La Regata del Río Negro es una tradicional maratón de canotaje que se desarrolla en la provincia homónima, la cual es catalogada como la más larga del mundo de este tipo, ya que son nueve extenuantes etapas que los palistas deben realizar para poder finalizar la competencia. La edición 2026, en la cual la prueba celebró sus 50 años, finalizó el pasado 18 de enero, en Viedma, donde dos paranaenses hicieron historia.
Érica Riera y Ramiro Bastida lograron el primer puesto en la categoría Travesía mixtos B tras ganar las nueve etapas, lo cual les permitió subirse a lo más alto del podio en su división. Tras la consagración, los representantes de la Escuela de canotaje expedición y natación de aguas abiertas (Ecenaa) se tomaron unos días en la costa argentina para descansar y festejar.
Ya de vuelta en la capital entrerriana, los palistas recibieron a Mirador Entre Ríos y contaron cómo fue su experiencia en el sur argentino.
“La Regata del Río Negro es, en Argentina, uno de los eventos más importantes que tiene el canotaje de maratón. Todas las personas que compiten en maratón se ponen como objetivo participar alguna vez de esta prueba. Es una competencia que tiene su propio folklore y se vive con mucha pasión de la gente que acompaña. Fue muy lindo correrla y poder sentir desde adentro todo ese calor de la gente. Obviamente que el haber salido primeros en nuestra categoría le dio un plus”, comentó Ramiro, de 42 años.
Por su parte, Érica, de 43 años, aseguró que “cuando nos propusimos participar, nos preparamos durante todo el año y en los últimos meses entrenamos prácticamente todos los días. Tuvimos la complicación de que en octubre me quebré el pie, por lo que estuvimos parados un mes, pero en noviembre y diciembre le metimos con toda porque queríamos llegar bien. Cuando sucedió lo de mi lesión creo que él temió un poco por la posibilidad de que no pudiéramos llegar, pero yo me concentré en mi recuperación y a los dos días que me sacaron el yeso estábamos nuevamente en el agua. Fue un esfuerzo doble porque tuvimos que recuperar el tiempo perdido durante ese mes, pero nada nos detuvo y pudimos lograrlo”.
“Teníamos el objetivo de ganar alguna etapa y nos fue mejor de lo que esperábamos –acotó–, ninguno de los dos nos imaginábamos que íbamos a ganar las nueve etapas”.
Además, destacaron la importancia de entenderse sobre el bote: “Hace bastante que venimos remando juntos, ya sea entrenando o participando en carreras locales. Nos entendimos bastante bien, hablándonos poco en la prueba porque ya nos conocemos y fue una ventaja. Veíamos que otros equipos se llevaban bastante mal y eso repercute a lo largo de los días”.
SE ADECUARON
El binomio Riera-Bastida se preparó arduamente en las aguas del río Paraná, aunque debieron adaptarse a un escenario más complicado.
Ramiro explicó algunas de las dificultades que tiene esta regata: “A nivel mundial casi no existen competencias de nueve etapas y las maratones, habitualmente, duran dos horas. Acá teníamos etapas que tenían un promedio de duración de tres horas, por lo que era una exigencia física muy grande. El río es totalmente distinto al nuestro, mucho más rápido, con más remansos, pedreros y arboledas. Eso hizo que el desafío sea más interesante y difícil para nosotros, ya que competíamos contra palistas locales que corrían con la ventaja de conocer mucho mejor ese río”.
Mientras Érica aseguró que “el primer rival es el río. Hay que conocerlo, saber qué conviene hacer en cada momento para completar las nueve etapas con el bote sano. Es una carrera en la que, si se te rompe el bote, no podés volver a largar en otra etapa, por lo que hay que ir yendo con mucho cuidado a pesar de que estás compitiendo con tus rivales. Además, durante esos días tenés que estar concentrado en todos los detalles, como comer y descansar bien ya que al ser una prueba de tantos días cualquier inconveniente te puede dejar afuera de todo. Por suerte un amigo, Diego Sanabria, nos ayudó mucho en esas cosas de trasladarnos, prepararnos la comida en el horario indicado y demás cuestiones de logística. Es bastante estresante, aunque se disfruta mucho”.
Además de esto, la pareja compitió con un nuevo bote, el Ipa Apa, el cual fue fabricado para esta prueba por el astillero local Mix Composite, por lo que también debieron adaptarse a la embarcación.
“Fue una ventaja porque al ser nuevo le entró menos agua, fue más resistente y se deslizó mejor en el agua. Estamos muy agradecidos con ellos (la gente del astillero) porque lo fabricaron en menos de un mes. También es cierto que debimos adaptarnos rápidamente a una embarcación nueva, que era un poquito más inestable a lo que acostumbrábamos, pero no fue un inconveniente”, señaló Ramiro.

