Nuestra ciudad, construida entre ríos, lagunas y bañados, tiene una identidad geográfica única. Sin embargo, esta particularidad también genera un desafío estructural: miles de familias santafesinas viven hoy en sectores expuestos a inundaciones, anegamientos o aislamiento. Esto sucede cuando suben los ríos Paraná y Salado, o cuando se combinan lluvias extraordinarias con niveles altos en ambas cuencas. Muchas de estas familias se asentaron en estos suelos vulnerables durante el último período de bajante histórica del río Paraná.
Un relevamiento reciente de la Municipalidad es contundente: unas 1.300 familias residen en áreas de riesgo hídrico. Estas zonas están, principalmente, por fuera de los anillos de defensa, en sectores costeros, islas urbanas, zonas bajas y asentamientos informales. Si consideramos un promedio de 3,5 integrantes por hogar, estamos hablando de aproximadamente 4.500 personas. No obstante, es importante destacar que no todas enfrentan la misma amenaza ni requerirían una evacuación ante una eventual crecida.
Eduardo Rudi, secretario de Desarrollo Urbano y Gestión Hídrica de la Municipalidad, explicó a El Litoral que «ese relevamiento nos arrojó una cifra aproximada de entre 1.300 familias, pero no todas hay que, ante una crecida, evacuar». El funcionario remarcó que, en muchos casos, la respuesta necesaria no es el traslado de las familias sino la asistencia para sostener la vida cotidiana en sectores que pueden quedar aislados.
Esta radiografía cobra especial relevancia frente a las señales climáticas que anticipan la posible consolidación de un evento El Niño para el segundo semestre de 2026 y el verano siguiente. El Servicio Meteorológico Nacional informó días atrás sobre una alta probabilidad de desarrollo de esta fase cálida durante el invierno. Aunque la intensidad final y sus impactos regionales aún no pueden precisarse, la hipótesis obliga a preparar la ciudad y todo el Gran Santa Fe para lluvias por encima de lo habitual y, eventualmente, para un escenario combinado con crecidas de los grandes ríos.
Vivir fuera de las defensas: el riesgo permanente
Rudi describió una ciudad con una particularidad territorial extrema: «La ciudad tiene esta connotación en este porcentaje 70/30: 70% de isla y 30% de parte continental o áreas seguras». En esa ecuación, se cruzan factores ambientales, sociales y económicos que explican el crecimiento de asentamientos en sitios que no son aptos para consolidar viviendas permanentes. El funcionario señaló que la pobreza y otros factores sociales hacen que estos asentamientos por fuera de las defensas sigan creciendo y tengan una importancia significativa.
Las áreas más comprometidas se concentran sobre el sistema del río Paraná. Entre ellas se encuentran Vuelta del Paraguayo, Bajada Distéfano (en La Guardia), Los Alisos, sectores de Nueva Esperanza, Colastiné, la zona baja de Colastiné Sur y algunos asentamientos consolidados a la vera de la Ruta Nacional 168. Se trata de barrios y parajes con una relación histórica con el río, ubicados en cotas bajas y formando parte del circuito de islas dentro del ejido urbano.
El secretario de Desarrollo Urbano y Gestión Hídrica fue categórico al plantear que «no se puede consolidar» la ocupación por fuera del anillo de defensa. Por eso, mientras no existan alternativas habitacionales masivas, la política de la Municipalidad se limita a la asistencia durante los eventos críticos, siendo esta «de asistencia ante el evento». El antecedente más cercano para la actual gestión de Juan Pablo Poletti fue el inicio de su administración, con el río crecido y más de 20 familias evacuadas sobre la Ruta Nacional 168, en su mayoría de Vuelta del Paraguayo. Rudi aseguró que se trabajó en el retorno de estas familias a sus hogares una vez que las condiciones lo permitieron.
