A dos años de la desaparición del jubilado santafesino Enrique Fabiani, su hija Melisa Fabiani volvió a reclamar respuestas de la Justicia por el caso. Desde Santa Fe, apuntó a las contradicciones de la investigación y pidió elevar la recompensa, además de cambiar la carátula de averiguación de paradero por el hecho ocurrido en una zona rural de Alcaraz, Entre Ríos.
A dos años sin respuestas: el clamor de la familia Fabiani
La desaparición de Enrique Fabiani, el jubilado de 74 años oriundo de Santa Clara de Buena Vista, cumple dos años sin que su familia haya obtenido respuestas concretas sobre lo ocurrido aquella jornada en una zona rural de Entre Ríos. Fabiani había viajado para una excursión de caza junto a su hijo y un grupo de conocidos. Tras separarse del grupo, se habría desorientado y llegado caminando hasta un establecimiento rural conocido como «Don Antonio», desde donde no se supo más de él.
En diálogo con El Litoral, Melisa Fabiani, hija de Enrique, reiteró su pedido de justicia y destacó el rol fundamental de los medios en la visibilización del caso. «Si esperamos por la Justicia o por el mismo Gobierno, esto no se hubiera hecho conocido. Si no hubiera sido por los medios de comunicación, no se hubiera conocido ni un poquito», expresó con gratitud.
«No hay avances, todo da en la nada misma»
Melisa reconoció que el segundo aniversario reaviva la angustia de una familia que no puede cerrar ninguna etapa. «Es una fecha dura, porque no hay respuestas. No hay avances, no hay ningún indicio de dónde seguir. Todo da en la nada misma», lamentó.
La hija de Fabiani repasó diversas líneas de investigación que, según su percepción, no prosperaron: la figura del dueño del campo, los peritajes, la actuación de la dirección de Abigeato, el aporte de videntes y el hallazgo de un cartucho que, aunque dio positivo a la pertenencia de su padre, también «quedó en la nada. Todo quedó congelado», afirmó.
La última reconstrucción del recorrido de Enrique
Melisa Fabiani relató que su padre viajó a Entre Ríos con dos amigos desde Santa Clara de Buena Vista. Su hijo llegaría más tarde desde Santa Fe por cuestiones laborales, y la cacería principal estaba prevista para la noche. «Decidieron ir a hacer una pequeña cacería de perdices para esperar a mi hermano», contó la mujer.
Según explicó, Enrique no debía quedar solo debido a episodios de desorientación que padecía, aunque no contaba con un diagnóstico de Alzheimer. «Mi papá no tenía que quedar solo, porque se desorientaba. No tenía Alzheimer diagnosticado, pero sí tenía episodios donde se desorientaba», precisó.
En este contexto, Enrique comenzó a caminar y logró salir de la zona. La reconstrucción familiar indica que se cruzó con maquinistas que le ofrecieron ayuda, pero él declinó, explicando que buscaba su campamento.
El punto clave: el encuentro en la casa de Julio Lodi
El recorrido de Fabiani lo habría llevado hasta las inmediaciones de la vivienda de Julio Lodi, propietario del campo. Allí, los ladridos de los perros habrían alertado a Lodi, quien salió a su encuentro. Melisa Fabiani denunció contradicciones en las declaraciones del productor rural. «Primero dijo que lo trató mal, que lo echó. Después dijo que no, que no lo había tratado mal. Fue muy confuso todo», afirmó.
Posteriormente, Lodi contactó a personal de Abigeato por la presencia de un cazador en su propiedad. De acuerdo con el relato familiar, los agentes llegaron cerca de la una de la mañana. «En escena estaba Julio Lodi y los cuatro de Abigeato. Desde ahí, todos los indicios, los perros, todo, es como que en esa zona mi papá o lo traga la tierra o lo succionan desde arriba», manifestó Melisa.
Un dato que genera gran incertidumbre en la familia es el rastro detectado por los perros durante la búsqueda. Según Melisa, el rastro de Enrique fue ubicado dentro de la tranquera de Julio Lodi y también unos metros afuera, en dirección donde se habría encontrado la camioneta policial. «Ahí el perro pierde totalmente el rastro», señaló. La hija de Fabiani describió ese punto como un camino sin salida, flanqueado por monte. Por ello, sostiene que no encuentra una explicación lógica. «Es como que si mi papá hubiese subido a un vehículo o lo hubiesen subido. Siempre digo que o lo tragó la tierra o lo succionó algo, porque no me dan explicaciones», remarcó.
Armas y peritajes cuestionados
Melisa Fabiani también recordó que Lodi habría negado poseer armas de fuego, a pesar de que durante un allanamiento se encontraron tres armas en su vivienda. «Sí, eso es correcto. También eso quedó en la nada», sostuvo.
Otro de los aspectos más llamativos de la causa fue el hallazgo de un cartucho que, presuntamente, pertenecía a Enrique Fabiani, encontrado a unos 10 kilómetros del área central de búsqueda. «Ese cartucho es todo un misterio, porque es lo único positivo que tenemos del caso», afirmó. Melisa explicó que el hallazgo se produjo tras el señalamiento de un vidente que fue trasladado al lugar por la Policía.
Sin embargo, cuestionó el manejo de esa prueba. Según su versión, un policía manipuló el cartucho con la mano, lo que considera una «negligencia total», y luego habría negado lo ocurrido durante un careo.
Pedido de mayor recompensa y cambio de carátula
A dos años de la desaparición, la causa permanece abierta y el fiscal a cargo aseguró a la familia que no se cerrará mientras él continúe. No obstante, la familia Fabiani busca reactivar la investigación y modificar la carátula judicial. Actualmente, la recompensa vigente es de 5 millones de pesos, pero la familia solicitó elevarla a 10 millones. «Le pedí que, por cumplirse dos años, me parece que 5 millones ya no son nada. Pedí 10 millones de recompensa», explicó Melisa.
Además, la familia exige que el expediente deje de tramitarse únicamente como averiguación de paradero. «La carátula queda totalmente fuera de lugar. Quiero correr a la Justicia, quiero que la causa pueda ingresar desde un abogado de mi provincia para ir contra la provincia de Entre Ríos y que me dé respuestas», reclamó.
Con dolor, Melisa Fabiani concluyó: «Todos en la familia lo manejamos diferente. Algunos ya hicieron el duelo. Mi mamá y yo no, porque no podés hacer un duelo sin algo concreto. La esperanza es lo que nos mantiene». Su «corazón está dividido en dos: una parte quedó en Alcaraz y allá quedó».
