La ciudad de Rosario fue nuevamente el epicentro de Crack Bang Boom, la convención de historietas más longeva e importante del país. Desarrollada a lo largo de cuatro días -del jueves 14 al domingo 17 de agosto- “La Crack” sacudió la agenda de la ciudad, con numerosos invitados, sellos e historietistas que, por si fuera poco, también ocuparon plazas hoteleras y locales gastronómicos.

La cita no es en vano: Crack Bang Boom se ha convertido, gracias a su esfuerzo y constancia, en un inmenso evento cultural y un foco turístico sumamente atractivo. El encuentro reúne tanto a quienes dan sus primeros pasos como a artistas y sellos consagrados, que incluso son redescubiertos por nuevos lectores en cada edición.

En tiempos en que la cultura suele entenderse como un gasto y no como una inversión, vale resaltar estas características. Crack Bang Boom es mucho más que su colorido desfile de cosplay.

La convención funciona como un gran laboratorio de ideas y proyectos, un espacio que alimenta al mercado -obligando a las editoriales a hacer malabares para llegar con material fresco- y, al mismo tiempo, un lugar donde se brindan charlas, talleres, premiaciones y presentaciones. Nació con el fin de celebrar la historieta y nunca perdió ese rumbo. La celebración, entonces, es por partida doble.

Juegos de rol. Foto: gentileza Julio Libardi

Uno de los grandes aciertos es que el cierre de sus últimas ediciones coincide con el Día de las Infancias. La decisión potenció el acercamiento de las familias, que no sólo unen esfuerzos para terminar el “cosplay” (está prohibido mencionar la palabra disfraz) de sus hijos, sino que lo viven como una salida compartida entre mates y superhéroes. Distintas generaciones se reúnen en el lugar, siendo para muchos adultos los únicos días del año en que pueden dialogar con su niño interior.

Espacios rebautizados

La edición de este año se desarrolló en los mismos espacios históricos que la acompañan desde 2010: Galpón 11, CEC y Puerto Joven, rebautizados para la ocasión como “Crack”, “Bang” y “Boom”. Vale recordar que, sobre el final de la edición 2023, Eduardo Risso -historietista y gestor principal- había anunciado con cierta tristeza el traslado al predio de la ex Rural, algo que finalmente nunca se concretó. Los números de concurrentes de este año -aún sin cifras oficiales, pero estimados en 80.000- confirman una verdad: es imposible pensar a la convención fuera de ese lugar.

A los galpones se suma la cada vez más concurrida carpa de fanzines, de acceso libre y gratuito, ubicada estratégicamente a medio camino entre cada uno de los galpones. Es un espacio amistoso, que desborda camaradería y solidaridad. Prueba de ello fue el aplauso compartido cada vez que uno de los feriantes agotaba el stock de algún producto. La carpa, sin embargo, necesita crecer para brindar mayor comodidad tanto a los participantes como al público, que el último día la recorrió con dificultad.

Como novedad, este año se instalaron televisores con la programación completa -horarios de charlas y presentaciones- y señalizaciones que destacaban la existencia de subsuelos, como el “callejón de los artistas”, donde los lectores podían acercar ejemplares para firmar. En líneas generales, se notó un gran aprovechamiento de los espacios.

Foto: gentileza Julio Libardi

Presencias destacadas

Entre las figuras internacionales se destacaron el editor francés Frédéric Toutlemonde, director de Euromanga LLC (quien revisó carpetas de trabajo), el dibujante inglés David Lloyd (creador junto a Alan Moore de “V de Vendetta”), presente gracias al programa Cultura Circular del British Council y Espacio Moebius (Buenos Aires), y el ilustrador brasileño Rafael Albuquerque. Todos ellos ya habían visitado la convención y oficiaron de testigos de su crecimiento.

El que sí debutó y causó una mini revolución fue el mangaka Atsushi Kaneko, dueño de un estilo personal y difícil de encasillar. Brindó charlas, autógrafos y se mostró a gusto con cada una de las fotos que le pedían los fanáticos. Utopía Editorial, sello que publica “Search and Destroy” en nuestro país, agotó la venta del manga un día antes del cierre.

