El fuerte incremento en el endeudamiento de las familias argentinas y el salto en los índices de morosidad, impulsado por el ajuste macroeconómico y el auge del crédito fintech, se consolidó como uno de los principales problemas financieros de los hogares para evitar el descenso social. Con cerca de seis millones de morosos en todo el país, este fenómeno refleja la pérdida de ingresos y la caída del poder adquisitivo en sectores medios y de menores recursos, adquiriendo una dimensión estructural que impacta de lleno en el consumo y la economía real.
Radiografía de la morosidad familiar y el impacto de las «deudas de sacrificio»
La deuda pública y privada forma parte desde hace tiempo de la vida cotidiana de los argentinos. En los últimos meses, el aumento de la morosidad en los créditos familiares volvió a instalar el tema en el debate público. Con rasgos propios de esta época, como el auge de las fintech, los casi seis millones de morosos reflejan un fenómeno ligado al esfuerzo de los hogares por evitar el descenso social, que ya adquirió dimensión macroeconómica.
Ariel Wilkis, doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales y la Universidad de Buenos Aires, ha analizado en detalle la democracia argentina desde 1983 a través del endeudamiento de las familias y sus causas. Autor de Una historia de cómo nos endeudamos y, junto con Mariana Luzzi, de El dólar. Historia de una moneda argentina, el especialista advierte sobre el peso de las llamadas «deudas de sacrificio».
Un fenómeno en espejo con los años ochenta
El crecimiento de este tipo de compromisos financieros se identifica desde 2018, con una profundización durante la pandemia y el régimen de alta inflación con el que terminó el gobierno de Alberto Fernández. A su vez, la política de estabilización y ajuste del actual gobierno las llevó a un nuevo nivel, caracterizado por la morosidad. La expansión del crédito formal, tanto bancario como no bancario, permitió a las familias acceder a préstamos que luego se hicieron difíciles de pagar debido al aumento previo de las tasas de interés y a la caída de los ingresos.
El especialista propone pensar este período en espejo con fines de la década de 1980, cuando sectores de clase media pasaron a integrar una «nueva pobreza» como consecuencia de su descenso social. En ese contexto, las deudas cumplen un papel central: amortiguan y retrasan la caída, al tiempo que permiten sostener los niveles de consumo y la identidad de clase media. Esa comparación muestra que gran parte del endeudamiento actual de los hogares es un mecanismo contraído para evitar la pérdida de posición en la estructura social.
Las dos argentinas crediticias y las billeteras virtuales
El contraste en el mercado financiero expone una marcada segmentación. Mientras el ministro de Economía anunció préstamos hipotecarios para personas con ingresos cercanos a los 3,5 millones de pesos, las estadísticas muestran que el 25 % de los morosos adeuda hasta 150 mil pesos. Esta paradoja refleja cómo un gobierno que postulaba que el crédito era un acuerdo entre privados impulsa hoy una política estatal para ampliar la oferta de préstamos hipotecarios, un instrumento que puede reducir la desigualdad.
Al mismo tiempo, otra parte del mercado dominada por las fintech ofrece créditos de bajo monto para cubrir necesidades inmediatas. Si una familia no puede afrontar siquiera una deuda pequeña, eso revela la gravedad de sus dificultades económicas, a lo que se suma la magnitud desconocida de las deudas informales, que abarcan compromisos intrafamiliares con parientes, amigos y prestamistas.
En cuanto a los instrumentos de financiación, cada época ha tenido su rasgo distintivo: los planes de ahorro en los años ochenta, los créditos en dólares en los noventa, las tarjetas de crédito durante el kirchnerismo y los préstamos UVA con la gestión de Mauricio Macri. La principal novedad del período actual es el protagonismo de las billeteras virtuales y las fintech, que complementan la financiación de bajo monto que antes ofrecían financieras o prestamistas, operando como empresas privadas dentro del mercado formal pese a su baja institucionalidad.
El impacto en la cadena de pagos y el sector industrial
Para los sectores de menores ingresos, dejar de pagar una deuda suele ser el último recurso, ya que conservar el acceso al crédito es esencial para subsistir. El aumento de la morosidad formal no significa necesariamente que se hayan agotado todas las alternativas, puesto que las familias priorizan a menudo las deudas informales para preservar vínculos de confianza o mantener el acceso a bienes esenciales, como el fiado para comprar alimentos, postergando así el compromiso con las fintech en un constante equilibrio de refinanciación.
Esta tensión no se limita a la economía doméstica. Según un informe de la Unión Industrial Argentina, la situación del sector productivo acompaña el deterioro general:
- Entre diciembre de 2024 y junio de 2026, la morosidad del sector industrial se multiplicó por cinco.
- El indicador pasó del 0,7 % al 3,8 % en ese mismo período.
Existe una relación estrecha entre la situación de las empresas y la de los hogares. Cuando la actividad económica se contrae y las compañías pierden ingresos, se retrasan los pagos de salarios, se suspende personal o se realizan despidos. La contracción en sectores clave y generadores de empleo como la industria, la construcción y el comercio reduce los ingresos de los trabajadores, alimentando de manera directa el incremento sostenido de la morosidad en toda la economía.
