En Calchaquí

Búfalos o gallinas pastoriles, todo se puede con la ganadería regenerativa

La familia Liberatti, que lleva cinco generaciones viviendo al sur de la Cuña Boscosa, encontró en el enfoque holístico un esquema de mayor eficiencia productiva y sustentabilidad económica. A los bovinos sumaron caprinos, ovinos, gallinas ponedoras y búfalos. Todo bajo un esquema de manejo natural, con alta independencia de insumos externos. El círculo se cerrará, próximamente, con la venta de bonos de carbono.

22-01-2024 | 15:18 |

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La aplicación de conceptos agroecológicos primero, luego la implementación de un esquema regenerativo y la posterior adopción de un sistema holístico le permitió a la familia Liberatti, de Calchaquí, encauzar el manejo del campo y darle sustentabilidad económica a la empresa agropecuaria.
“El campo viene del abuelo de mi abuelo; o sea, yo vendría a ser la quinta generación”, le contó Gerónimo a Campolitoral, durante la recorrida por el Establecimiento Los Olivos, donde realizan cría bovina, cabaña caprina y ovina, producción de huevos de gallina y búfalos, todo bajo el paradigma de la regeneración. O sea, comprendiendo y administrando los mecanismos de la naturaleza y con una mínima utilización de insumos externos.
Si bien el titular es Sergio, su papá, fue Gerónimo quién en los últimos 8 años fue incorporando conceptos que primero lo sedujeron y sobre los que luego se capacitó. Comenzó leyendo el clásico libro de Luiz Carlos Pinheiro Machado sobre pastoreo racional voisin (PRV); a eso sumó otras lecturas sobre agroecología y la realización de un curso con el colombiano Jairo Restrepo, ingeniero agrónomo y gurú de la agricultura orgánica. Finalmente, en 2022 se capacitó en la escuela de regeneración de Ovis 21 y desde 2023 comenzó a trabajar con Perennia (el nodo santafesino) e incorporó formalmente el manejo holístico en Los Olivos.
“En la ganadería regenerativa lo primero que se tiene que regenerar es la persona y en base a eso el resto: el suelo, los animales y la economía”, definió el joven de 33 años. “Es el cambio de cabeza, empezar a ver distinto las cosas; abandonar lo que aprendimos en el pasado, que por ahí no nos llevó a buen puerto, y entender cómo funciona la naturaleza y estar en sintonía con ella”.

Cambio de paradigma
El establecimiento consta de 452 hectáreas, de las cuales 170 son propias y el resto se alquila. Están ubicados unos 20km al Oeste de Calchaquí, al sur de la Cuña Boscosa, donde lo predominante es el bosque nativo. Los suelos son Clase VII en el bajo y Clase VI en zona de media loma y loma.
La familia siempre practicó la ganadería de cría bovina tradicional, a la que Sergio fue incorporando las tecnologías del momento. Sembraron alfalfas, pero en el largo plazo no funcionaron. Después intentaron hacer silo de picado fino para hacer reservas. “En ese momento esa era la tecnología de punta”, comentó Gernómimo. Su padre también fue de los primeros en usar inseminación artificial. Pero “no daba, fue abandonando porque no le daban los recursos para mantener esa estructura”. Así, la actividad siguió pero sin inversión y por lo tanto también con bajo retorno.
El joven relató que, tras concretar sus estudios terciarios y vivir algunas experiencias en el exterior, decidió volver al campo. “No tenía ninguna estrategia, no sabía qué pero quería hacer algo distinto, un cambio”, recordó. Así fue como “lo primero que surgió fue diversificar”, por lo que decidieron incorporar chivos y ovejas. “Si bien no sabíamos qué rumbo tomar, teníamos en vista que queríamos tener varias cosas; que la cría no daba un resultado útil”.
Lo primero que hicieron, en base al PRV, fue usar el boyero eléctrico para dividir el campo en parcelas y los resultados empezaron a llegar. “Fue un cambio grande y nos empezó a gustar más la actividad”. Unos años más tarde, bajo el mismo esquema, sumaron las ponedoras y por último los búfalos.
Gerónimo contó que un amigo, el ingeniero agrónomo Abel Menapace, de Malabrigo, le dice que “el que trabaja es el ecosistema” y que el técnico o el productor sólo tiene que controlar que las cosas funcionen. “Buscamos favorecer el ambiente y no pensar en insumos”.

