La escena se repite cada vez con más frecuencia en Rosario: un mensaje en redes sociales, una promoción tentadora que promete alivio en el gasto diario y, detrás, una estafa. Lo que antes estaba asociado a consumos más esporádicos o bienes durables, hoy se desplaza hacia el corazón de la economía cotidiana y la necesidad de sostener el día a día redefine tanto las decisiones de consumo como las estrategias de fraude.
Este semana un informe de la Oficina Municipal de los Derechos Ciudadanos, Consumidores y Usuarios del Concejo Municipal arrojó que entre el 10 de diciembre de 2025 y el 13 de abril de 2026, los reclamos pasaron de 1.980 a 2.827 casos, un incremento cercano al 43% en comparación con el mismo período del año anterior. Las estafas fueron uno de los que mayor atención causaron a las autoridades: crecieron de 64 a 190 denuncias, lo que implica una suba cercana al 200%.
El dato va en sintonía con lo que viene registrando el área financiera de la oficina que, por ejemplo, pasó de 657 a 1.104 casos, un aumento del 68%, y donde el endeudamiento creció más de un 90% en los últimos meses, lo que deja ver un escenario en el que las familias buscan cubrir gastos básicos con herramientas cada vez más frágiles.
“Estos números no son solo estadísticas: reflejan una realidad que vemos todos los días en la oficina. Hay una creciente dificultad de los hogares para sostener gastos básicos, y eso se traduce en más deudas, más conflictos con servicios y un aumento muy preocupante de las estafas”, dice Nadia Amalevi y completa: “Nos preocupa especialmente que problemáticas como el endeudamiento y los fraudes digitales se estén profundizando a este ritmo, porque hablan de una mayor vulnerabilidad de los usuarios frente a un contexto económico que se vuelve cada vez más exigente”.
Crisis y cambio de modus operandi
El cambio no es solo de números, sino de modalidad más denunciada. La lógica actual se apoya en la urgencia y se alejó de engaños vinculados a la compra de electrodomésticos o promociones de alto valor. Se concentra en supuestas ofertas que prometen aliviar gastos inmediatos: descuentos en supermercados, combustibles o créditos accesibles en contextos donde el financiamiento formal es inaccesible.
“Hoy las personas persiguen el descuento más que antes y el estafador usa el disfraz de las empresas de servicio o de los gastos cotidianos que más apremian para convencerlos de darles sus datos y dinero”, explica a Mirador Provincial Amalevi y completa: “Antes era un sorteo por un electrodoméstico. Ahora es un descuento en un supermercado porque estamos en una crisis por los gastos cotidianos”.
La ingeniería del fraude es artesanal y depende de una escucha atenta que hacen los estafadores del clima social. Según describen desde la Oficina, muchas de las maniobras comienzan con un contacto en redes sociales. A partir de allí, los estafadores trasladan la conversación a WhatsApp, donde construyen un vínculo de confianza que les permite solicitar datos sensibles. El objetivo final suele ser el mismo: acceder a cuentas bancarias, solicitar créditos a nombre de la víctima o abrir billeteras virtuales para desviar fondos.
“Las dinámicas más habituales de las estafas inician en un contacto por redes sociales. De allí piden seguir la conversación en WhatsApp y finalmente toman los datos biométricos o DNI para luego sacar créditos o entrar a los bancos de las personas y vaciarles las cuentas”, señala Amalevi y completa: “Es importante recordar que ninguna promoción ni empresa va a pedir por un canal tan informal como una red social”.
A ese circuito se suman otras modalidades más invisibles, como el uso de redes de wifi públicas para capturar datos personales. En bares o comercios, la conexión abierta puede convertirse en una puerta de entrada para operaciones fraudulentas si se realizan transacciones sensibles. La recomendación de Amalevi es usar redes seguras o datos móviles para hacer pagos, evitando también gestiones bancarias en conexiones no propias como la del hogar.
Consultada sobre el perfil más habitual de las víctimas, Amalevi respondió que los adultos mayores siguen siendo los más afectados, tal como informaron en febrero, pero que su preocupación se amplía hacia los jóvenes. Especialmente, quienes comienzan a utilizar billeteras virtuales o se vinculan con plataformas de juego online. La familiaridad con la tecnología no reduce el riesgo; en muchos casos, lo transforma.
“Damos charlas en escuelas porque, aunque sean nativos digitales, deben cuidarse igual que los adultos mayores. También pueden ser víctimas a partir de su vínculo con el juego online o el uso de billeteras virtuales, Todos podemos ser víctimas y es importante no tener vergüenza de contarlo si nos pasa”, explica Amalevi.
El informe de esta semana muestra, además, que otras áreas tradicionales de reclamos pierden centralidad. Los conflictos comerciales y los vinculados a la telefonía presentan descensos, lo que refuerza la idea de una reconfiguración del mapa de demandas. En paralelo, aumentaron los reclamos por vivienda y servicios públicos, en un contexto atravesado por cambios en subsidios y condiciones de acceso.
