Historieta nacional: la madurez narrativa de Pablo Vigo en “Victoria”
Cualquiera que haya leído algo de Vigo no se sentirá defraudado por esta nueva obra llamada Victoria. Afortunados quienes se acerquen a su arte por primera vez. Credit: Gentileza.

Una de las grandes apuestas del sello porteño Maten al Mensajero fue, allá por el año 2017, el lanzamiento de “Lo Salvaje”, novela gráfica del artista Pablo Vigo. El trabajo funcionó, alcanzando buenas ventas y la aprobación de los lectores y de la crítica especializada. Coloquialmente, se trató de un verdadero win-win, algo beneficioso para ambas partes: hoy nadie duda del catálogo y de los criterios de selección de la editorial, y Vigo consiguió que su carácter intimista y el interés que tiene por las experiencias de la vida cotidiana llegaran a nuevos lectores.

“Lo Salvaje” recopilaba una serie de historietas cortas publicadas en la revista Doppelgänger entre 2013 y 2016, espacio en el que el autor comenzó a llamar la atención. Allí, mediante un tono amigable, representaba escenas mundanas y costumbristas. El artista retrataba e indagaba sobre situaciones de todos los días, complejidades y sentimientos varios, como las fobias, la melancolía y la soledad. En la mayoría de ellas, el foco de atención estaba puesto en la transición de la juventud a la adultez.

Estas características se convirtieron en su sello distintivo. Vigo consigue encerrarnos junto a los personajes, compartir sus frustraciones y desterrar algo que, como lectores, también llevábamos adentro. Su lectura ayuda a purgar; es, de algún modo, terapéutica. Pequeños acontecimientos, momentos, recuerdos, fragmentos de vida: el día a día como disparador, como puerta de ingreso a un universo plagado de sufrimientos y reflexiones sobre hechos pasados y futuros.

Bajo Maten al Mensajero llegaron posteriormente “Dusko, 5 historias” (2021) y “Dusko: Doble Función” (2022), trabajos de corta extensión que mantenían el mismo espíritu y nivel visual.

“A mí me encanta la historieta independiente norteamericana. Gente como Chris Ware, Gabrielle Bell, Daniel Clowes, Adrian Tomine, los Bros Hernandez, Seth, Julie Doucet, etc. Asimismo, me vuelve loco el trabajo de John Romita y Will Elder. De alguna manera, adhiero bastante a esa escuela de hacer historietas donde las líneas de pincel son pesadas y claras, y el color es chato y brillante, con historias que tienen mucho peso”, sostiene el artista.

Con la misma editorial, desde septiembre puede conseguirse Victoria, una segunda novela gráfica que presenta una historia central protagonizada por quien da nombre al título, así como una selección de las mejores historias de Dusko.

La contratapa presenta al libro de la siguiente forma: “Esta es Victoria. Victoria nunca se sintió parte de algo. Esta es su historia, ya sea que esté escrita por ella o contada por otra persona. Las aventuras de Victoria la llevan a enfrentarse a un pirómano, a correr de la policía por comprar un juguete de plástico en el Parque Rivadavia, a ir al cine con su amiga Julieta a ver una película de terror y a confrontar una logia de oligarcas que controlan al país. ¿Qué quiere Victoria? Pablo Vigo conjura una historia sobre la frustración, los terrores mundanos que hacen a nuestra existencia y sobre el deseo de tener algo (una mesa de café, una ballena de plástico, lo que sea) para poder echar un ancla. Acompañan a esta novela gráfica breve cinco relatos que iluminan los conflictos internos sobre el deseo de conectar con la familia y con aquellos actores que consideramos pasajeros en nuestra vida.”

“Victoria” puede adquirirse en comiquerías y librerías especializadas. Para más información, pueden contactarse a https://www.instagram.com/matenalmensajero

La obra

La novela gráfica se presenta con tapa y contratapa a color y con maquetación a cargo de su propio autor. Está editada en blanco y negro, adopta el formato de 23 x 16 cm y cuenta con una extensión de 128 páginas. Además, tiene a Santiago Khan como editor responsable.

El tomo, si bien carece de prólogo, incluye en sus páginas finales agradecimientos del artista. Se divide en dos grandes apartados, cada uno compuesto por cinco capítulos o historias. El primero de ellos está protagonizado por un personaje al que no parece irle nada bien y que, irónicamente, lleva como nombre el de Victoria.

Vigo se toma su tiempo y da forma a una historia lineal, extensa —algo a lo que no nos tenía acostumbrados—, que cierra de forma perfecta.

Victoria es una joven que llegó a la ciudad de Buenos Aires desde Villa Gesell con una mochila de sueños que se han ido progresivamente desvaneciendo. Nada parece salirle bien y es presionada principalmente por su madre para que emprenda el regreso. Pero Victoria necesita, aunque a veces le resulte difícil explicarlo, aferrarse a algo. En la mayoría de los casos se trata de objetos, pero en el fondo no es otra cosa que la ciudad. La mención de los objetos, sobre todo físicos, no es caprichosa, ya que la relación que las personas mantienen con ellos es el principal móvil de la compilación.

