‘El crecimiento empieza con gente que tenga buenos niveles de educación y de salud’
El premio Nobel de Economía 2015 disertó en la ciudad de Santa Fe en el marco del ciclo Santa Fe Debate Ideas

Entrevista con Angus Deaton

El premio Nobel de Economía 2015 disertó en la ciudad de Santa Fe en el marco del ciclo Santa Fe Debate Ideas, organizado por el Gobierno provincial.

Gabriel Rossini
redaccion@miradorprovincial.com

El Premio Nobel de Economía 2015, Angus Deaton, participó del ciclo Santa Fe Debate Ideas, una propuesta del Gobierno de Santa Fe que pretende, a través de una serie de conferencias abiertas, poner en escena temáticas que atañen a toda la ciudadanía y que, a lo largo del 2017, ha reunido a diversos referentes para discutir temáticas tan actuales como diversas, entre ellas la reforma constitucional, la comunicación y la política, el concepto de la post verdad y las cuestiones de género.

En una entrevista con Mirador Provincial desarrolló algunas de las ideas contendidas en su libro El gran escape y que expuso en la conferencia que dio a sala llena en el Centro Cultural provincial el jueves, de la que participó el gobernador de la provincia, Miguel Lifschitz.

— Argentina es un país de inmigrantes donde la idea del progreso estuvo siempre presente, tal como lo explica en su libro que ocurrió en todo el mundo durante el último siglo. Pero ahora tenemos la sensación que la actual generación es la primera que va a vivir peor que sus padres.
— No he estudiado en profundidad las relaciones intergeneracionales en Latinoamérica, pero me sorprendería un poco que esto fuera así. El único caso donde se da esta situación es en la clase media blanca de Estados Unidos. (Nota del periodista: de acuerdo a las estadísticas que difundió en su conferencia, la población blanca de EE.UU. de entre 45 y 55 años de edad es la única de todo el mundo donde la esperanza de vida es menor a la de sus padres producto fundamentalmente de la droga y los suicidios).

— ¿Es posible combatir la pobreza estructural y en todo caso con que tipo de medidas?
— Nunca utilicé la expresión “pobreza estructural” y no estoy seguro de saber a qué se refiere.

— Es un núcleo de la población, que en Argentina está entre el 25 y el 30 por ciento, que ha vivido varias generaciones en la pobreza.
— Pensándolo de esa manera sí, hay una pobreza estructural. En la India, por ejemplo, hay familias que llevan 300 generaciones en la pobreza. Sin embargo, a partir de un crecimiento económico de base amplia, estas personas han podido salir de la pobreza, no como ha sucedido en China donde el crecimiento es menos amplio. Argentina puede verse envuelta en un avance de ese tipo en lugar de retroceder.

— Usted escribe en el libro El gran escape que la historia del progreso material es “una historia simultánea de crecimiento y desigualdad”. A su criterio, ¿cómo se compatibiliza el crecimiento con la desigualdad?
— No hay un resultado general, pero si tomamos países como India y China, se han presentado una gran cantidad de nuevas oportunidades. En China, por ejemplo, cuando se le abrió el mercado a los productores agrícolas y dejó de haber control sobre los precios del arroz. Y en la India a partir del mundo de los negocios que se han generado. El tema es que algunas personas se enriquecieron y eso se supuso que iba a arrastrar a los demás, pero no siempre sucedió. Hay otros lugares como Argentina y Brasil donde partimos de una desigualdad muy importante porque hay muy pocos ricos que son dueños de prácticamente todo. Ahí los sectores más vulnerables de la población no son arrastrados por el crecimiento económico porque los ricos no lo permiten. En este caso, el crecimiento genera desigualdad porque no abarca a todo el mundo y mantiene la que ya existía.

— ¿Son las políticas impositivas las más importantes para combatir la desigualdad?
— Creo en principio creo que las políticas no deberían apuntar a la desigualdad, sino que deberían apuntar a que la gente esté mejor. Las políticas tienen que priorizar a la gente más pobre, y brindar acceso universal y gratuito al sistema de salud hace que las desigualdades empiecen a desaparecer. Además hay muy buena evidencia que demuestra que el crecimiento empieza con gente con buenos niveles de educación y de salud.

— En Argentina hay sistemas de educación y de salud públicos, gratuitos y de calidad. Y sin embargo la desigualdad en los últimos 30 años se amplió.
— No es lo que muestran los datos. El coeficiente de Gini demuestra que la desigualdad se está achicando. Es una medición del Banco Mundial.

— ¿Considera que están dadas las condiciones para que la caída de la desigualdad en el mundo, tal como lo mostró en su conferencia, se mantenga en el tiempo?
— Depende, no tengo la bola de cristal para adivinar el futuro. Esto tal vez no suene correcto estando aquí, pero Latinoamérica siempre ha sido una zona del mundo donde hubo desigualdad. Esto se remonta a la manera en la que se otorgó la propiedad de la tierra y lleva mucho tiempo superar ese sistema. Sin embargo en el mundo donde vivo (EE.UU.) se ve que Europa, el Lejano Oriente y Norteamérica se están convirtiendo en lugares de mayor desigualdad, cosa que no sucede en Latinoamérica. Y esto tiene mucho que ver con los sistemas de salud que existen.