Evacuación, asistencia y el desafío del aislamiento
La cifra de 1.300 familias no se traduce automáticamente en 1.300 hogares evacuables. Esta diferencia es crucial para la planificación de una emergencia. En Alto Verde, por ejemplo, la amenaza no siempre es el ingreso del agua a las viviendas. En algunos episodios, el problema principal es el aislamiento territorial, cuando el avance del agua corta el acceso al paraje La Boca y solo queda operativo el puente de única mano.
«En Alto Verde, en La Boca, cuando se corta y queda solamente el puente que tenemos de acceso, debemos tener una asistencia para que la familia tenga su dinámica urbana normal; no se inundan ni quedan anegados, quedan aislados», explicó el secretario. En estos casos, la respuesta de la Municipalidad contempla el funcionamiento del transporte (que debe coordinarse con una traffic), la conectividad sanitaria y los servicios de emergencia (como la ambulancia). Rudi indicó que «se genera todo un protocolo» y que este dispositivo se trabaja con la Dirección General de Gestión de Riesgo y las áreas sociales del municipio.
Otro punto crítico es el bañado de la Setúbal, a orillas del barrio El Pozo, donde en la última década creció un gran asentamiento irregular en una zona inundable. La ciudad, además, debe prepararse para un frente hídrico doble. Santa Fe tiene 18 kilómetros de defensas urbanas, pero está expuesta a la dinámica de la laguna Setúbal, el Paraná y el Salado. «El río Paraná en nuestra provincia son 800 kilómetros; en la ciudad de Santa Fe tenemos 18 kilómetros que defender», resumió Rudi. Agregó que «es toda la cuenca de la Setúbal y sumado todo el Salado, que a veces trabajan en paralelo. No es vaso comunicante el concepto, pero sí trabajan en paralelo y vos tenés ríos altos de un lado y del otro de nuestras costas o nuestros frentes urbanos». Por ello, ante una combinación de crecida de ríos y precipitaciones intensas, la Municipalidad no descarta que pueda ser necesaria una declaración de emergencia hídrica, según la escala del fenómeno. Rudi afirmó que «no hay política que tome una situación de crecida de ríos con lluvias en un escenario combinado que no merezca una declaración de emergencia hídrica».
El otro frente: barrios sobre reservorios de agua
El riesgo no se limita a las áreas que quedaron fuera de las defensas. Dentro del sistema protegido de la ciudad, también hay familias asentadas sobre reservorios y bañados, especialmente en el cordón oeste. Aquí la amenaza tiene otra lógica: no depende tanto de la crecida del río sino de la capacidad de la ciudad para acumular y evacuar el agua de lluvia.
Los reservorios son piezas centrales del sistema hídrico urbano. Reciben los excedentes pluviales que llegan por desagües y canales, y luego los descargan hacia los cursos de agua por gravedad o mediante bombeo. Cuando el nivel de los ríos está alto, la evacuación debe hacerse de forma mecánica. «Los reservorios son muy necesarios para la ciudad. El sistema de defensa necesita que el sistema de drenaje funcione. ¿A dónde? A los reservorios», explicó Rudi. «Y los reservorios son los encargados de impulsar el agua a los cursos de río. Cuando el río está alto, lo impulsamos mecánicamente». La Municipalidad viene reforzando este esquema junto a la Provincia. El objetivo, según el funcionario, es asegurar que los 52 puntos de bombeo estén operativos ante una contingencia relevante, con equipos y personal preparados.
La ocupación de estas áreas no es nueva. En 2023, El Litoral ya advertía sobre el crecimiento de viviendas en los reservorios y señalaba como zonas especialmente sensibles a los barrios Santa Rosa de Lima y Barranquitas. Los reservorios son, precisamente, terrenos que deben quedar libres para almacenar agua durante lluvias fuertes; cuando se ocupan, se reduce su capacidad de amortiguación y se agrava el riesgo para quienes viven allí y para el conjunto de los barrios drenados por ese sistema.
