Economistas: El contexto global es la diferencia clave de la economía argentina actual con los años 90

En su reciente libro «Back to the 90s», los economistas Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de ECO GO, y Daniel Kernes, analizan la década de la Convertibilidad en busca de herramientas para romper la inercia argentina. Dal Poggetto advierte que el actual plan económico del gobierno de Milei genera problemas en diversos sectores productivos, enfatizando que un programa de estabilización exitoso exige gestionar simultáneamente la microeconomía, la macroeconomía y la gobernabilidad.

La Convertibilidad, Milei y los Desafíos de la Economía Argentina

La economista Marina Dal Poggetto, coautora del libro «Back to the 90s» junto a Daniel Kerner, analiza las profundas resonancias entre la década de 1990 y el escenario económico actual. Según Dal Poggetto, el disparador del libro fue la propuesta de dolarización de la campaña electoral, una estrategia que considera «muy exitosa». En aquel momento, los economistas que señalaban los problemas de la dolarización y los paralelismos con la Convertibilidad quedaban «fuera del camino». De allí surgió la idea de abordar los años noventa de forma integral: qué fue la Convertibilidad, cuál fue su herencia, cómo se ordenó, cuáles fueron sus «años dorados» y, crucialmente, los problemas que surgieron cuando el dólar se fortaleció globalmente, las tasas de interés subieron, los precios de los commodities cayeron y la rigidez cambiaria desencadenó una crisis, a pesar de los esfuerzos de la Alianza por sostenerla. Dal Poggetto subraya que el programa del actual gobierno fue «mucho más pragmático» de lo anticipado, pero el presidente Milei ha jugado con el paralelismo de los noventa, simbolizado por el ingreso del busto de Menem a la Casa Rosada y la reivindicación de Menem como «el mejor presidente de la historia» y Cavallo como «el mejor ministro de Economía de la historia».

Un Mundo Distinto: Globalización vs. Proteccionismo

Al comparar ambas épocas, Dal Poggetto enfatiza que «el mundo es otro». La década de los 90 estaba marcada por el Consenso de Washington, un manual para las economías emergentes en un mundo unipolar, donde la apertura económica, las privatizaciones y la propiedad intelectual eran pilares. Hoy, el escenario global tiende hacia un mayor proteccionismo y fragmentación. La economista menciona cómo esta fragmentación se observa «sobre todo después de la intervención militar en Venezuela y cómo se va armando la política detrás de este concepto de Doctrina Monroe».

En este contexto, Argentina requería un programa de estabilización más pragmático que el discurso original. El actual esquema incluyó un «shock controlado» y un intento de recapitalización del Banco Central de la República Argentina (BCRA), manteniendo controles de capitales. Sin embargo, evolucionó hacia un «anclaje cambiario muy duro», con una lenta desaceleración de la inflación y atraso cambiario. La apertura de la economía, si bien funciona para corregir el «descalabro de los precios relativos elevados» (precios de bienes subiendo por debajo de la inflación y servicios públicos por encima), comienza a generar daños en vastos sectores productivos. Este punto establece un paralelismo con los noventa, donde el aumento del desempleo, producto de las privatizaciones, fue la contracara del incremento de la productividad. No obstante, hoy la economía es «mucho más informal». La Convertibilidad, en los noventa, fue «muy exitosa para bajar la inflación de Argentina», lográndolo más rápido que en el resto de la región, al igual que las reformas estructurales.

Reformas Estructurales y el Acceso al Crédito

Respecto a las reformas estructurales impulsadas por Milei, Dal Poggetto observa una diferencia clave: Milei «arranca la segunda mitad de su gestión con una reforma laboral que Menem no se animó a hacer y De la Rúa negoció». El paralelismo fundamental radica en el intento de Argentina de volver a los mercados de crédito, que en los noventa eran incipientes. En esa década, el país logró manejar la dominancia fiscal refinanciando los vencimientos de la deuda en el mercado, con un «prácticamente equilibrio fiscal» y una consolidación de la deuda que solucionó el balance del BCRA. Hoy, el balance del BCRA se «arregló pasando la deuda al Tesoro», pero sigue siendo un problema no resuelto, ya que Argentina «todavía hoy no tiene acceso al crédito» y depende de los controles de capitales.

