Espacios Educativos presentó “Habitar la Escuela”, un proyecto de acompañamiento institucional orientado a fortalecer la convivencia y construir estrategias colectivas para abordar conflictos y violencia en escuelas de barrios de Santa Fe. La iniciativa se implementa este año en la EESO N° 389 de barrio El Pozo y la EESOPI N° 3098 del noroeste de la ciudad.
Buscan fortalecer la convivencia escolar en Santa Fe
En muchas escuelas de la ciudad, los conflictos ya no se manifiestan únicamente en grandes episodios. A veces se expresan en pequeñas situaciones cotidianas: burlas habituales, estudiantes que dejan de participar en clase, grupos que naturalizan ciertas agresiones o incluso adultos que sienten que no siempre cuentan con las herramientas necesarias para intervenir.
Frente a este escenario, la organización Espacios Educativos lanzó «Habitar la Escuela», un proyecto de acompañamiento institucional orientado a fortalecer la convivencia escolar y construir estrategias colectivas para abordar situaciones de conflicto y violencia que afectan a nuestros jóvenes.
Una propuesta que va más allá de la intervención puntual
La iniciativa combina talleres participativos, espacios de formación, herramientas de diagnóstico institucional y seguimiento de procesos dentro de las escuelas. Desde Espacios Educativos explican que el objetivo no es solo intervenir frente a situaciones ya consolidadas, sino también trabajar sobre las dinámicas diarias de toda la comunidad educativa, que a menudo terminan habilitando o sosteniendo distintas formas de violencia.
«La convivencia no ocurre sola. Se construye todos los días», sostiene Leonardo Simoniello, coordinador de Espacios Educativos, quien desde hace años trabaja en proyectos vinculados a educación y abordaje de violencias. Para ello, una de las ideas centrales del proyecto es visibilizar los distintos roles que aparecen frente a la violencia: quienes agreden, quienes son agredidos, quienes observan y quienes eligen proteger.
Simoniello agrega que «intervenir no siempre significa ‘resolver’. A veces es escuchar, señalar aquello que de tan frecuente deja de ser cuestionado, acompañar o generar condiciones para que alguien no quede solo. Es construir una respuesta colectiva donde antes había silencio». Desde esta mirada, el proyecto busca generar espacios donde estudiantes, docentes, equipos institucionales y familias puedan reflexionar colectivamente sobre los vínculos dentro de la escuela y las posibilidades de actuar frente al daño, la discriminación o la exclusión.
La propuesta también pone el foco en la necesidad de construir respuestas institucionales compartidas y no únicamente individuales. Paula Gonzálvez, del Equipo de Espacios Educativos, señala: «Muchas escuelas ya realizan acciones valiosas de cuidado, aunque a veces esas prácticas quedan aisladas. Como la violencia es una problemática que trasciende los muros de una sola institución, requiere de un abordaje integral. Por eso, en esta propuesta buscamos fortalecer los lazos institucionales y comunitarios».
«Habitar la Escuela» se presenta así como una iniciativa que busca potenciar capacidades institucionales existentes y generar nuevas herramientas para abordar los conflictos desde la escucha, la participación y la corresponsabilidad.
Experiencias concretas en el barrio El Pozo y el noroeste de la ciudad
A partir de las propuestas desarrolladas por Espacios Educativos, este año comenzó a implementarse «Habitar la Escuela» en dos instituciones educativas de nuestra ciudad, en articulación con sus equipos directivos y comunidades: la EESO N° 389 «Julio Migno», ubicada en el reconocido barrio El Pozo, y la EESOPI N° 3098 «Juan Marcos», que funciona en el noroeste de la ciudad.
El trabajo conjunto permitió definir objetivos específicos, establecer una planificación de actividades y diseñar estrategias de acompañamiento acordes a las necesidades y dinámicas particulares de cada escuela. El proyecto cuenta con la participación de un referente por institución para acompañar permanentemente las acciones, quienes junto a las directoras y sus equipos llevan adelante la propuesta de manera planificada y participativa.
Directivos destacan cambios positivos y la participación estudiantil
Rosana Malfante, directora de la escuela «Juan Marcos», expresa la satisfacción de la institución: «Lo que valoramos del proyecto es que es una propuesta dinámica, que se puede construir junto a los adolescentes y trabajar desde la prevención de violencias. Los estudiantes se sienten motivados de ser parte, se sienten valiosos y eso los impulsa a seguir trabajando incluso fuera de la escuela».
Por su parte, Nuria Menvielle, directora de la escuela «Julio Migno», comenta: «Ya desde hace un tiempo veníamos conversando con el CAF del barrio para ver cómo trabajar esta problemática de la violencia, un trabajo que tenga que ver con el aprendizaje y las políticas de cuidado entre los estudiantes y los chicos del barrio. Y así finalmente se formó una pequeña red institucional entre Espacios Educativos, la escuela y el CAF».
Capacitación y proyectos para un cambio sostenido
La propuesta se organiza en tres niveles de intervención progresivos: formación y primeras intervenciones institucionales; institucionalización de prácticas de protección; y comunidad educativa y sostenibilidad a largo plazo.
En esta primera etapa, las acciones estuvieron orientadas al fortalecimiento de herramientas para el abordaje de conflictos y situaciones de violencia desde una perspectiva participativa y preventiva. Para ello, se llevaron adelante talleres y espacios de formación vinculados a las dinámicas de los roles en situaciones de violencia, destinados a docentes, profesionales, equipos institucionales y otros adultos de la comunidad educativa. Asimismo, se trabajó con estudiantes delegados de distintos cursos, en dos jornadas de capacitación, promoviendo espacios de participación, reflexión y construcción colectiva de estrategias de intervención y cuidado.
La propuesta busca que las herramientas construidas no dependan exclusivamente de intervenciones externas o aisladas, sino que puedan consolidarse progresivamente como prácticas sostenidas por la propia comunidad educativa. En una segunda etapa, el proyecto prevé continuar el acompañamiento institucional mediante instancias de seguimiento y profundización de contenidos, trabajando paralelamente con adultos y estudiantes para fortalecer prácticas de escucha, protección, participación y construcción de convivencia.
En ese sentido, con el grupo de delegados de cada institución se trabaja también en el proceso de elaboración de proyectos. Se prevé que planifiquen propuestas de intervención sobre las dinámicas de las violencias en la comunidad educativa, en un proceso participativo que parte de sus propias visiones sobre las principales problemáticas que observan. «Además de capacitarse, nos parece muy importante la propuesta de trabajo metodológica, porque uno de los ejes de la política educativa actual tiene que ver con el aprendizaje basado en proyectos. Y esta propuesta viene en sintonía, ya que los estudiantes tendrán que pensar y construir un proyecto», agrega Menvielle.
Para finalizar, Malfante asegura: «Nosotros ya empezamos a ver los cambios en la convivencia. Ahora, antes de pensar en salir y agarrarse afuera de la escuela, los estudiantes golpean la puerta de la dirección para explicar los desacuerdos, dialogar sobre los conflictos que tienen e intentar resolverlos de una forma no violenta. No es necesario esperar a fin de año para notarlo: en el proceso, ya vemos las transformaciones».