— ¿Las políticas que se adoptaron en China e India en los últimos 30 o 40 años fueron las más importantes que se tomaron en la economía mundial?
— China tenía un sistema social espantoso. Lo que decidió es hacer crecer la economía muy rápidamente y esto de alguna manera benefició a una parte de la población. En India también el sistema social no es para nada nuevo. Es más, hay personas en ese país que miran a Argentina y Brasil para conocer el tipo de políticas sociales para aplicarlo allí.

— ¿Cuánto afectó a la economía el avance del sector financiero por sobre el productivo?
— No creo que los bancos sean mejor que la agricultura, por ejemplo. Creo que muchas economías funcionaban mejor cuando la importancia del sector bancario era más chica. La globalización tuvo efectos muy positivos en el Este, pero igualmente todo funcionaría mejor si los capitales especulativos internacionales tuvieran menor injerencia. Existe lo que se llama la tasa Tobin, creada para gravar las operaciones financieras.

— ¿Qué piensa del futuro del trabajo? ¿Considera que la tecnología, la robotización, las máquinas van a afectar el empleo mundial?
— El mundo del trabajo ya está siendo afectado por la tecnología. No soy un alarmista, pero creo que algunos trabajos van a dejar de existir. En el pasado, también sucedió: la gente realizaba tareas que ya no existen. Creo que tratar de detener esta tendencia solo traería resultados negativos. Lo que hay que hacer es tener algún tipo de red de contención para poder ayudar a las personas que deben ser redistribuidas laboralmente.

— En su conferencia, hablando de Estados Unidos, dijo que la gente ahí había dejado de creer en el capitalismo o en este tipo de capitalismo y que en los próximos 10 ó 15 años iba a haber cambios. ¿Cuáles son los cambios o por dónde van a venir?

— Es absolutamente impredecible porque tampoco están claras las alternativas a este capitalismo actual. Pero creo que en el futuro va a haber que regular al capitalismo estadounidense de manera mucho más estricta. Pasó lo mismo hace 100 años cuando surgieron los grandes monopolios, que fueron quebrados. Creo que es lo que hay que hacer. Hay que desarmar Google, Facebook, Amazon. Hay que encontrar una manera de que dejen de existir estos gigantes para poder beneficiar a la mayor cantidad de gente.

— ¿Cuál es el futuro de la Unión Europea?

— Hace diez años muchos años creíamos que la Unión Europea no iba a existir y sin embargo está ahí.

Un economista optimista

Ganador del Premio Nobel de Economía 2015, Angus Deaton (Edimburgo, 1945) es uno de los mayores expertos en economía del bienestar, salud y pobreza a nivel mundial. Distinguido por el uso innovador del análisis de datos de hogares para establecer relaciones entre los comportamientos humanos individuales y procesos sociales, su trabajo se basa en datos del mundo real para contribuir con el pensamiento económico a gran escala.

Deaton fue considerado por la organización del Premio Nobel como “inmensamente importante para el bienestar humano”. Además, su trabajo ayudó a transformar la microeconomía, la macroeconomía y la economía del desarrollo; sus descubrimientos influenciaron grandemente al diseño de políticas públicas y a la comunidad científica, ayudando así a analizar y mejorar el mundo.

Nacido el 19 de octubre de 1945 en Edimburgo, fue educado en la fundación escolar Fette College, en Edimburgo, obteniendo licenciatura y maestría en la Universidad de Cambridge, con su tesis “Modelos de demanda de los consumidores y su aplicación en el Reino Unido”. En esta misma institución fue becado para cursar estudios en el Fitzwilliam College, donde trabajó con el economista Richard Stone y Terry Barker, en el Departamento de Economía Aplicada.

Matemático de formación y economista heterodoxo, fue profesor de Econometría en la Universidad de Bristol y en 1983 ingresó a la Universidad de Princeton, recomendado por John P. Lewis ex decano de WWS.

Posteriormente trabaja como profesor en la cátedra Dwight D. Eisenhower de Relaciones Internacionales y es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Escuela Woodrow Wilson y el Departamento de Economía de Princeton.

Abiertamente heterodoxo y autoproclamado keynesiano. Reconocido por su capacidad para relacionar elecciones individuales con indicadores agregados y por su capacidad de conectar dos mundos que ha demostrado complementarios: la microeconomía y la macroeconomía. En 1980 publicó junto con John Muellbauer, el trabajo titulado Almost Ideal Demand System (Sistema casi ideal de demanda), un modelo de la demanda de los consumidores, empleado por los economistas para estudiar sus comportamientos. Formuló la Paradoja Deaton basado en la observación de un exceso de suavidad en el consumo frente a las crisis de los ingresos. Otras áreas de sus investigaciones son la medición de la pobreza mundial, economía de la salud y desarrollo económico. Durante décadas ayudó a comprender nociones fundamentales como las de pobreza, renta, bienestar y consumo.

En 1978 fue el primer galardonado con la Medalla Frisch, premio otorgado por la Sociedad Econométrica cada dos años a las investigaciones, teórica o empíricas, publicadas durante 5 años previos a la entrega del premio en la revista Econométrica. Miembro de la Econometric Society, de la Academia Británica, y de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias. Posee títulos honoríficos de la Universidad de Roma Tor Vergata, University College de Londres y la Universidad de St. Andrews. En 2009 presidió la American Economic Association. Ganó en 2011 el premio de la Fundación BBVA Fronteras de Conocimiento en Economía, Finanzas y Gestión por sus contribuciones fundamentales a la teoría del consumo y el ahorro, y la medición del bienestar económico. (Fuentes: Gobierno de Santa Fe y www.buscabiografias.com).


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