Hoy la animación de origen japonés ha inundado cuanta plataforma de streaming existe, teniendo una fuerte presencia y éxito a nivel mundial; y un estilo característico e identificable. Prueba de ello es la controversia existente con las imágenes generadas con IA que copian el estilo del cineasta japonés Hayao Miyasaki al frente del estudio Ghibli. La animación proveniente del país del sol naciente es sinónimo de calidad y ha conseguido despegarse del prejuicio que la asociaba o circunscribía solo al público infantil. La realidad es que no siempre fue así; particularmente en nuestro país vivió un crecimiento paulatino y sostenido a lo largo de los años, hasta su boom definitivo sobre mediados de los noventa.
En líneas generales el éxito del anime en Argentina se asocia no solo con el lanzamiento del canal de tv Magic Kids sino con la publicación de la mítica revista “Lazer” (orientada a esta temática) a cargo de la editorial Ivrea. A esto debemos sumarle la convertibilidad, cierto sentimiento de inminente fin de la industria editorial local y la apertura de importaciones que posibilitaron la llegada de numerosos “mangas” en castellano, casi todos provenientes de España.
En este tramo es menester realizar una aclaración. El término “manga” es usado en Japón para referirse a las historietas independientemente de su lugar de origen. Sin embargo, en el resto del mundo suele utilizarse, quizás como una herramienta de marketing y posicionamiento, para identificar solo a lo producido en el país oriental.

Algo similar ocurre con el “anime” que no es más ni menos que animación. Tanto anime como manga se retroalimentan, siendo los primeros, en la mayoría de los casos, versiones animadas y coloridas de la misma historia contada a lo largo de las viñetas. El estilo de ambas expresiones artísticas es similar, resultando habitual ver en las animaciones diseños y escenarios calcados de su versión manga. Existen distintos géneros, personajes estilizados, ojos grandes y, en líneas generales, narrativas alargadas ya que es común que los mangas originalmente se publiquen junto a otras historias en revistas de muchas páginas.
Respecto del desembarco y estreno de diversas producciones de anime en Argentina, podemos diferenciar dos grandes oleadas. La primera de ellas desde fines de los ochentas hasta mediados de los noventas y la segunda – y más extensa – desde allí hasta fines del año 2000. Son años que marcaron un antes y un después; y que sentaron las bases del fanatismo en nuestro país.

Primera etapa
Si bien es cierto que series japonesas como “Kimba, el león blanco», creación de Osamu Tezuka, y la automovilística “Meteoro” – transmitidas entre los años sesenta y setenta – dejaron una fuerte huella en la cultura popular argentina; ninguna de ellas detonó el boom del anime que llegaría años más tarde. Hasta ese momento eran producciones aisladas, dibujos animados extranjeros que gozaban de cierta reputación.
El término anime comenzó a asomarse recién entre los años 1988 y 1991 con la llegada de una gran cantidad de series animadas. Entre ellas se encontraban “Candy Candy”, “Cobra”, “Heidi”, algunas a cargo de la inmensa, TOEI Animation. Otras tendrían un denominador común, los robots gigantes o “mechas” como se los conoce actualmente. En esa línea sobresalieron dibujos como “Mazinger Z” (obra de Go Nagai), “Arbegas: el rayo custodio”, “Astroboy”, “Ironman 28” o “Voltron”. Es preciso mencionar que ninguna de ellas alcanzó la notoriedad de “Robotech”, creada y editada en los Estados Unidos por la firma Harmony Gold a partir de tres series japonesas totalmente distintas (“Macross», “Southern Cross” y “Genesis Climber Mospeada”). Una suerte de Frankenstein que increíblemente funcionó muy bien y cuya gesta bien merecería una nota en solitario.
Sobre fines de los ochenta llegarían series norteamericanas muy exitosas (“Los Halcones Galácticos”, “Thundercats”, “Las Tortugas Ninja”) que pusieron de algún modo un freno al consumo y estreno de producciones japonesas en la televisión abierta. No obstante, algunas de ellas tendrían una segunda vida tras el nacimiento de “Cablin” y “Big Channel”, dos de los primeros canales de televisión por cable destinados 24 horas al público infantil.
La sequía solo se vio interrumpida por el estreno en 1992 de “Supercampeones”, recordada serie con el fútbol como bandera basada en el manga de Yoichi Takahashi. Las aventuras de Oliver, Benji y compañía extendieron su popularidad a álbumes de figuritas y un extenso merchandising.
En el mercado del video hogareño comenzaron a circular realizaciones, hoy de culto, como “Akira”, película de 1988 homenajeada en infinidad de ocasiones y signada como una de las mejores cintas de animación de todos los tiempos.