En diciembre de 2025, el Concejo Municipal aprobó una actualización de la zonificación urbana que delimitó formalmente las Zonas de Seguridad Hídrica y de Reservorio Hídrico. La normativa identifica áreas vulnerables del oeste, noroeste, noreste y la costa, donde no deberían consolidarse usos residenciales por el riesgo frente a lluvias intensas, crecidas extraordinarias o niveles freáticos elevados. Rudi reconoció que hay familias asentadas sobre esos reservorios y vinculó el fenómeno con la falta de alternativas habitacionales, la pobreza y el efecto de años de sequía. «La sequía por más de cuatro o cinco años, la necesidad de ocupar espacios por la imposibilidad de tener otras alternativas, lo que tienta una ciudad de 400 mil habitantes como un atractor desde el punto de vista de la dinámica urbana, económica y social, hace que familias a veces vengan de otros lugares y se asienten en lugares que entendemos como no permitidos y, a su vez, bajos, con riesgo hídrico», sostuvo. En este tipo de áreas, insistió, la amenaza se activa principalmente cuando llueve: «Los reservorios con lluvia se complican, no con río. Por eso la ciudad tiene su sistema de defensa».
Defensas, bombas y limpieza: la preparación de la ciudad
La estrategia oficial de la Municipalidad se apoya en dos planos: sostener la infraestructura existente y preparar la respuesta social y operativa ante una contingencia. Rudi destacó las obras provinciales de mejora sobre el sistema de defensas de la capital y el área metropolitana. «Se mejoraron las defensas de la ciudad, no solamente de la ciudad sino de todo el anillo metropolitano: son más de 74 kilómetros», afirmó. Según detalló, hubo más de 27 kilómetros en los que se debió recomponer el coronamiento hasta la cota adecuada, debido a erosión, desgaste y deterioro acumulado. La inversión, estimó, ronda los 10 mil millones de pesos. «Eso nos da la garantía de que tenemos una ciudad con un anillo de defensa en condiciones», señaló el funcionario.
Dentro del ejido urbano, la Municipalidad destina unos 3 mil millones de pesos anuales a la limpieza y desobstrucción de desagües. La red incluye 360 kilómetros de conductos y más de 100 kilómetros de canales a cielo abierto, que requieren tareas continuas de mantenimiento, zanjeo, cuneteo y saneamiento, especialmente en barrios que todavía no cuentan con todos los servicios básicos. La condición de las estaciones de bombeo es determinante en un escenario de lluvias con ríos altos. Si los niveles externos impiden que el agua escurra naturalmente, las bombas deben evacuarla hacia el Salado, el Paraná o la laguna Setúbal. La eficiencia de esa cadena –desagües, canales, reservorios, estaciones de bombeo y defensas– define buena parte de la capacidad de la ciudad para evitar anegamientos masivos que afecten a los vecinos.
Refugios y protocolos para la emergencia
La ciudad de Santa Fe cuenta desde 2007 con un plan de contingencia y protocolos de actuación frente a inundaciones. Rudi recordó que Santa Fe fue reconocida en 2011 como una de las ciudades preparadas ante desastres y que en 2014 recibió una distinción vinculada a la resiliencia urbana. «Para nosotros es una política de Estado. Tener una política de Estado implica tener aceitado todo el mecanismo», afirmó.
En caso de que haya evacuaciones, la Municipalidad no prevé instalar de manera automática grandes campamentos de emergencia, sino activar una red de refugios distribuidos en la ciudad. El sistema se apoya en acuerdos con instituciones, vecinales, clubes y otros espacios capaces de albergar temporalmente a familias afectadas. «Tenemos espacios y acuerdos con instituciones, con vecinales, con clubes y demás, para que puedan albergar ante una situación en la que podamos llegar a tener familias afectadas por esa crecida o por esa lluvia», explicó Rudi. Los convenios, dijo, están establecidos por ordenanza y contemplan responsables políticos para cada refugio.
