Justicia histórica

Un comando del terror ahora lleva diez años de Museo de la Memoria

La sede definitiva está en Córdoba y Moreno, de Rosario. La fecha se celebra con recorridos virtuales y, desde las 19.30, se proyectarán en la fachada de la casona imágenes y videos de archivo de esta década de “justicia histórica”.
16-12-2020 | 20:24 |

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Foto: Gentileza.


Hagar Blau Makaroff
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Antes de la sede definitiva, el Museo de la Memoria funcionó durante ocho años en su sede provisoria de la Secretaría de Cultura municipal, ubicada en la Estación Rosario Norte. “Sobre fines de 2009 terminó el calvario, que fue esperar que el bar instalado en la casa de Moreno y Córdoba decidiera retirarse. Y pudimos ingresar recién en marzo del 2010, pero se llevó adelante una reconstrucción de lugar, preparar cada sala para que sea el museo que es hoy”, evocó la actual directora del Museo, Viviana Nardoni, en diálogo con Mirador.

A modo de celebración en este año tan particular, se invitó a la ciudadanía rosarina a recorrer virtualmente los distintos espacios de la muestra permanente, contando al público historias, sentidos e interpretaciones de las obras que artistas rosarinos diseñaron especialmente. La lucha de las Madres de Plaza 25 de mayo, la red de centros clandestinos de detención en el territorio del Litoral, la persecución cultural, la violencia colonial en América Latina que lleva ya cinco siglos, la búsqueda incansable de las Abuelas a sus nietos. Recorridos semanales por cada una de estas historias y memorias, a partir de videos breves subidos a las redes sociales del Museo.

Este jueves 17 se estrenará un diálogo entre su primer director y la actual, Rubén Chababo y Viviana Nardoni, para escuchar de primera mano cómo fueron los largos años previos de lucha por recuperar el edificio que fuera Comando del II Cuerpo del Ejército, cómo se pensaron y diseñaron los espacios del Museo y qué es lo que esperan para la próxima década.
Sin precisiones aún ante el gran interrogante sobre la situación sanitaria, se espera de cara al 24 de marzo que se retorne a las actividades presenciales en este necesario sitio de memoria, y quién dice, con algo de suerte, a la marcha histórica que reúne a la sociedad rosarina en su frente en la plaza San Martín, con las banderas de la democracia para desfilar hacia el Monumento a la Bandera como cada año.

Este medio aprovechó la ocasión de una década cumplida para conocer más sobre ese pasaje de la historia en que fue la espera y el emplazamiento de uno de los lugares de mayor importancia para Rosario y toda la región litoraleña.

- ¿Cómo y cuándo se hizo posible esa decisión de la mudanza al sitio histórico?
Viviana Nardoni: - Instalarnos en lo que fue el Comando del 2° Cuerpo del Ejército, que llevaba adelante las tareas de represión en las seis provincias del Litoral argentino, fue un acto de justicia histórica, porque era el lugar apropiado para la memoria.
A diferencia de otros lugares, que operaron como centros clandestinos de detención y de exterminio, este fue un lugar de inteligencia de la Dictadura y de antes también, ya en los Rosariazos el Comando del 2° Cuerpo había participado de la represión.
Este lugar se llenó de voces, de recuerdos, de historias del pasado, de problemáticas del presente, y creo que nos recibió con la esperanza de tener una nueva historia tras esos años de plomo.

- ¿Qué significa para la memoria esto de reapropiarse de un sitio donde se pergeñaron los peores crímenes desde la Inteligencia del Ejército? ¿Qué les resonaba en aquellos tiempos, sobre su uso recreativo gastronómico que era tan naturalizado a nivel social?
- Después de esos años de banalización en que estuvo ese bar alquilando durante tantos años (Rock and Feller’s), los trabajadores del museo vivimos con inmensa alegría la ubicación en cada uno de sus espacios, el guiar a cada grupo por las salas y hacer propias las historias de los artistas plásticos rosarinos generosos que nos ayudaron a narrar los horrores del genocidio del Estado, pero también las luchas de la sociedad civil, los organismos y los sobrevivientes para mantener siempre viva la memoria, la verdad y la justicia.

- ¿Qué sensaciones le produjo al equipo aquella mudanza y el uso de instalaciones de un sitio con semejante carga histórica?