En cuanto a los invitados nacionales, CBB recibió, entre otros, a Alberto Saichann, Julio Azamor, Hor Lang, la argentina por opción Power Paola, Paula Andrade, Luis Scafati y Ricardo Ferrari. Para este último, la convención resultó la excusa perfecta para conocer finalmente a Eduardo Risso, con quien había trabajado en la novela gráfica “Julio César”, publicada originalmente en la revista Nippur Magnum a mediados de los ochenta.

Ricardo Ferrari, guionista del trabajo, comentó a este medio que hasta la convención nunca había visto personalmente a Risso. “En la época, claramente no existía internet, lo que obligaba a realizar una investigación histórica profunda para embarcarse en ese tipo de personajes. Concluí el guion, lo envié a la editorial Columba y pasé a otra cosa. Dos años después me llama un joven Eduardo Risso y se presenta como el dibujante que la realizaría. Recuerdo que me sugirió algunos cambios y ya ni recordaba lo que había escrito”, apunta el artista. La anécdota evidencia la masividad de la industria del cómic argentino en esos años, así como sus formas de trabajo.

Reeditada a mediados del año pasado en un único tomo por Puro Comic Ediciones, la obra fue galardonada la noche del sábado con el premio Trillo a Mejor Rescate Editorial, reconocimiento que recibieron ambos autores. Otros premiados fueron “El otro lago”, de Dani Ruggeri, como Mejor obra para público infantil/juvenil; “La Caja 5”, de Esteban Podeti, como Mejor obra de humor gráfico; “Así mataban, geografía del genocidio”, como Mejor antología; y los artistas Kundo Krunch, como Mejor autor integral por “No Robots”, y María Eugenia Alcatena por su labor como guionista de “Las durmientes”.

Foto: Gobierno de Santa Fe

Siguiendo la temática, el primer día se realizó la ceremonia de entrega de diplomas del Concurso de Historieta CBB, cuyo eje fueron los 300 años de la ciudad de Rosario. Las tres obras ganadoras formaron parte de la muestra central del evento: “El Fundador”, de Martín Prenassi y Mariano José Luengo; “300 años de monstruosidades”, de Pablo Martín Álvarez; y “Cielo de diamantes”, de Juan Cruz Arias Pereyra.

Entre las muestras, “Épico. Colección Robin Wood”, de la Biblioteca Nacional, se llevó gran parte de las miradas. Se exhibieron joyas del guionista paraguayo-argentino, así como de los diferentes dibujantes que colaboraron con sus series a lo largo de más de cincuenta años. Originales de “Pepe Sánchez”, “Mi novia y yo”, “Aquí la Legión”, “Nippur”, “Helena” y “Dago” ocuparon las paredes de la sala. Resultaba imposible no detenerse, por ejemplo, en muchas de las portadas del pintor e ilustrador Alfredo De La María: verdaderas piezas de arte.

También podían apreciarse trabajos de distintos artistas consagrados reunidos bajo la muestra “300 años de Rosario”, además de sectores dedicados a repasar la carrera de algunos invitados. Por si fuera poco, el espacio Bang reservó un área para “La cueva del Batimóvil”, un viaje visual por los modelos más icónicos del vehículo de Batman, con guiños a la historia del personaje.

Actividades

Como cada año, se llevaron a cabo talleres y charlas: algunas destinadas a presentar lanzamientos editoriales; otras, a analizar el panorama actual de la historieta nacional. Asimismo, se ofrecieron herramientas para la construcción y diseño integral de personajes, técnicas para pulir guiones y rotular correctamente, clases de rol y creación de juegos de mesa, y actividades para los más pequeños.

El broche de oro fue el multitudinario desfile de cosplay, con inscriptos repartidos en diversas categorías y temáticas. Sin dudas, lo más llamativo tanto para el público general como para los medios de comunicación. Incluso fue transmitido en vivo por el canal santafesino RTS.

Crack Bang Boom concluyó de manera exitosa, con una concurrencia muy por encima de lo esperado. Justifica así el acuerdo firmado con la Municipalidad de Rosario que, en 2023, extendió el evento por los próximos diez años. Ahora se pone en marcha la edición quince, una cifra redonda que promete celebración a la altura de la historieta.


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