El Niño puso a los gobiernos en alerta y sorprendió a la academia: “¿Por qué ahora?”

Frente a la fuerte exposición política y mediática que adquirió el fenómeno climático en la ciudad de Santa Fe, la investigadora del CONICET y directora del CEVARCAM-FICH-UNL, Gabriela Müller, advirtió sobre el riesgo de transformar las herramientas científicas en un relato de alarma. Mientras Nación, Provincia y Municipio multiplican obras, protocolos y reuniones preventivas ante la llegada de El Niño, la especialista remarcó la necesidad de distinguir entre la planificación institucional y la simplificación catastrofista que genera temor en los barrios.

El fenómeno de El Niño en la agenda santafesina

Hay algo que este año llamó particularmente la atención en los ámbitos académicos y científicos vinculados al clima: El Niño, un fenómeno que forma parte desde hace décadas de los sistemas habituales de monitoreo y pronóstico climático, se convirtió en una de las grandes preocupaciones de la agenda gubernamental y social.

La particularidad no está en que los gobiernos se preparen. De hecho, esa es precisamente una de las finalidades de los pronósticos climáticos. Lo novedoso, en la mirada de especialistas como Gabriela Müller, es la intensidad con la que el fenómeno ingresó al discurso político, institucional y mediático, y a la discusión social en la calle y en las redes sociales.

En Santa Fe la evidencia es visible. Desde mayo, la Provincia viene coordinando acciones con la Municipalidad de Santa Fe y otros gobiernos locales, mientras que la Agencia Federal de Emergencias (AFE) convocó a las provincias de la Cuenca del Plata para trabajar en prevención y respuesta. En julio, el gobernador Maximiliano Pullaro reunió a intendentes y entidades para coordinar acciones y anunció un fondo de $ 10.000 millones para emergencias.

En la ciudad de Santa Fe, el fenómeno también se transformó en un eje de la planificación hídrica. Provincia y Municipio firmaron convenios para reforzar el drenaje urbano, con intervenciones sobre canales, reservorios, estaciones de bombeo y defensas. Se vienen realizando reuniones en los barrios para que los vecinos sepan cómo actuar, entre otras medidas. El intendente Juan Pablo Poletti afirmó que se trabaja con previsión para llegar a tiempo.

Y la agenda siguió escalando: Nación y provincias desarrollaron mesas de coordinación y protocolos específicos para El Niño 2026/2027. Incluso la AFE diseñó un Plan de Coordinación Federal ENOS para articular el trabajo entre organismos nacionales, provincias y municipios.

Entre la ciencia y el discurso político

La pregunta sobre el porqué de esta atención masiva aparece casi inevitablemente en la reflexión de Müller, no porque considere innecesario que los gobiernos se preparen —todo lo contrario, la anticipación es una de las principales herramientas de la gestión del riesgo—, sino porque pone en discusión que la excepcional atención política pueda generar una percepción equivocada acerca de la novedad científica del fenómeno.

Los pronósticos climáticos existen hace décadas, advierte la investigadora, y agrega que lo que ha cambiado es la respuesta mediática y la prensa que se le otorga al fenómeno, no la ciencia detrás de él.

La observación adquiere especial relevancia en este 2026. El Servicio Meteorológico Nacional ya informaba en julio que las condiciones del ENOS eran compatibles con una fase cálida o El Niño y que los modelos climáticos globales indicaban una probabilidad cercana al 90% de que el fenómeno alcanzara una magnitud calificada en la escala máxima como muy fuerte hacia el último trimestre del año.

Los organismos internacionales también vienen siguiendo la evolución. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) había advertido en junio que existía un 80% de probabilidad de establecimiento de El Niño entre junio y agosto y alrededor de 90% para el período septiembre-diciembre. A fines de julio, la propia OMM elevó el tono de su diagnóstico al señalar que se estaba desarrollando un El Niño fuerte, con expectativas de intensificación hacia el último trimestre del año.

Por su parte, el Centro de Predicción Climática de la NOAA ya había señalado en julio una probabilidad del 81% de un El Niño muy fuerte durante el trimestre de octubre a diciembre y un 97% de posibilidades de que las condiciones persistieran hasta comienzos de la primavera de 2027, con menor intensidad. La actualización difundida el 13 de agosto y recogida por Reuters confirmó estas probabilidades de un evento muy fuerte hacia el final del año.

Las precipitaciones y el territorio santafesino

Una cosa es pronosticar un fenómeno climático y otra muy distinta es anticipar exactamente qué ocurrirá en un territorio determinado. Ese es uno de los principales puntos sobre los que Müller insiste al señalar que, cuando se habla de precipitaciones por encima de lo normal en el noreste de Argentina, se hace referencia a condiciones medias estadísticas.