- Éramos conscientes de que es un sitio con una fuerte carga histórica, aprendimos a exorcizar los fantasmas y adueñarnos de ese lugar como correspondía. Adueñarnos para contar la historia reciente y darle la oportunidad a las nuevas generaciones de conocer la historia, a la vez que a las que estaban atravesadas por el terrorismo de estado de tener un lugar para sentirse como en su propia casa.

- ¿Cómo fue el proceso de apropiación para ustedes, con las cientos de actividades públicas y de investigaciones en su archivo a lo largo de estos diez años?
- El Museo de la Memoria tiene una fuerte connotación política. Fue político que su creación fue una decisión del Concejo Municipal de Rosario y del Ejecutivo. Fue auspiciado y peleado por los organismos de Derechos Humanos. Esa dimensión política nunca se fue del museo, es esencial.

Además de su muestra permanente y de sus muestras que se renuevan cada tres o cuatro meses, el Museo tiene ciclos de cine, teatro, presentaciones de libros y una biblioteca temática actualizada con más de 5 mil volúmenes, un centro documental con archivos digitalizados, donde se guardan todas las memorias posibles. Tiene un departamento de investigaciones sobre historia reciente e historia del presente también. Y hemos publicado tres libros en sus últimos cinco años.

Cuenta con un servicio de orientación jurídica que trabaja como querellante en los juicios de delitos de Lesa Humanidad y colabora para que los damnificados puedan acceder a las leyes de Reparación Histórica a las víctimas de la dictadura. Y también tiene un programa de articulación territorial que trabaja con jóvenes de los barrios más complejos de la ciudad con programas de formación de promotores territoriales en Derechos Humanos.

- ¿Cómo fue transitar este camino al décimo año atravesado por la cuarentena? ¿Qué siguió funcionando, qué no?
- Cuando comenzó el aislamiento, el 20 de marzo, estábamos por supuesto por conmemorar, como cada 24 de marzo, un aniversario del Golpe de Estado de la última dictadura. Todo eso debió ser suspendido, como todas las actividades presenciales. Pero el Museo siguió funcionando hacia sus públicos y hacia nuevos públicos de manera virtual de una forma increíblemente productiva: siguió dictando los cursos de formación continua a docentes, esta vez de forma virtual. También siguió la capacitación a los residentes de las carreras de Ciencias de la Educación, Ciencia Política, Comunicación e Historia, que están en el museo. Se digitalizó toda la colección del Dejame que te cuente que hace el centro de investigaciones. Digitalizamos distintas muestras de nuestro patrimonio para que la gente pueda observarlas. Hicimos programas con diferentes entrevistados sobre las problemáticas del presente, atravesados por la pandemia y el futuro incierto.

Hicimos charlas, videos, comunicados, atendimos en los barrios con los promotores territoriales en DDHH en aquellos centros que albergan a personas que no tenían donde pasar la cuarentena por condiciones insuficientes en sus viviendas, así como con los jóvenes de los barrios.

Fue un año que nos puso a prueba y salimos airosos. Extrañamos nuestros espacios y volveremos muy pronto. Es una institución que se ha ganado un lugar a nivel nacional e internacional. Integramos una red de museos de memoria de Latinoamérica y el Caribe que además está adherida a una red mundial de Derechos Humanos. Trabajamos conjuntamente todas las problemáticas del presente respecto de estos.

- ¿Hay algo para adelantar que se proyecta de cara a un 2021 incierto, pero que se espera la reapertura de los espacios y actividades?
- Al 2021 no lo podemos planificar estrictamente respecto de cuáles actividades sí o cuáles no se podrán hacer, porque dependemos de la cuestión sanitaria. Haremos la mayor cantidad de actividades posibles.

De hecho este verano trataremos de hacer en el patio terraza de la esquina de Moreno y Córdoba, un ciclo de cine político enfocado en derechos ambientales. Según cómo estén las condiciones sanitarias y lo que indiquen las autoridades locales, veremos qué se puede hacer en marzo, que es una fecha importante. Tenemos en mente muchos proyectos para llevar adelante.

“Éramos conscientes de que es un sitio con una fuerte carga histórica, aprendimos a exorcizar los fantasmas y adueñarnos de ese lugar como correspondía”.



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