Daredevil tiene como serie el gran mérito de haber elevado la vara, estableciendo un techo en cuanto a la calidad de las producciones basadas o salidas originalmente desde las páginas del cómic. Hasta entonces, salvo esporádicas excepciones, nadie parecía sorprenderse de la liviandad y falta de compromiso ofrecidas por ese tipo de realizaciones, eran de cierto modo, moneda común. Sin embargo, “Daredevil” fue un golpe de efecto, presentando una historia bien diagramada, un casting perfecto y una plataforma de streaming que esquivó al público más familiar, con todos los peligros que ello conlleva, ofreciendo un producto crudo, violento y por momentos muy sangriento.

Estamos hablando del año 2015. La serie fue un verdadero éxito, volviéndose rápidamente una de las naves insignias de la hasta entonces muy joven, Netflix. Siendo parte de un acuerdo de la gran “N” con Marvel, la serie se extendió a lo largo de tres temporadas, manteniendo una muy buena calidad y unos números de visualizaciones sorprendentes.

La serie demostró que el universo cinemático de Marvel también podía ser consistente y bien orquestado desde la pantalla chica. Convirtiéndose así, en el punto de partida de otras producciones que compartían la misma sintonía, como “Jessica Jones”, “Luke Cage”, “Iron Fist” y “The Punisher”. Incluso la dupla Marvel/Netflix plasmó una serie coral “The Defenders”, que reunía a cuatro de estos héroes.

Tras la compra de Marvel por parte de la gigantesca Disney, las producciones quedaron en suspenso, para apenas unos meses más tarde terminar saliendo del catálogo de una plataforma para pasar al de la otra. 

Los años transcurrieron, y si bien los rumores inundaban la red, no había confirmación alguna respecto de una renovación. Marvel tenía demasiados problemas, de hecho, los tiene hasta el día de hoy, en cuanto al éxito de las producciones salidas de su universo una vez concluida la saga en cines de los Avengers que de alguna u otra forma justificaban los temores y retrasos. La espera se alargó durante muchos años, hasta que finalmente en el mes de marzo y pautada con una emisión de capítulos semanal llegó una nueva temporada de Daredevil que, si bien puede disfrutarse de forma independiente, es continuación directa de los hechos ocurridos en las temporadas pasadas.

La nueva temporada

Rebautizada como “Daredevil: Born Again”, la serie sufrió recortes y nuevas filmaciones, pasando numerosas veces por la sala de edición. Una completa remodelación que encuentra sus razones en la salida de los guionistas originales (Matt Corman y Chris Ord) y el desembarco de Dario Scardapane como nuevo showrunner. Dos estilos totalmente distintos (evidentemente Marvel no estaba del todo convencida con el primero de ellos) que intentaron confluir armoniosamente. Y si bien no lo hacen del todo mal, se trata de uno de los grandes inconvenientes de la temporada.

Hay cambios de tono que se notan demasiado. La serie es una mezcla de drama judicial – recordemos en su vida diaria Daredevil como Matt Murdock es abogado – con thriller superheroico. Con esto pierde mucha acción, corriéndose de ciertos estereotipos respecto del género de vigilantes encapuchados y poniendo el foco en el alter ego del personaje principal. Como decisión es, cuanto menos, interesante; pero lo cierto es que por momentos se siente demasiado forzada. 

Sobre todo, si tenemos en cuenta lo propuesto en el capítulo inicial. La serie comienza a lo grande, con un suceso clave que salpicará el resto de la temporada, y que desemboca en una brutal escena de acción que se extiende a lo largo de casi veinte minutos. Allí Daredevil se enfrenta al personaje de Bullseye (Wilson Bethel) en una excelente escena de acción rodada en un falso plano secuencia. Una apertura de telón magnífica con un nivel que no será alcanzado nuevamente en ninguno de los ocho episodios restantes.

La historia se sitúa inmediatamente un año después de esos sucesos con un Matt Murdock retirado de su vida como justiciero y tratando, como puede, de juntar sus propios pedazos y reconstruirse anímicamente. Al mismo tiempo presenciamos, frente a una ciudad de Nueva York presa de las mafias y la delincuencia, el resurgimiento de la figura de Wilson Fisk, esta vez como nuevo alcalde de la ciudad. 

Lo curioso es que lo de Fisk no se trata de una fachada, el personaje intenta escapar de su faceta delictiva y dejar de ser para siempre Kingpin. Claro que en algún momento el pasado lo alcanza. Lo mismo ocurre con Matt, un héroe roto, pero héroe al fin. Ambos personajes no pueden burlar su propia naturaleza y terminarán nuevamente enfrentados.

Respecto del reparto, Charlie Cox y Vincent D’Onofrio regresan para hacerse cargo de esos papeles. La dupla, como nos tiene acostumbrados, funciona a la perfección. La frutilla del postre, sin embargo, es la aparición de Jon Bernthal nuevamente como Punisher. El actor es uno de los mejores castings de los últimos años, su versión del personaje es oscura e intensa. No en vano, a estas alturas se rumorea la realización de un especial centrado en su figura. Para cerrar, y como muy grata sorpresa, se destaca la participación de Michael Gandolfini (hijo del recordado protagonista de Los Soprano) como uno de los esbirros de Kingpin.

La fotografía y ciertos encuadres son gloriosos, contrastando con algunas de las coreografías de acción y uso de CGI que no están del todo bien pulidas. La trama avanza de forma lenta y con notorios altibajos, incluso hay capítulos como el quinto (que toma lugar en un banco) completamente de relleno. Esto, en una serie de apenas nueve episodios (cuatro menos que en temporadas previas) se siente demasiado.

La ciudad de Nueva York con sus miserias y temores está correctamente retratada. La serie expone el pesimismo popular que justifica, de cierta forma, el auge de una figura border y alejada de la política como Kingpin. Algo que la vuelve un tanto terrenal y cercana a los tiempos actuales. “Daredevil” se aleja – no del todo – de mucha de la fantasía reinante en el universo de Marvel, para ofrecernos una historia de crimen y mafia que transcurre en Estados Unidos pero que tranquilamente podría acontecer a la vuelta de la esquina. Un enfoque realista que ubica en segundo plano a los disfraces. Incluso “Nada de hombres encapuchados aquí», es uno de los slogan de campaña del propio Wilson Fisk. 

Sin embargo, esta nueva adaptación nunca consigue estar a la altura de la obra original y de lo propuesto en aquellos primeros años. He allí su principal condena. 

“Daredevil: Born Again” teniendo como marco el, por momentos, endeble universo de Marvel actual, no deja de ser un producto sólido que sirve, principalmente, como antesala de una segunda parte ya confirmada. La sensación de que lo mejor está por venir es, sin dudas, una de las grandes ilusiones de sus fanáticos.


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