Las primeras víctimas de la estafa de la Causa Maros Turismo brindaron este martes sus declaraciones testimoniales en los tribunales santafesinos, relatando el devastador impacto que tuvo en sus vidas la pérdida de los ahorros de toda una vida. Ante el tribunal, describieron la angustia emocional y el profundo daño patrimonial tras ver desvanecerse sus planes familiares y los «sueños rotos» por el colapso de la agencia de viajes ubicada en calle 1° de Mayo. Sus testimonios marcaron una jornada clave en el juicio que busca esclarecer el millonario fraude.
Comienzo de las declaraciones testimoniales en la Causa Maros Turismo
El juicio por la denominada Causa Maros Turismo ha ingresado en su etapa más sensible, con el inicio de las declaraciones testimoniales. En la Sala 6 de los tribunales santafesinos, las primeras víctimas convocadas al debate expusieron el impacto patrimonial y, fundamentalmente, el daño emocional que padecieron tras el colapso de la agencia de viajes, la cual operaba en calle 1° de Mayo al 6900.
Desde el banquillo de los acusados, Marcela Arévalo, Lucila García e Ivana Álvarez Flores escucharon los relatos de quienes, hace más de nueve años, confiaron en la apariencia de solvencia de la firma para contratar servicios turísticos que nunca se concretaron. Se precisó que Ana Felice, de 84 años, quien asistió a la primera jornada, no participará del resto del debate durante la etapa de testimoniales.
Ante el tribunal colegiado, integrado por los jueces Celeste Minniti, Pablo Spekuljak y Pablo Busaniche, tanto la fiscalía como las querellas sostienen que la estafa perpetrada constituyó una «pantomima». Esta práctica, argumentan, se mantuvo incluso después de que la titular de la firma presentara un concurso preventivo de acreedores, ocultando deliberadamente la situación de quiebra a sus clientes. Para numerosas de las víctimas citadas, el paso del tiempo no ha mitigado la amargura de verse privadas no solo de su dinero, sino de experiencias y momentos considerados irrepetibles. La fiscalía, en sus alegatos, enfatizó que se trata de historias de familias que sacrificaron sus ahorros e incluso bienes para abonar viajes que nunca se materializaron.
Los testimonios del engaño
Uno de los testimonios más relevantes provino de un hombre que, tras décadas de trabajo, buscaba celebrar su retiro. «Me estaba por jubilar y le dije a mi señora que quería regalarnos un viaje después de tantos años de trabajo», relató ante los jueces, con la voz quebrada por la emoción. El testigo detalló que eligió la agencia debido a sus precios más accesibles, lo que le permitiría concretar un sueño que en otros establecimientos le resultaba económicamente inalcanzable. Sin embargo, la ilusión se transformó en una descompensación física cuando, días antes de su partida prevista hacia Cancún, se enteró en la puerta de la agencia que no existían pasajes a su nombre. «Perdí mi sueño», sentenció con dolor.
En una línea similar, un padre de familia describió un viaje a México que, junto a su esposa, habían planificado como cierre de etapa escolar para sus hijos y como obsequio para su suegra. «Nos sentimos estafados, dolidos por la confianza que tuvimos», expresó el testigo, quien recordó haber insistido hasta el último momento para obtener un contrato que le brindara seguridad legal. A pesar de haber cancelado la totalidad del viaje el 30 de diciembre de 2016, la realidad lo impactó tres días después, cuando el escándalo se hizo público. «Nunca más se pudo viajar», lamentó.
La traición a la confianza consolidada
Para otras víctimas, la traición fue doble debido al vínculo de años que mantenían con la agencia. Una cliente histórica de la firma, actualmente de 72 años, manifestó su desconcierto ante el tribunal: «Yo hice muchos viajes con ellos, muchísimos viajes, pero nunca jamás tuve un problema… Yo confiaba, siempre confié». La mujer relató cómo, además de perder el dinero correspondiente a su viaje a Las Vegas y Miami, descubrió cargos indebidos en su tarjeta de crédito por servicios que no había solicitado. Al efectuar el reclamo, solo obtuvo disculpas por parte de Arévalo, pero no el reintegro de los fondos. Con un evidente cansancio ante los nueve años transcurridos en el proceso judicial, concluyó: «Ya basta, no quiero saber más nada».
Finalmente, otra de las víctimas recordó los momentos de tensión vividos en la sede de la agencia el 2 de enero de 2017. Relató que, a pesar de los disturbios y los reclamos de otros pasajeros que ya se encontraban «a la deriva» en el exterior, Arévalo continuaba asegurándole que su viaje a Punta Cana estaba garantizado. «Nos retiramos desilusionados, pero a la vez queriendo creer que era cierto que nuestro viaje se iba a concretar», admitió. Junto a su esposo, se comunicó con la aerolínea y los hoteles que figuraban en el contrato, constatando que no existían reservas a sus nombres.
El juicio por la estafa a más de un centenar de personas proseguirá durante las próximas semanas en los tribunales santafesinos.