El Ajuste Fiscal y la Evolución de las Demandas Sociales

La economista explica que la demanda de estabilidad a fines de los 80 y principios de los 90 era prioritaria para la sociedad. Menem ganó con propuestas de «Revolución Productiva y Salariazo», pero rápidamente viró hacia la consolidación fiscal, un camino iniciado por el Plan Bunge y Born, que ancló el tipo de cambio y bajó las tasas de interés, pero terminó en una «segunda hiperinflación». El Plan Bónex, la «limpieza del balance del Banco Central» y la consolidación fiscal fueron obra de Erman González. Cualquier programa de estabilización requiere consolidación fiscal, un programa financiero y un «ancla alternativa», que Dal Poggetto denomina un «programa monetario». En los noventa, esa ancla alternativa a la cambiaria nunca se construyó, existiendo solo una caja de conversión del tipo de cambio fijo. Sin embargo, un programa fiscal y financiero permitió «cortar de cuajo la dominancia fiscal».

El shock externo y el ajuste deflacionario de la Convertibilidad, sin un prestamista de última instancia, dejaron una marca en la memoria social. Si bien la sociedad seguía demandando estabilidad, también buscaba «otras cosas», lo que llevó a la Alianza al gobierno. Tras la crisis de 2001, las demandas sociales cambiaron drásticamente, con un «25% de desocupación» que hizo que la prioridad fuera el empleo. Durante los «20 años» siguientes, los gobiernos Kirchner aprovecharon el salto de productividad de la Convertibilidad, la baja inercia inflacionaria tras una década de estabilidad de precios, los superávits gemelos y un cambio en los precios internacionales (dólar debilitado, commodities fortalecidos). Sin embargo, se «terminó forzando el corto plazo de una forma inédita» hasta transformar los superávits gemelos en déficit fiscal en 2009 y externo en 2011, año en que Cristina Kirchner ganó la elección con el «54% de los votos». A partir de entonces, sin superávits y con un creciente daño al balance del BCRA, la economía derivó en una tasa de inflación que ya rondaba el «20 y pico por ciento» hasta llegar al «200%» que recibió el gobierno de Milei.

Milei: Consenso Político y las Demandas Actuales

En términos electorales, Dal Poggetto señala que, «en gran medida por autodestrucción del peronismo», las demandas sociales no se están plasmando contra Milei «por ahora». El presidente «ganó la elección de medio término y se revalidó», tiene la primera minoría en Diputados y «casi la primera minoría en Senadores», logrando la aprobación de proyectos de ley. Si bien obtuvo el «41% los votos», «todavía no tiene nada del otro lado». También destaca que el aumento del desempleo es «mucho menor que en los 90», cuando alcanzó el «17% en 1997/98» y el «25% en 2002». Actualmente, el desempleo es del «6,6%», y la informalidad junto al monotributo «absorben buena parte de la destrucción del empleo formal», estancado «desde hace más de 10 años». Por el momento, la demanda de estabilidad parece primar, pero este escenario es dinámico y puede cambiar a medida que la apertura económica conviva con un dólar que el gobierno sigue utilizando como ancla, a pesar de haber recalibrado el esquema de bandas. Hoy, el gobierno prioriza la desinflación por sobre la acumulación de reservas. La segunda gran diferencia es que Milei contó con prestamistas de última instancia, como Bessent y el Fondo Monetario Internacional (FMI), a diferencia de los 90. La pregunta es si esa asistencia es «para siempre» o si en algún momento será necesario «empezar a recapitalizar el balance del Banco Central».

La Macro, la Micro y la Gobernabilidad: Ejes Ineludibles

Dal Poggetto aborda la necesidad de reformas estructurales (laboral, tributaria, previsional) y el consenso político. Milei, al inicio, tenía el «10% de la Cámara de Senadores y el 15% de la Cámara de Diputados», gobernando «durante dos años a fuerza de DNU, vetos y sin presupuesto». Recién después de la elección de medio término «empezó a tener caudal político», logrando la aprobación de la ley de Presupuesto y la de Presunción de Inocencia Fiscal (una especie de blanqueo permanente). No obstante, la productividad sistémica actual de Argentina es «mucho menor que la que tuvo en los 90» en términos de estructura tributaria: entonces «no había retenciones ni impuesto al cheque» (que se instauró en 2001), y existía un Pacto Fiscal con las provincias con una carga impositiva «significativamente menor» a la actual. La presión impositiva en los 90 era «mucho más baja que hoy», y la infraestructura, producto del aumento de las inversiones, era «bastante mejor» debido a la desinversión actual por la necesidad de ajustar los gastos de capital. Recién ahora se permitió a las provincias tomar deuda para obras. En lo regulatorio, el decreto 70, que emula al de Pablo Rojo de los 90, es un intento ante la falta de caudal político.

