La Justicia de Santa Fe condenó a Silvina Guadalupe Peretti a 19 años de prisión efectiva por el homicidio de su tía, María Isabel Di Stéfano (78), ocurrido en diciembre de 2022 en una vivienda de calle Azopardo al 6800, en el barrio San Martín. Al fundamentar la sentencia, la jueza Susana Luna cuestionó la «falta de agradecimiento» de la acusada hacia la víctima, quien le brindaba alojamiento y sostenimiento económico.
Condena a 19 años por el homicidio de «Chabela»
Silvina Guadalupe Peretti, de 45 años, fue condenada a 19 años de prisión efectiva por el asesinato de su tía, María Isabel Distéfano, de 78 años, conocida en el barrio San Martín como «Chabela». La sentencia se dictó este jueves en los tribunales de Santa Fe, tras la admisión de un juicio abreviado. El tribunal consideró acreditado no solo el mecanismo brutal utilizado para quitarle la vida a la víctima, sino también un contexto previo de maltratos físicos, psicológicos y económicos. La jueza Susana Luna, quien presidió la Sala 1 junto a los magistrados Gustavo Urdiales y Martín Torres, definió a la acusada como una persona «desagradecida» con quien la asistía y mantenía. Peretti participó de manera remota desde su lugar de detención, acompañada por su defensor, Dennis Lucas Perín Zanón. Previo a escuchar la atribución delictiva, la mujer manifestó trabajar «de manera independiente» como artesana y tener una hija de 10 años.
Un contexto de violencia y dependencia económica
El fiscal Gonzalo Iglesias desplegó una acusación que abordó tanto la mecánica del crimen como la compleja historia previa entre víctima y victimaria. Durante su exposición, Iglesias afirmó que «el contexto previo, continuo y permanente iba desde lo económico al maltrato psicológico y físico de su tía», basándose en declaraciones de vecinos y los pocos familiares que mantenían vínculo con Distéfano.
La víctima residía en la casa del frente de la propiedad ubicada en la zona de Curva Roces, mientras que su sobrina ocupaba una construcción trasera. La investigación reconstruyó que «Chabela» no solo le brindaba alojamiento, sino también ayuda económica constante. Sin embargo, el trato que recibía era, según describieron los testigos, humillante y violento. El fiscal Iglesias rememoró un episodio mencionado por vecinos, cuando la anciana fue dejada fuera de su propia casa y tuvo que recurrir a terceros para evitar pasar la noche a la intemperie. «Si le cocinaba algo y no le gustaba, le tiraba el plato y la obligaba a comprar comida hecha», añadió el representante del Ministerio Público de la Acusación.
El deterioro de la relación había escalado a instancias judiciales. María Isabel Distéfano había denunciado a su sobrina en 2018 y, tres días antes de ser asesinada, volvió a presentarse para solicitar un botón de pánico.
La mañana del crimen
El homicidio fue situado por la fiscalía entre las 6 y las 9.30 de la mañana del 15 de diciembre de 2022. Según la acusación, Peretti ingresó al dormitorio de su tía y la atacó con golpes de puño y con un calzador de zapatos. «La mujer investigada atacó a la víctima mediante golpes de puño y además la agredió con un calzador de zapatos», sostuvo Iglesias, remarcando la hipótesis mantenida desde las primeras audiencias del caso.
Posteriormente, se produjo la maniobra letal. «Utilizó un mecanismo de asfixia y sofocación», afirmó el fiscal. Para ello, colocó una tela o gasa sobre la boca y la nariz de la víctima hasta provocarle la muerte. En un primer momento, el fallecimiento había generado dudas; de hecho, fue la propia Peretti quien llamó al 911 para informar que había encontrado muerta a su tía en el dormitorio.
No obstante, el avance de la investigación comenzó a cerrar el círculo sobre la sobrina. Cámaras de vigilancia públicas y privadas mostraron que «Chabela» había salido de su casa el día anterior para realizar un mandado y regresó luego al inmueble de Azopardo. Durante la madrugada siguiente llegó Peretti y, según destacó la fiscalía, no se registró la presencia de terceras personas en el lugar. «Todas las evidencias indican que estaban ellas dos en el inmueble», remarcó Iglesias.
La autopsia clave y las pruebas
El punto de inflexión en la causa llegó con la segunda autopsia, efectuada en el Instituto Médico Legal de Rosario. Este estudio concluyó que la mujer había sido asesinada mediante una «técnica mixta» de estrangulamiento y sofocación. Uno de los datos más reveladores provino del examen bucal: la víctima no tenía colocada su dentadura postiza y en sus encías se hallaron restos de tela o gasa compatibles con el elemento utilizado para asfixiarla.
Además, debajo de las uñas de Distéfano se recuperaron restos de piel, cuyo estudio genético determinó que el ADN coincidía con el de Peretti. Para el fiscal, esta prueba evidenciaba una resistencia desesperada de la víctima frente al ataque. También se recordó que la acusada presentaba arañazos en brazos y antebrazos cuando fue revisada por el médico policial horas después del hecho.
Iglesias sostuvo que la mujer mayor se encontraba en un claro «estado de indefensión», tanto por la diferencia de edad y contextura física como por el sometimiento psicológico al que estaba expuesta. La conducta de la acusada, añadió, implicó «violentar el pacto de confianza» derivado del vínculo familiar y actuar bajo «una modalidad que raya con la alevosía».
La fundamentación de la sentencia
Al fundamentar la sentencia, la jueza Susana Luna admitió el acuerdo alcanzado entre las partes y destacó la contundencia de la evidencia reunida. «Más allá del acuerdo alcanzado, surge palmario que el hecho es gravísimo», afirmó la magistrada.
Luna sostuvo que el homicidio ocurrió «en un contexto de intimidad y familiaridad», situación que agravaba el cuadro valorativo del caso. También hizo referencia a «la falta de agradecimiento» de la acusada hacia la mujer que la asistía económicamente y le permitía vivir en el inmueble. Finalmente, la jueza consideró que la pena de 19 años de prisión efectiva resultaba «acorde, proporcionada y justa».