Por eso, considera técnicamente incorrecto atribuir automáticamente un episodio meteorológico particular al fenómeno, ya que las consecuencias son la sumatoria de cada lluvia en el período que dura el evento.

La advertencia resulta especialmente importante para Santa Fe, una provincia atravesada por el agua: lluvias intensas, crecidas de los ríos Paraná y Salado, funcionamiento de defensas, drenaje urbano y riesgo de inundaciones. Que El Niño aumente la probabilidad de determinados patrones de precipitación no significa que cada tormenta o inundación pueda explicarse simplemente diciendo que es por El Niño, aunque efectivamente incremente la probabilidad de eventos extraordinarios.

La misma precaución vale para el cambio climático. Demostrar que un episodio particular fue intensificado por el calentamiento global requiere análisis específicos que solo los especialistas pueden realizar. En este sentido, la investigadora cuestiona expresiones utilizadas en ámbitos públicos como «El Niño camina entre nosotros», frase que para la ciencia introduce un problema al personificar un fenómeno definido por variables oceánicas y atmosféricas.

El problema del alarmismo y el rol del periodismo

Algo similar ocurre con expresiones como «Super Niño», «Niño extraordinario» o «Niño histórico». Müller señala que la terminología científica no utiliza esos conceptos como categorías anticipadas y advierte que la intensidad del fenómeno no alcanza por sí sola para determinar el impacto regional, el cual depende de múltiples factores moduladores.

La investigadora recuerda el episodio 2015-2016, que fue muy fuerte pero cuyos efectos en algunas regiones fueron atenuados por oscilaciones de gran escala. Por eso, ante un fenómeno excepcional, no existe una traducción automática entre un evento fuerte y una inundación inevitable en Santa Fe.

La advertencia científica no significa minimizar el riesgo. Para Santa Fe, ubicada en la confluencia del Paraná y el Salado y protegida por defensas, reservorios y estaciones de bombeo, anticiparse resulta razonable. En julio, en el Museo de la Constitución de la ciudad de Santa Fe, Müller participó en la presentación del Plan Provincial de Respuesta al Cambio Climático y expuso ante unas 250 personas, entre funcionarios y referentes productivos.

Allí surge una clave: la ciencia aporta probabilidades, incertidumbres y escenarios plausibles, mientras que el Estado decide qué hacer frente a ellos. El problema aparece cuando ambas dimensiones se confunden y un pronóstico probabilístico se convierte en certeza.

Müller extiende su preocupación al modo en que se comunica el conocimiento. Observa una tendencia en el público a preferir noticias catastróficas, lo que lleva a la sociedad a vivir en constante miedo, y destaca que el periodismo serio es el puente fundamental para llevar luz a la comunidad. Asimismo, lamenta que funcionarios o supuestos especialistas utilicen los medios para difundir información exagerada o falsa, potenciando la confusión y el descrédito.

Una oportunidad para construir prevención

Hay una paradoja en este El Niño 2026. Por un lado, la atención de los gobiernos es positiva para planificar obras y coordinar respuestas. Por otro, esa atención puede volverse un problema si el fenómeno se transforma en una explicación universal para cualquier evento meteorológico.

La diferencia es sustancial: prepararse no significa alarmar. Para Santa Fe, donde la memoria de las grandes inundaciones forma parte de la identidad urbana, contar con información científica rigurosa es una herramienta de gestión del riesgo mucho más útil que cualquier pronóstico espectacular.

La respuesta, según la investigadora, comienza por distinguir entre lo que la ciencia sabe, lo que puede pronosticar y aquello que no responde linealmente a una relación de causa y efecto. En una ciudad que mira de forma cotidiana el río, las defensas y el cielo, esa diferencia no es una cuestión académica, sino una herramienta clave para cuidar a la comunidad.


Te puede Interesar

Galnares aseguró aportes provinciales para la instalación de paneles solares en seis escuelas del sur santafesino

La diputada provincial Sofía Galnares y el ministro de Desarrollo Productivo de Santa Fe, Gustavo Puccini, concretaron una gestión clave para seis escuelas del departamento General López. Gracias a esta iniciativa, establecimientos educativos de Amenábar, Sancti Spíritu, Murphy, Villa Cañás, Chovet y Carmen recibirán Aportes No Reembolsables (ANR) por un total de $109.534.960 para la…

Entre Ríos participó del cuarto Encuentro Apícola Federal en Tucumán

Con una destacada participación de productores, cooperativas y técnicos locales coordinados por el área provincial de Apicultura, Entre Ríos formó parte del encuentro nacional organizado por el Consejo Federal de Inversiones (CFI) para debatir estrategias de desarrollo y comercialización del sector. Durante las jornadas llevadas a cabo en la Comisión Nacional Apícola, la delegación entrerriana…