A más de cuatro décadas de ser subsede de los Juegos Cruz del Sur de 1982, Santa Fe vuelve a recibir este mes los Juegos Suramericanos mientras la región transita un nuevo fenómeno de El Niño estimado de intensidad fuerte o muy fuerte por el Servicio Meteorológico Nacional. Aquella primera edición deportiva estuvo marcada por el inicio de la histórica crecida del río Paraná en 1983, que provocó inundaciones, graves daños en la Ruta 168 y la caída del emblemático Puente Colgante. Con las delegaciones ya instaladas en el Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CARD) Pedro Candioti, la ciudad reedita un escenario climatológico e histórico que pone nuevamente en alerta a la cuenca.
Una curiosa coincidencia climática en la historia deportiva
Hay una singular sincronicidad en la historia deportiva de Santa Fe. Cuarenta y cuatro años después, la provincia vuelve a recibir los Juegos Suramericanos —aquella competencia que en sus comienzos se llamó Juegos Cruz del Sur— mientras otro fenómeno de El Niño se instala sobre el océano Pacífico y proyecta posibles efectos sobre el clima de la región.
En 1982, Santa Fe fue subsede de los II Juegos Deportivos Cruz del Sur, cuya sede principal fue Rosario. La competencia se desarrolló entre el 26 de noviembre y el 5 de diciembre y constituyó la segunda y última edición bajo aquella denominación. Desde 1986, en Santiago de Chile, el torneo pasó a llamarse Juegos Suramericanos y quedó asociado definitivamente a la ODESUR.
En aquella oportunidad, la ciudad recibió algunas de las competencias y dejó una obra que hoy forma parte de la memoria deportiva local: la pista de atletismo del Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CARD) Pedro Candioti. La Federación Atlética Metropolitana recuerda que los Juegos de 1982 fueron el primer gran acontecimiento realizado en ese escenario, cuya pista sintética se inauguró especialmente para la ocasión.
Ahora, la historia vuelve a pasar por el mismo lugar. El CARD fue totalmente renovado para recibir a los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, que se desarrollarán entre el 12 y el 26 de septiembre y tendrán como sedes principales a Santa Fe, Rosario y Rafaela, con la participación de más de 4.000 atletas de 15 países.
El Niño de los 80: primero los Juegos, después el agua
Pero hay un hilo invisible que conecta ambas ediciones. En los dos momentos, la región quedó bajo la influencia de El Niño, aunque por entonces no se conocía popularmente el nombre del fenómeno. Fue justamente tras aquella inundación que se empezó a denominar así en el país.
Cuando los atletas llegaron a Santa Fe y Rosario a fines de noviembre de 1982, el episodio climático ya estaba en marcha, aunque todavía no había alcanzado las dimensiones que tendría meses después. La documentación histórica señala que el fenómeno fuerte de El Niño de 1982-1983 estuvo asociado a una sucesión de crecidas del Paraná y sus afluentes, con momentos críticos en el verano de 1982, a mediados de ese año, hacia fines de ese período y el episodio más prolongado durante el primer semestre de 1983.
En la ciudad de Santa Fe, la gran crecida comenzó a tomar una dimensión extraordinaria a fines de 1982. El río Paraná superó el nivel de alerta el 14 de diciembre y permaneció por encima de esa marca hasta el 8 de septiembre de 1983, alcanzando su pico máximo el 5 de julio de 1983, cuando llegó a los 7,35 metros en el puerto local, con caudales estimados en torno de los 60.000 metros cúbicos por segundo.
El agua produjo daños que hoy forman parte de la identidad urbana. La Ruta Nacional 168 quedó severamente afectada, sus puentes aliviadores sufrieron daños y la magnitud obligó incluso a abrir la propia traza mediante voladuras para permitir el escurrimiento, un episodio en el que El Litoral recordó la apertura de un tramo de entre 35 y 40 metros en julio de 1983. La inundación golpeó la Costanera y las márgenes de la laguna Setúbal, dejando el hito imborrable del 28 de septiembre de 1983, cuando cedió el pilar este y parte de la estructura del Puente Colgante.
A escala regional, las tres grandes inundaciones de 1982-1983 dejaron unos 27.700 evacuados en la capital provincial, destrucción de defensas, caída de torres de alta tensión y pérdidas masivas en infraestructura vial, ferroviaria, ganadería y agricultura, con un caudal anual que superó en un 60% el promedio de largo plazo.
El escenario hacia 2026 y la prevención actual
La escena de este septiembre es muy diferente. Santa Fe se encuentra a punto de recibir nuevamente los Juegos con las instalaciones terminadas y las delegaciones preparándose para llegar al renovado CARD. Paralelamente, el océano Pacífico transita una fase cálida.
El último informe del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) indica que las condiciones del ENOS corresponden a una fase de El Niño, con una probabilidad del 100% de mantenerse durante septiembre, octubre y noviembre, con una intensidad entre fuerte y muy fuerte. No obstante, el organismo advierte que la atmósfera necesita tiempo para acoplarse y los impactos se extienden progresivamente.
En 1982, los Juegos ocurrieron cuando el fenómeno se desarrollaba antes de la parte más dramática de la crecida. En 2026, la competencia se disputa mientras el fenómeno se instala pero sus consecuencias todavía no se manifiestan en la dimensión temida.
Una ciudad transformada
Existe una diferencia decisiva entre ambos momentos: Santa Fe ya no es la misma ciudad. Tras las grandes inundaciones de las últimas décadas, se transformaron las políticas de prevención, el monitoreo hidrológico, los sistemas de alerta y las obras de defensa y drenaje, además de contar con obras de regulación en la cuenca alta como Itaipú —que comenzó a funcionar en 1984— y Yacyretá —cuyo inicio de construcción fue en 1985—.
En la actualidad, la provincia sigue de cerca el comportamiento de los cursos de agua. Un relevamiento reciente sobre la cuenca baja del Salado confirmó que los puntos de control permanecían por debajo de los niveles de alerta, sin desbordes generalizados. Tanto la Provincia como la Municipalidad pusieron en marcha protocolos preventivos para reducir riesgos ante eventuales lluvias intensas, uniendo dos épocas marcadas por el deporte y la constante convivencia con el río.