Sobre la perdurabilidad de las reformas, la economista es cautelosa: «Todas las reformas de Menem que pasaron por el Congreso se dieron vuelta». La Alianza, aunque ganó por sostener la Convertibilidad, luego propuso romper acuerdos. En las últimas dos elecciones presidenciales, Alberto Fernández declaró la deuda impagable, y en la de 2023, Juntos por el Cambio hizo lo propio con la deuda en pesos, mientras Milei propuso no renovar plazos fijos por ser «excrementos». «Mientras no logremos alargar el horizonte de las decisiones de la Argentina y que las campañas electorales no se hagan proponiendo la ruptura de contratos, fundamentalmente las de la deuda, la verdad es que es muy difícil», afirma. Para suavizar el ciclo económico y maximizar la tendencia (lo que hacen los países «normales»), se requiere un eje macroeconómico con un programa fiscal, financiero y monetario que busque «recapitalizar el balance del Banco Central, volverlo creíble, tener un riesgo país sostenido en el tiempo». En segundo lugar, un programa político que asegure la gobernabilidad, la aprobación de reformas en el Congreso y la no anulación judicial. El tercer eje es la microeconomía: hasta dónde el intento de reformas y gobernabilidad no se erosiona por el deterioro de los sectores afectados por la apertura. «Los tres ejes deben estar en simultáneo: la macro, la micro y la gobernabilidad», concluye.

Dal Poggetto coincide con la percepción de que al presidente «no le interesa la micro», ya que él mismo sostiene que de eso deben ocuparse las empresas, mientras él se enfoca en la macro. Sin embargo, advierte que si la micro se deteriora, el desempleo aumenta y las demandas sociales cambian, el vértice de la gobernabilidad también puede deteriorarse. «Gobernar implica manejar los tres partidos en simultáneo», lo que configura un programa de estabilización exitoso. La Convertibilidad funcionó hasta que la falta de un anclaje alternativo al cambiario y la dolarización de los contratos la voltearon, sin prestamista de última instancia. Los «20 años» posteriores fueron una «sobrerreacción al 2001». Otros países de la región encontraron mecanismos más razonables y hoy tienen mercados de crédito más amplios y bancos centrales con buena reputación. Argentina «rompió el balance del Banco Central» y hoy debe recapitalizarlo. La pregunta es si se prioriza el corto plazo y el anclaje cambiario para bajar la inflación más rápido, o la desinflación sobre la construcción de un anclaje alternativo. Por ahora, el prestamista de última instancia «te salvó dos veces», pero la dominancia fiscal «sigue estando intacta».

Prioridades del Gobierno y Riesgos Futuros

En relación a la economía real en 2026, Dal Poggetto distingue entre su pensamiento y lo que el gobierno está haciendo. Su lectura es que el Ejecutivo prioriza «la macro por sobre la micro y la gobernabilidad por sobre la micro». Esta estrategia le «funcionó para revalidarse en la elección de medio término». El gobierno tiene dos activos: la «destrucción de la oposición», lo cual, aunque puede ser un problema, funcionó en esta elección. Sin embargo, «cada evento electoral puede terminar llevándote puesto». El gobierno sigue priorizando la desinflación, y para ello, la apertura de la economía con un dólar «atrasado» genera problemas en sectores que venían de una «economía extraordinariamente protegida». A medida que el escenario se prolonga, estos sectores empiezan a sufrir.

Un ancla cambiaria con apertura económica en un mundo que, a diferencia de los 90 donde la globalización era el camino, hoy se dirige a una «desglobalización», con los «saldos exportables chinos» ganando terreno en muchos sectores productivos. La pregunta es hasta dónde el daño en la microeconomía no termina afectando la gobernabilidad y, eventualmente, la macro. ¿Es esto un cambio de régimen o el «péndulo» recurrente entre gobiernos que abren la economía y apelan al crédito, y aquellos que la cierran y se quedan sin financiamiento? Otro interrogante es «a qué mundo estamos yendo». La alianza de Milei con Trump, que parecía osada, «le terminó funcionando» y Argentina fue el primer país de la región en alinearse con él. Con «muchos frentes abiertos», la microeconomía está sufriendo.

El modelo anterior, con brecha cambiaria, tasas de interés negativas y economía cerrada, «no era sostenible», encarecía «absurdamente» los bienes argentinos. Si las tarifas hubieran corregido para el ajuste fiscal y el corte del financiamiento monetario (condición para frenar la inflación), habría llevado a más gente «por debajo de la línea de la pobreza». Hoy hay una «corrección de precios relativos en el sentido correcto»: los precios de los bienes suben «bien por debajo de la inflación» y los servicios regulados «bien por encima». Sin embargo, este esquema genera daños en sectores cuyos precios suben por debajo de la inflación y sus costos por encima, en una economía donde la productividad sistémica no ha cambiado.


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