Ubicado a pocos minutos del centro y rodeado por un fuerte crecimiento inmobiliario en Santo Tomé, el barrio El Chaparral reclama urgentes mejoras en infraestructura vial, iluminación y seguridad. Sus vecinos advierten que, a pesar de la cercanía con el casco urbano, persisten históricas falencias cotidianas que profundizan su aislamiento frente al desarrollo de la ciudad.
Un barrio cercano al centro que reclama obras y mayor conectividad
Hay lugares que están cerca, pero que parecen quedar lejos. El Chaparral es uno de ellos, ubicado a pocos minutos del centro de Santo Tomé y muy cerca de sectores donde en los últimos años avanzaron nuevos desarrollos residenciales y barrios privados. Sin embargo, para quienes viven allí, esa cercanía no siempre se traduce en mejores condiciones para la vida cotidiana.
Caminar, circular en bicicleta, salir después de una lluvia o trasladarse hacia otros puntos de la ciudad puede convertirse en un desafío. El estado de las calles, la falta de veredas y de iluminación en determinados sectores y las dificultades de conectividad forman parte de los reclamos que los vecinos vienen planteando a la Municipalidad. La sensación que atraviesa muchas de esas demandas es sencilla: El Chaparral quiere ser tenido en cuenta como parte activa de Santo Tomé.
Dificultades para circular y calles que se anegan tras las lluvias
La ubicación es una de las principales particularidades del barrio. No se trata de un sector alejado del ejido urbano, ya que se encuentra a pocos minutos de la Plaza Libertad, del área comercial y de importantes vías de circulación que modificaron su fisonomía con el crecimiento de nuevos emprendimientos inmobiliarios.
No obstante, el recorrido cotidiano hacia esos lugares puede ser muy diferente. En distintos sectores, los vecinos deben transitar por calles de tierra o caminos con infraestructura peatonal insuficiente. La ausencia de veredas obliga en algunos casos a caminar por la calzada, mientras que la iluminación aparece como otra de las cuestiones que genera preocupación durante la noche.
Cuando llueve, los problemas se hacen más visibles. El barro, los pozos y el deterioro de las calzadas dificultan la circulación, afectando especialmente a quienes necesitan salir todos los días para trabajar, estudiar o realizar trámites. La situación también genera complicaciones cuando se necesita el ingreso de algún servicio: ambulancias, remises y taxis encuentran mayores dificultades para transitar cuando las condiciones climáticas empeoran. Para los vecinos, esto profundiza una sensación de aislamiento respecto del resto de la ciudad.
La seguridad y el impacto en la vida cotidiana
A las dificultades vinculadas con la infraestructura se suma la preocupación por la seguridad. En los últimos años, El Chaparral fue escenario de distintos operativos e investigaciones policiales. En mayo de 2026, procedimientos vinculados con el microtráfico derivaron en allanamientos en el barrio y en otros puntos del área metropolitana, con secuestro de drogas y detenciones, a lo que se sumaron episodios de violencia armada.
No obstante, los frentistas señalan que la problemática va más allá de los hechos policiales. La iluminación deficiente, las calles deterioradas y los espacios públicos que necesitan mantenimiento influyen en la forma en que se transita la zona, volviendo los recorridos especialmente difíciles por la noche para quienes regresan de sus actividades.
Una comunidad que busca cambiar la mirada de la ciudad
Detrás de los hechos policiales hay una comunidad compuesta por familias que viven allí desde hace años, comercios de cercanía, jóvenes y adultos mayores que sostienen la vida diaria del barrio. Por eso, uno de los principales reclamos es cambiar la mirada sobre El Chaparral para que las necesidades de infraestructura y seguridad sean atendidas, pero también para que el sector deje de aparecer en la agenda pública solamente ante episodios negativos.
Esta realidad contrasta con el desarrollo de los últimos años en distintos sectores cercanos al corredor de la autopista, donde nuevos emprendimientos y barrios privados modificaron el paisaje urbano. Los vecinos sienten que las mejoras no avanzaron al mismo ritmo, dejando en evidencia las diferencias que persisten dentro de una misma ciudad.
