En Rosario, el cuidado de niñas y niños vuelve a aparecer como un problema público cuando la organización cotidiana de la vida desborda las respuestas disponibles. Jornadas laborales extendidas, empleos con turnos rotativos o nocturnos y trayectorias educativas que también se desplazan hacia la noche configuran una escena cada vez más frecuente: familias que deben resolver, como pueden, quién cuida cuando las franjas de trabajo o cursado son de tarde.
En ese contexto, el Concejo Municipal comenzó a discutir un proyecto para crear jardines maternales en horario nocturno. La iniciativa, impulsada por la concejala María Fernanda Rey, ya atravesó la comisión de Salud y fue reconvertida en un estudio de factibilidad que busca medir impacto, demanda y viabilidad antes de su implementación.
“El proyecto apunta a quienes trabajan o estudian entre las 18 y las 23.30 de lunes a viernes. En ese horario no hay oferta de jardines en la ciudad”, dijo este martes Rey y completó: “La idea es que tenga inscripciones gratuitas para familias con empleos o estudios nocturnos y en situación de vulnerabilidad social”.
El diagnóstico que motivó la iniciativa viene de lo que pasa en muchas ciudades: el mercado de trabajo y formativo se flexibiliza en términos de horarios, pero las políticas de cuidado no acompañan con la misma velocidad. El resultado es una brecha que se resuelve puertas adentro de cada hogar, con arreglos precarios, parientes, niñeras o directamente con la imposibilidad de sostener un empleo o una cursada.
La propuesta original contemplaba una implementación directa a través de una ordenanza. “La idea era empezar en los centros Cuidar, con una prueba piloto y luego evaluar si se replica en otros espacios”, dijo Rey y completó: “Queríamos empezar y saber del perfil de las familias, conocer el impacto social y educativo de la iniciativa. Y desde allí que el municipio recomiende o no aplicarlo a la red pública”.
Tras su paso por la comisión de Salud, el proyecto debía continuar su recorrido por Presupuesto antes de llegar al recinto. Allí se definirá si avanza el estudio de factibilidad y, con él, la posibilidad de poner en marcha la prueba piloto.
Una red territorial como punto de partida
Según explicó la impulsora de la iniciativa en Rosario, los centros Cuidar aparecen como el anclaje territorial más inmediato para ensayar esta política. Se trata de espacios municipales distribuidos en distintos barrios de la ciudad que trabajan con una lógica integral: combinan educación inicial, acompañamiento social, salud y actividades comunitarias, con foco en la primera infancia y sus familias.
En los últimos años, la red se consolidó como una de las principales herramientas de cercanía del municipio en territorios atravesados por desigualdades. Con la incorporación de niñas y niños desde los 2 años, amplió su cobertura y reforzó su rol como espacio de cuidado cotidiano, por lo que fue una red con buen perfil para los nuevos jardines nocturnos.
Un antecedente cercano que ya funciona
La discusión en Rosario no parte de cero. A pocos kilómetros, en Venado Tuerto, ya existe una experiencia concreta de jardines maternales nocturnos que funciona desde 2022 y que se ubica entre las pocas del país.
El caso más visible es el jardín “Rayito de Sol”, que incorporó un turno nocturno con jornada hasta la medianoche para acompañar a familias que trabajan o estudian en ese horario. La decisión surgió a partir de una demanda sostenida: consultas reiteradas de padres y madres que necesitaban un espacio de cuidado en la franja vespertina y nocturna.
Venado Tuerto cuenta con varios jardines municipales y una red que incluso adaptó horarios para responder a nuevas necesidades sociales. Hoy es una de las pocas ciudades del país con este tipo de dispositivos, orientados a niños desde los 45 días hasta los 3 años.
“Apuntamos a una política pública que humaniza al Estado. Tal vez acompañamos a pocas familias, pero les cambia la vida”, sintetizó una funcionaria del gobierno vendense.
Cuando el cuidado sigue a la sociedad
La discusión sobre jardines nocturnos no es nueva en términos históricos, aunque sí en su forma actual. Cada vez que la organización social del trabajo cambia, el cuidado infantil se reconfigura como problema y como política.
Un antecedente clave en Argentina fueron los Centros de Acción Familiar (CAF), que comenzaron a desarrollarse durante el peronismo en un contexto marcado por el ingreso masivo de mujeres al mercado laboral. Aquella transformación, que alteró la dinámica tradicional de los hogares, exigió respuestas estatales para garantizar el cuidado de niñas y niños.
Los CAF se consolidaron como espacios de atención integral, con servicios educativos, alimentarios y de acompañamiento familiar. Más que una política aislada, formaron parte de una estrategia que entendía el cuidado como condición para la inclusión laboral y social.
La iniciativa que hoy se discute en Rosario dialoga con esa tradición, pero en un escenario distinto. Ya no se trata solo del ingreso de las mujeres al trabajo —un proceso consolidado— sino de la extensión y fragmentación de las jornadas laborales, la precarización de los tiempos y la necesidad de compatibilizar empleo, estudio y crianza en condiciones cada vez más exigentes.
