidades laborales y de ingresos dignos de manera muy limitada. Esto se traduce en que el 50 % de la población realiza actividades laborales dentro del sector informal o precario, con ingresos que, en términos generales, son más bajos que los registrados, mayor inestabilidad y menor protección social».
Además, Bonfiglio añadió que «si consideramos otros aspectos de las condiciones de vida, hay un conjunto de cuestiones que no son captadas por una medición de pobreza basada únicamente en los ingresos de los hogares, pero que están directamente relacionadas con el bienestar: el acceso a vivienda, educación, servicios y empleo. Estos indicadores manifiestan una fuerte desigualdad: existen sectores de la población que no solo tienen ingresos bajos que impiden cubrir los gastos del hogar, sino que también viven en condiciones que no alcanzan a sostener niveles mínimos de bienestar y dignidad, según los derechos sociales y económicos establecidos por la Constitución Nacional y otros tratados internacionales».
Sobre la posibilidad de inferir cuántos de los pobres son «nuevos» o cuántos están por debajo del indicador mínimo de subsistencia, Bonfiglio lamentó: «Lamentablemente, con los medios que tenemos, no podemos establecerlo. Es una hipótesis que vale la pena investigar y se relaciona con el empobrecimiento de los sectores medios, que podría ser analizado más allá del umbral mínimo de subsistencia. Basta con observar el nivel de la canasta básica total y evaluar en qué medida esos ingresos alcanzan para tener condiciones de vida razonables. En ese sentido, es difícil estimarlo, ya que se necesitan investigaciones en las que no se ha avanzado. Sin embargo, la hipótesis es interesante y bastante plausible».