La planificación incluye reuniones semanales entre áreas municipales y provinciales: Recursos Hídricos, Protección Civil, Gestión de Riesgo y Desarrollo Social. «Para delinear acciones, para tener cuáles son los escenarios, cómo estamos preparados en lo mecánico, en lo dinámico, en lo social, en cómo difundimos», enumeró el funcionario. También se realizan tareas de capacitación, difusión y prevención en escuelas y vecinales. El objetivo es que los vecinos conozcan los protocolos, sepan cómo actuar y tengan información antes de que el agua llegue. Una de las acciones consiste en repartir folletos explicativos sobre qué hacer en caso de lluvias fuertes. Los mismos son distribuidos en los barrios, a través de los distritos municipales. La información también está ampliada y detallada en el sitio web de la Municipalidad.
Reubicar familias: un objetivo que excede lo municipal
La respuesta ante una emergencia puede contener el impacto, pero no resuelve el problema de fondo: la permanencia de miles de familias en lugares donde el riesgo hídrico forma parte de la vida cotidiana. La reubicación definitiva aparece como la única salida estructural, aunque la Municipalidad admite que no dispone de los recursos necesarios para hacerlo a gran escala. «Plan tenemos; lo que faltan son recursos», resumió Rudi. «El recurso excede cualquier presupuesto o recurso municipal. Tenemos que pensar en escenarios que tengan que ver con financiamiento nacional o internacional», agregó, sabiendo la actual ausencia de apoyo del Estado Nacional en este sentido.
En este marco, la Municipalidad trabaja con la Provincia y el Movimiento Los Sin Techo en procesos de relocalización en distintos sectores. Rudi mencionó intervenciones en Santo Domingo, Jesuitas, Las Lomas y Barranquitas. «Eso nos da la posibilidad de resolver. ¿Alcanza? No, claramente que no», reconoció. Uno de los casos en marcha está en Barranquitas Sur, en el ingreso por Iturraspe, cerca de la antigua Escuela de Trabajo y de una estación de monitoreo. Allí se proyecta la reubicación de 55 familias asentadas en un área de reservorio. «Estamos haciendo un proceso de reubicación de 55 familias con el Movimiento Los Sin Techo y con la Dirección Provincial de Vivienda. De hecho, ya hemos arrancado», aseguró Rudi.
La intervención incluye profundizar los reservorios para recuperar su función hidráulica y, al mismo tiempo, garantizar suelo a cota segura e infraestructura para las familias trasladadas. El intendente Poletti confirmó recientemente que la Municipalidad, la Provincia y Los Sin Techo trabajan en relocalizaciones de hogares ubicados en sectores vulnerables de Barranquitas, con relevamientos previos para ordenar prioridades y necesidades. La tensión entre el derecho a la vivienda y la necesidad de preservar áreas de drenaje sigue siendo uno de los nudos más complejos de la planificación urbana santafesina. En los últimos meses, incluso se registraron intervenciones municipales para impedir nuevas construcciones precarias sobre reservorios de Barranquitas Oeste, en una zona considerada de alto riesgo hídrico.
Para Rudi, la salida no puede ser solo prohibitiva. La ciudad debe convertir sus bordes vulnerables en proyectos de integración urbana, ambiental y social. En esa línea ubicó la idea de una Costanera del Salado y de nuevos entornos ribereños que articulen reservorios, espacios verdes, infraestructura y vivienda segura. «Los proyectos están, los recursos son los que faltan», dijo. Y planteó que una futura emergencia también debería servir para abrir puertas de financiamiento: «Tenemos que tener armadas las carpetas para que, cuando estos escenarios de contingencia no generen complicaciones, generen como contrapartida una oportunidad para poder sentarse con el Banco Mundial o el organismo que se encuentre de posibilidad de financiamiento». La cuenta regresiva hacia la primavera y el verano vuelve a poner esa discusión en primer plano. Santa Fe llega con defensas mejoradas, estaciones de bombeo en preparación, protocolos vigentes y una red de refugios prevista. Pero también con alrededor de 1.300 familias en sectores donde el agua puede volver a alterar, en cuestión de horas, la rutina, el acceso a servicios y la seguridad de un hogar. Sólo hay que esperar para saber si El Niño «nace» y si llega fuerte o muy fuerte.
