El gobierno de Santa Fe inauguró en Granadero Baigorria un hostal asistido de Salud Mental en una vivienda recuperada del delito, que brindará un hogar a diez personas externadas del Hospital Agudo Ávila de Rosario. Este nuevo dispositivo se suma a una red provincial de 24 espacios, fortaleciendo la estrategia de sustituir las internaciones psiquiátricas prolongadas por proyectos de vida en comunidad.
Inauguración de un hostal asistido en Granadero Baigorria
Una vivienda recuperada del delito en Granadero Baigorria se ha transformado en un nuevo hostal asistido de Salud Mental, inaugurado recientemente por el gobierno de Santa Fe. Este espacio permitirá a diez personas usuarias de Salud Mental reconstruir su autonomía, pudiendo decidir qué comer, cuándo salir o cómo organizar su habitación. Los residentes son personas que, tras años en el ex manicomio Agudo Ávila de Rosario, ya no requieren internación hospitalaria pero carecían de un lugar propio al cual llamar «casa».
El nuevo dispositivo se suma a la red provincial de 24 dispositivos habitacionales destinados a personas que atravesaron internaciones psiquiátricas prolongadas y que, estando en condiciones de vivir fuera de los hospitales, no cuentan con un entorno que los reciba. «Transformar una vivienda recuperada del delito en una casa luminosa para recibir a los santafesinos que más lo necesitan es maravilloso», expresó la ministra de Salud, Silvia Ciancio, durante la inauguración. La casa, que tendrá capacidad para diez personas, contará con el acompañamiento permanente de equipos interdisciplinarios y contribuirá a liberar espacios de internación prolongada en los hospitales, fomentando la reconversión de servicios hacia modalidades ambulatorias.
Una estrategia provincial en debate nacional
La apertura de este hostal forma parte de una estrategia que lleva décadas desarrollándose en Santa Fe. Su objetivo es reemplazar progresivamente el modelo manicomial de encierro por alternativas comunitarias que garanticen autonomía, inclusión y ciudadanía. Este enfoque, que busca afianzar la Ley de Salud Mental vigente, cobra particular relevancia en un contexto donde el Congreso nacional discute posibles modificaciones a dicha normativa. Estas propuestas son resistidas, entre otras instituciones, por el órgano de revisión de la ley en Santa Fe.
Las casas asistidas son un ejemplo concreto de las políticas sustitutivas del modelo manicomial que la ley actual promovió en todo el país. Quienes defienden este modelo alertan que un potencial cambio legislativo podría poner en riesgo estas alternativas, dejando sin respuesta la pregunta fundamental sobre qué sucede cuando las personas egresan de las instituciones psiquiátricas para vivir en la comunidad.
El origen y expansión de la red de casas asistidas
Uno de los principales desafíos que enfrentan los hospitales que históricamente funcionaron como manicomios es que muchas personas permanecen internadas mucho después de haber superado las crisis que motivaron su ingreso. A menudo, esto se debe a la ausencia de un «afuera» que las reciba, como una familia, recursos económicos o una red de apoyo que facilite el regreso a la vida comunitaria. En estas circunstancias, el hospital ocupa un rol para el que no fue concebido. En Argentina, las casas asistidas se inspiraron en modelos europeos de atención comunitaria, y Santa Fe fue una de las primeras provincias en implementarlas.
La primera experiencia registrada en la provincia surgió en Oliveros en 1993. Con el tiempo, se sumaron nuevas viviendas vinculadas al ex manicomio Agudo Ávila de Rosario y al Hospital Mira y López de la capital provincial. Gracias al trabajo de diversos profesionales, el sistema creció hasta consolidarse como una red provincial. Actualmente, Santa Fe cuenta con 24 dispositivos habitacionales distribuidos en distintas localidades. De este total, 22 son viviendas compartidas que alojan grupos reducidos de entre tres y cuatro personas. A esta red se suman dos dispositivos de mayor capacidad: la Casa Baigorria, que puede alojar a diez residentes, y el Hostal Maciel, preparado para recibir hasta dieciséis personas. Todos estos espacios comparten la misma lógica: ofrecer una alternativa real a la institucionalización permanente.
Funcionamiento y acompañamiento interdisciplinario
Las casas asistidas no operan como pequeños hospitales ni como residencias cerradas. Sus habitantes tienen una vivienda propia, habitaciones individuales, espacios comunes, vecinos y rutinas similares a las de cualquier otra persona. Cocinan, realizan compras, reciben visitas, organizan su tiempo libre y toman decisiones cotidianas sobre sus vidas.
Para sostener esta autonomía, las casas y las personas cuentan con apoyos permanentes de equipos interdisciplinarios. Estos están integrados por profesionales de enfermería, psicología, psiquiatría, trabajo social y acompañamiento terapéutico. El nivel de acompañamiento puede ser permanente o mediante visitas periódicas, dependiendo del dispositivo. En el caso de la nueva Casa Baigorria, habrá presencia de personal de salud las 24 horas, todos los días del año.
La función de estos equipos no es reemplazar las decisiones de las personas, sino acompañarlas en la reconstrucción de capacidades que a menudo se debilitan después de años de institucionalización. Esto incluye administrar dinero, organizar horarios, cocinar, trabajar, recibir visitas o construir vínculos afectivos. La premisa es acompañar, no tutelar. «Es respetar el derecho de las personas con padecimientos mentales a tomar decisiones, actuar y aprender de la experiencia», sostuvo el director del Agudo Ávila, Rodrigo Ferrante, durante la inauguración de la nueva casa. Esto se alinea con lo establecido por la ley actual, que postula que los padecimientos subjetivos no deberían implicar la pérdida de derechos civiles, sociales ni políticos.
La vivienda se integra a otros dispositivos de apoyo para personas con padecimientos subjetivos. Según datos oficiales, Santa Fe dispone actualmente de 112 espacios sociales, culturales y productivos distribuidos en diferentes localidades. Desde la Subsecretaría de Salud Mental de Santa Fe, explican que la recuperación o reinserción en la vida social fuera del hospital no depende únicamente del tratamiento médico. Requiere también acceso a vivienda, vínculos sociales, actividades culturales, empleo y participación comunitaria. Por ello, los equipos trabajan en cuestiones tan diversas como trámites administrativos, acceso a pensiones, búsqueda de oportunidades laborales, participación en talleres culturales o recuperación de bienes y derechos perdidos durante largos períodos de internación.
Quienes defienden el modelo actual argumentan que volver a centrar la atención en dispositivos de encierro, como proponen algunos sectores políticos, implicaría un retroceso en derechos conquistados. Además, recuerdan que muchas internaciones prolongadas históricamente respondieron más a problemas habitacionales, económicos o familiares que a razones estrictamente sanitarias.
