El consumo en Santa Fe está cambiando de piel. Este giro evidente se observa tanto en el flujo de las entregas postales como en las principales avenidas comerciales de nuestra ciudad, impulsado por la irrupción de plataformas de e-commerce internacional como Temu y Shein, y la multiplicación de grandes bazares físicos en puntos clave del ejido urbano. En un contexto económico complejo, el factor precio se convirtió en el gran ordenador de las decisiones de los hogares santafesinos, generando fascinación en los usuarios y profunda preocupación en el entramado comercial tradicional.
A nivel nacional, el comercio electrónico alcanzó en 2025 una facturación histórica superior a los 34 billones de pesos, con un incremento del 55% interanual que superó a la inflación. En este escenario, las compras al exterior se aceleraron traccionadas por compradores de estratos altos que hallaron en estas aplicaciones una vía directa para esquivar la intermediación local. El dato que mejor ilustra la velocidad del fenómeno es que 7 de cada 10 compradores declararon haber adquirido productos fuera del país por primera vez hace menos de seis meses.
La radiografía local y el desafío de la calidad
Para analizar cómo impacta esta oleada global en las calles de Santa Fe, El Litoral dialogó con Jorge Baremberg, referente del Centro Comercial de Santa Fe. Desde la perspectiva de los comerciantes locales, el diagnóstico combina la resignación ante una tendencia global irreversible y una fuerte alerta sobre las condiciones de competencia.
El primer punto de fricción es la relación entre el costo mínimo y la durabilidad. Según explicó Baremberg, la matriz industrial asiática segmenta el mercado de manera milimétrica, produciendo un mismo artículo con diferentes calidades y cantidades de material que influyen directamente en el precio. Además, advirtió que la distancia entre la pantalla y la recepción del paquete suele esconder sorpresas, especialmente en rubros como el textil, donde las medidas antropométricas no coinciden con las locales.
El propio dirigente decidió experimentar el proceso en primera persona: compró tres o cuatro artículos de poco valor para evaluar la calidad y comprobó que «no siempre es buena», además de la imposibilidad de revisar la mercadería antes de recibirla. En cuanto a la logística, señaló que si el envío se realiza en avión el costo del transporte se eleva considerablemente, limitando la conveniencia de ciertos productos frente al mostrador tradicional.
Megabazaares y asimetrías regulatorias en la Peatonal
El fenómeno no se limita al ámbito virtual. La capital provincial también se transformó con la apertura de comercios de capitales asiáticos. Actualmente, ya son alrededor de nueve grandes establecimientos distribuidos en distintos puntos de la ciudad, con un volumen de metros cuadrados cubiertos que compite de manera directa con los locales tradicionales de la Peatonal San Martín y otras arterias.
Sin embargo, el malestar del sector mercantil local no radica en la oferta, sino en las asimetrías regulatorias y operativas. Baremberg planteó dudas sobre el nivel de formalidad con el que funcionan estos comercios en cuanto al manejo del IVA, las condiciones laborales y los costos operativos. Mientras el comercio tradicional santafesino se rige por convenios colectivos y horarios regulados, los nuevos jugadores trabajan de lunes a lunes en horario corrido, lo que genera una estructura de costos muy difícil de equiparar para mantener los negocios abiertos en la ciudad.
