La peatonal de Concordia no es solo un espacio de tránsito restringido a los vehículos en el centro, es un símbolo de transformación urbana, de resistencia cultural y de visión a futuro.
Su historia comenzó en 1984, cuando un grupo de comerciantes locales decidió impulsar una idea que parecía descabellada para muchos: cerrar una de las arterias más importantes de la ciudad –calle Entre Ríos– para convertirla en un paseo peatonal. En aquel entonces, la propuesta generó intensos debates. La mayoría de los frentistas, propietarios y locatarios de los locales se mostraron en contra, convencidos de que la medida traería pérdidas económicas, locales vacíos y un retroceso comercial. Sin embargo, los impulsores estaban convencidos de que Concordia merecía un espacio de encuentro y cultura, como lo tenían las grandes capitales y otras ciudades pujantes del país.
El proyecto fue madurando lentamente. Primero se implementó de manera parcial, con horarios específicos en los que la calle se cerraba al tránsito con vallas y se habilitaba solo para peatones. Esa experiencia, conocida como “la vía blanca”, permitió que los vecinos se acostumbraran a caminar sin autos alrededor, aunque todavía era una medida transitoria. En 1987, el municipio organizó un concurso para darle forma definitiva a la obra, que fue ganado por un arquitecto de apellido Montenegro. Finalmente, durante la intendencia de Elvio Bordet, las obras se concretaron y el 10 de abril de 1992 se inauguró oficialmente la peatonal de Concordia. Desde entonces, el paseo se consolidó como el corazón comercial y cultural de la ciudad, un espacio que fue modificándose y sumó calles, y que actualmente cumple 34 años.
A lo largo de estas décadas, el proyecto se amplió con el Pasaje Bicentenario y sigue siendo motivo de debate sobre su futuro tras una propuesta de ampliación.
ORÍGENES
Jorge Jubilla, referente de la Asociación Amigos de la Peatonal, contó con orgullo aquel proceso y asegura que formó parte de un grupo en el que “no estábamos equivocados”. En diálogo con Mirador Entre Ríos hizo un repaso sobre lo que significó la decisión, cómo concretaron el proyecto y qué significa aún hoy.
–¿Cuándo inauguraron formalmente la peatonal de Concordia?
–El 10 de abril de 1992, tras un proceso iniciado en 1984 por comerciantes locales que impulsamos la idea pese a la resistencia mayoritaria. No fue sencillo, pero logramos concretarlo y demostrar por qué era importante hacerlo.
–¿Quiénes fueron los principales impulsores?
–Éramos varios. Entre ellos se destacó Carlos Bordagaray, de Calzados Geraldine, quien defendía que no solo las capitales provinciales debían tener peatonales, sino también las ciudades importantes como Concordia, que en Entre Ríos es segunda en importancia. Su visión fue clave para convencer al municipio y al Centro de Comercio e Industria de que la obra era necesaria.
–¿Cómo funcionaba en los primeros años?
–Antes de la obra definitiva, se aplicaba el sistema de “vía blanca” en el que la calle se cerraba con un vallado de 9 a 12 y de 16 a 19 para uso peatonal, y luego volvía a habilitarse al tránsito vehicular. Esa experiencia fue el germen de lo que más tarde se transformaría en la peatonal permanente. Cuando habilitaron esa opción, supimos que podríamos darle mejor forma en el corto plazo.
–¿Qué papel tuvo el municipio en el proyecto?
–En 1987 se realizó un concurso de proyectos, que ganó el arquitecto Montenegro. Las obras se concretaron durante la intendencia de Elvio Bordet y culminaron en abril de 1992, con la inauguración oficial del paseo. La apertura de la Municipalidad a recibir y debatir el proyecto fue fundamental. Sin eso, no habríamos llegado muy lejos.
–¿Quiénes se oponían a la iniciativa y por qué?
–La mayoría de los frentistas se mostraba en contra porque tenían miedo de sufrir pérdidas de ventas o decían que los locales iban a estar vacíos. Muchos de ellos alquilaban sus locales y pensaban que la peatonal reduciría la rentabilidad. Sin embargo, con el tiempo la realidad demostró lo contrario. Hoy no hay locales vacíos y todos quieren instalarse en la peatonal, incluso hay un proyecto de convertir en peatonal las cuadras que están más al norte y creo que puede ser viable.
“PASEO SEGURO Y FAMILIAR”
–Ahora que pasaron 34 años ¿Cómo ven todo lo que ocurrió en aquel momento?
–Creo que lo primero que siempre decimos es que no estábamos equivocados. La peatonal se consolidó como un paseo seguro y familiar, y aunque las ventas atraviesan dificultades coyunturales, el espacio sigue siendo el centro comercial más importante de la ciudad. Estamos seguros desde el principio de que fue una decisión acertada.
–De hecho, después convirtieron otras calles en peatonal…
–Sí, en 2010 se construyó el Pasaje Bicentenario con fondos nacionales, lo que permitió ampliar la peatonal sin costo para los frentistas. Esa obra dio continuidad al proyecto original y conectó la peatonal con otros espacios urbanos. También esas calles, que atraviesan la gran peatonal, tuvieron una muy buena respuesta al dejar de tener tránsito vehicular.
–¿Qué desafíos enfrenta actualmente?
–Con la peatonal, ninguno en especial, pero como en todos lados, las ventas atraviesan un “cuello de botella” y los alquileres aumentan. El desafío es mantener el atractivo en un contexto económico difícil y pensar en nuevas formas de revitalizar el paseo, lo que ya nos ha pasado y hemos sabido sortear.