En “La ballena de plástico”, Victoria es descripta desde la primera viñeta —en una clara declaración de intenciones— “como una persona que nunca se sintió parte de algo”. En la historia visita una feria de Parque Rivadavia junto a unas amigas, donde encuentra y compra una figura similar a uno de los dibujos animados que veía de chica: la ballena Josefina, un anime en el que un niño afrontaba las dificultades de su infancia con la ayuda de una ballena mágica fruto de su imaginación. Victoria contempla la imagen: es un triunfo, algo que es suyo y que forja un vínculo con su pasado. La escena concluye con la intromisión de la policía, una requisa que es también el fin y la muerte de ese espacio, un lugar donde sentirse segura.

Continúa con “Combustión”, historia con escasos diálogos y muchos bloques de texto, donde la propia protagonista es la voz que describe la acción. Se acerca al policial con aires de noir. Victoria intenta hallar a un pirómano que acecha el barrio, mientras lidia con un trabajo en el que se siente incómoda y maltratada. Se disparan miedos: todo se prende fuego, todo se consume.

Una sentencia es clara y llega mucho antes del final. Victoria se acerca a unos contenedores de basura incendiados y detalla que existen tres tipos de personas a las que les resultaría imposible desviar la atención de esa suerte de fogata: personas marginales, solitarias y ella. Lo que probablemente no sepa aún es que Victoria es una conjunción de las dos.

En “Lamia”, el autor explora principalmente la conflictiva relación que Victoria mantiene con su madre. Abundan los diálogos, muchos orientados al cine, rama del arte que atraviesa no solo este relato, sino todo el trabajo —prueba de ello son los títulos de cada capítulo, todos con una fuente distinta que remiten al noir, el thriller y la comedia—.

Le sigue “La cura hablada”, un relato breve que parte de una premisa muy interesante: decir en voz alta lo que nos pasa puede ayudar. Así la vemos a Victoria hablarse y hablarnos sobre sus sentimientos en torno a la pérdida de un trabajo que no le gusta, pero “que le brindaba el sentimiento de estar haciendo algo”. Describe actitudes y situaciones laborales que rozan lo absurdo, pero que son reales y aceptadas de alguna forma. En algún momento Victoria se pregunta: “¿Cuánta dignidad se puede ceder antes de no reconocerte?”.

El cierre llega con “La ballena de cristal”, la más extensa de las historias. Vuelve el narrador omnisciente, los bloques de texto grandes y los numerosos diálogos. Victoria está cansada y con notorias cicatrices de una vida adulta llena de fracasos e indiferencias. Debe regresar a su casa y la decisión no parece haberla tomado ella. Relata además su contacto con cierta élite rica y sus formas de ejercer el poder y la presión. Los mejores diálogos de la compilación se dan en este marco. Aparece la figura del tío, quizás la única persona que la entiende. Vigo conmueve y brinda un cierre perfecto a la historia.

El segundo apartado, “Otras historias”, ofrece una selección de historietas sueltas aparecidas previamente bajo otros formatos. Su inclusión no es casual: todas remiten a la importancia de los objetos y a la imperiosa necesidad de aferrarnos a ellos para simplemente “ser”.

Algo así sucede en “La taza” y “Searchers of the Lost World”, mientras que “Ella” indaga acerca de la soledad y las apariencias. Completan “Aloe Vera” y “Aparición en el departamento 7ª”, que trabajan el tema de la culpa y las relaciones conflictivas, la última con tintes de terror.

Respecto a las viñetas, Vigo despliega una diagramación estructurada, clásica y fácil de seguir. Presta especial atención a los planos y a las calles de Buenos Aires, así como a los objetos. Se declara más análogo que digital, y esto puede apreciarse en el letreado, las tipografías elegidas para los títulos, así como en el entintado. Estas formas “artesanales” se llevan de maravilla con sus personajes rotos, pero ante todo muy humanos. Trabaja muy bien la escala de grises y las sombras, y manifiesta, como siempre, su predilección por la línea más gruesa en el dibujo.

El arte de Pablo Vigo traza puentes y dialoga con sus lectores. Transita con cintura por distintos géneros, es empático y, por momentos, muy introspectivo. Sus historias incomodan porque pertenecen a la gente común, de a pie. Describe miedos y personajes que se mueven por inercia, presos de la rutina y cansados de perder aquello que consideran suyo.

Cualquiera que haya leído algo de Vigo no se sentirá defraudado por esta nueva obra llamada Victoria. Afortunados quienes se acerquen a su arte por primera vez.


Te puede Interesar

Diego Jara, una joya concordiense en Nicaragua

El exfutbolista concordiense Diego Jara, conocido por haber logrado ascensos en distintas categorías del fútbol argentino, comenzó una aventura internacional, pero esta vez como director técnico de un equipo. Tras su vuelta a Concordia y su retiro oficial de las canchas, Jara había decidido comenzar a vivir una nueva etapa en su carrera y lo…