Segunda etapa y consolidación
En 1994 durante la emisión del programa infantil “Top Kids” en el viejo canal ATC se transmitió por primera vez y en un brevísimo segmento “Dragon Ball”, claro que lo hizo con una traducción un poco extraña en donde Goku no se llamaba así, sino “Zero”. Se trata de una fecha clave porque estamos hablando, sin dudas, de una de las sagas animadas más importantes que apenas un tiempo después sería la encargada de desatar un fanatismo por el anime que se extiende hasta nuestros días.
Esa primera incursión de la obra de Akira Toriyama en las pantallas argentinas es cuanto menos accidentada. Su transmisión llegó de la mano de la juguetera “Jocsa” que dueña de los derechos de venta y distribución de las figuras de acción, intentaba darles una buena difusión. Lo curioso es que el merchandising que poseía no correspondía a la etapa que estaba siendo emitida por televisión sino a las versiones más adultas de los personajes. Como solución apurada decidieron emitir, imaginamos que esquivando cualquier permiso legal, las primeras películas de “Dragon Ball Z”, dobladas al castellano en España. Apenas un año más tarde y por la misma televisora, fue emitida con paso fugaz “Caballeros del Zodíaco”.
En 1995 nace el canal infantil “Magic Kids” que al perder los derechos de emisión de series animadas con su competidor “Fox Kids”, decidió nutrir su programación de aquello que tenía a mano y que le resultaba más económico. Es decir, anime.

Su primera incursión en la materia fue con “Caballeros del Zodíaco”, que esta vez con su transmisión ordenada y sin saltos de capítulos se convirtió en un verdadero éxito. La creación de Masami Kurumada caló tan bien en el público argentino que terminó aterrizando en cines con una propia película en vacaciones de invierno de 1996.
Ese mismo año el canal estrenaría “Sailor Moon” de Naoko Takeuchi, serie protagonizada por cinco adolescentes de secundaria; y apenas un año después “Dragon Ball”. Tres grandes hits que bien supo reflejar la revista “Lazer” en la portada de su primer número bajo el título de “la segunda oleada japonesa”. La publicación a cargo de Leandro Oberto fue uno de los pilares fundamentales para el crecimiento del público “otaku”, focalizando su interés en las distintas obras provenientes de Japón.
La fiebre se había desatado. Los kioscos de diarios se inundaron de publicaciones que explotaban este fenómeno como “Ran”, “Otaku”, “Nuke” y “Enciclopedia del manga y anime”. Incluso el sello Vértice consiguió la licencia oficial para la venta a través de los mismos de películas y Ovas bajo una colección que llevó por nombre “Anime: La colección de oro”. Así vieron la luz “Akira”, “Alita” y “Ghost in the Shell”, por nombrar algunas.
Para el año 1998, el canal “Magic Kids” seguía en claro ascenso con el estreno de series como “Las guerreras mágicas” (de estudio Clamp) y “Dragon Ball Z”, consiguiendo con este último, un nivel de audiencia hasta esos momentos impensado. La buena fortuna continuó con dibujos como “Zenki”, “BTX” y “Pokémon”. Todo esto alentó al canal a producir su propio programa de televisión destinado a la materia, “El club del anime”, conducido inicialmente por Leandro Oberto y luego por Mariela Carril. Emitido los fines de semana por la mañana, en el programa vieron la luz en forma de maratón dibujos como “Ranma ½” y “Detective Conan”.
El interés se extendía a las salas de cine (se estrenaron tres películas de Dragon Ball Z en menos de dos años), eventos de comics y distintos fans club a lo largo del país. En la ciudad de Rosario, se popularizó la convención “Leyendas” (realizada a lo largo de diez años y antesala de la Crack Bang Boom) en donde comenzaron a desarrollarse los famosos cosplays. Entre los fandoms rosarinos se destacó “ADAM” (Asociación en defensa del anime y manga) con fuertes vínculos son su subsidiaria en España, que organizó proyecciones y acercó a sus miembros producciones sin ninguna de las censuras que eran moneda corriente en las emisiones por tv.
Nuevos canales aparecieron siendo uno de los más célebres “Locomotion”, orientado a una animación un tanto más adulta. Allí se estrenaron verdaderos clásicos como “Neon Génesis Evangelion” y “Cowboy Bebop”.
En 1999 el desaparecido canal “The Film Zone” inauguró un segmento semanal destinado al anime donde se emitieron algunos films, la mayoría de ellos, del personaje “Lupin III” (del mangaka Monkey Punch). Un año después Cartoon Network estrenaría “Card Captor Sakura” y más tarde “Samurai X”; mientras que Fox Kids competiría con dibujos como “Digimon” y “Monster Rancher”. Por otro lado, Nickelodeon traería el anime del famoso juego de cartas ¡Yu-Gi-Oh! en el año 2002.
En televisión local, Azul tv (hoy canal 9 de Buenos Aires) tenía el programa “Azul toons”; mientras que Canal 7, en una sección del envío “Pulgas en el Siete”, emitía diariamente “Slayers”.
Mediando el 2000, Magic Kids siguió en racha con la presentación de animes de la talla de “Slam Dunk”, “Dr. Slump”, “Estás Arrestado” y “Escaflowne”.
Tras el cierre de Locomotion, en 2005 desembarcó Animax, canal en el que se emitieron series como “Fullmetal Alchemist”, “Hellsing”, “Prince of Tennis” y “Bleach”. Es a través de este mismo que en 2006 se transmitió “Death Note”, quizás el último de los estrenos fuertes antes del cambio de época y la proliferación de plataformas de streaming dedicadas íntegramente al anime como la famosa Crunchyroll.com.

¿Qué es lo que ofrece el anime?
Variedad de géneros y libertad creativa son algunas de las razones principales por las que el argentino se ha volcado hacia la animación japonesa. Las producciones escapan de la censura, expresando al mismo tiempo fuertes valores de sus personajes protagonistas. Existen clasificaciones por edad, una buena segmentación y un respeto por el público provenientes de una cultura que no considera a los dibujos animados como infantiles.