Otra ganadería
Ocho años atrás, cuando iniciaron este manejo los potreros eran grandes, de unas 35/40 hectáreas. Y los fueron achicando, casi sin asesoramiento, a prueba y error. “Muchos errores”, acota Gerónimo. “Fuimos aprendiendo, nos costó bastante”, aclaró.
Si bien estaban orientados, contó que había cuestiones puntuales sobre el manejo del vacuno en ese sistema que no conocían. Por eso al comienzo tuvieron bajos índices de preñez y pesos al destete menores a los esperados. Hasta que en 2022 conocieron el manejo holístico. “Y ahí fue un cambio grande, nos permitió acomodarnos y organizarnos mucho con los números”.
Gerónimo cuenta que a este concepto llegó a través del libro de Allan Savory, un biólogo que, buscando la causa de la degradación de los parques nacionales en África, descubrió que era la falta de agrupamiento de los animales por falta de predadores. “Es lo que pasa en la ganadería de cría tradicional, el campo es un sólo potrero y la vaca anda por donde quiere sin criterio de movimiento”. Entonces, explicó, el apotreramiento con boyeros permite el descanso de los pastos y se observa que el terreno se empieza a regenerar. También cuenta con agua de bebida en cada parcela, que requirió el tendido de mangueras subterráneas y el uso de bebederos móviles.

Foto: Juan Manuel Fernández

 

 
Con este manejo ajustaron las cargas, lo que les permitió administrar mejor los tiempos de recuperación de los pastos. “Lo que hacemos ahora es que no se coma todo, que se deje un remanente que se incorpora al suelo como mantillo para ir regenerando”, apuntó. Y también que la vaca seleccione “porque sabe que es lo mejor para su nutrición” y así mejora la producción individual.
Al respecto, comentó que cometieron una equivocación, vinculada al concepto de pastoreo rotativo, por el cual se busca sobrecargar la parcela para que el animal no seleccione y coma todo. “Uno de los errores que tuvimos fue ese, querer aprovechar al máximo el pasto y la producción individual nos cayó mucho”.

Genética adaptada
Por otra parte, detectaron que no estaban usando la mejor hacienda para ese ambiente. “Veíamos que nuestras vacas no estaban adaptadas”, dijo, porque conservaban mucha genética británica. Así, empezaron a averiguar sobre otras razas hasta que encontraron la Tuli, un bos taurus africano en la Universidad Católica de Córdoba, donde el reconocido Oscar “Cachi” Melo lo usó para crear la raza San Ignacio (cruza de Tuli, Hereford, Aberdeen Angus y Simmental). “Tuli no había mucho en el mercado, compramos un toro hace dos años ahí”, contó Gerónimo. Antes había comprado uno San Ignacio.
Hoy ya tienen las primeras hembras media sangre de ambos padres. “Vimos que el destete no necesitó desparasitarse”, remarcó como un signo de adaptación. “Hoy, con 15 meses, hay varias que ya están para servicio”.
Si bien “el problema más grande” que tuvieron fue una caída de preñez a 65/70%, el joven señaló que en el último año subió y esperan que este año se vea el gran cambio por la disponibilidad de pasto y el mejor estado corporal de los animales.
Con el manejo holístico y el plan de pastoreo se acomodaron las cargas “y pasamos todo el invierno tranquilos”, incluso la sequía que “fue muy dura, la sufrimos todos, pero la pasamos”. Mientras la carga animal en la zona es 0.5EV/ha para un pastoreo contínuo funcional, “nosotros estamos en 0.8 y hoy sobra el pasto”. A tal punto que estimó posible mantenerla e incluso subirla en invierno.
Hace un tiempo, lo más conveniente era producir hacienda para exportación, pero en los años secos tuvieron que vender novillos de invernada para terminación. Sin embargo, ahora la idea es hacer ciclo completo a pasto.

Otros engranajes
Respecto de las otras piezas de este sistema regenerativo, Gerónimo relató cómo incorporaron las gallinas ponedoras con una casilla móvil y redes eléctricas para gestionar el pastoreo. “Se le va armando parcelas con el mismo criterio”, para que las aves coman libremente, sea pasto, insectos o semillas. “Van escarbando y también van haciendo ese proceso de regeneración, rotando y dando descanso y abonando el terreno”.
Las parcelas son de 50x50 metros, donde se alojan una 500 gallinas, rotando cada 7 días el potrero. “En la época de producción están en 80/90% de postura y todos los días se vende huevos; ayuda mucho en el día a día de la familia”, indicó Gerónimo. La encargada de la venta en esta “unidad de negocio” en Los Olivos es Graciela, su mamá.
La venta se realiza en Calchaquí, sea directa a consumidor final como a panificadoras y carnicerías. El precio fue cambiando: al principio era el mismo que los huevos convencionales, pero ahora lograron un plus. “La gente lo busca mucho porque se logra un huevo de mejor calidad”, indicó.
En este aspecto, el rol de las redes sociales es fundamental para darle visualización a sus productos. “Son clave, más que nada para crear vínculos o conexiones con otros productores”, aunque también en muchos casos sirve para conectar con consumidores.
A través de su cuenta de Instagram, Establecimiento Los Olivos no sólo promueve la práctica regenerativa sino que también vende reproductores de la raza caprina Boer y ovina Dorper, principalmente a otros productores de la región.

Foto: Juan Manuel Fernández

 

 

Manos y eficientes
Por otra parte, al mismo tiempo que las gallinas, compraron las primeras 3 búfalas y un macho. “El clima venía llovedor y el campo tiene muchos bajos, que es un ambiente que le gusta al búfalo”, mencionó como una de las razones para la incorporación. Pero también fue una respuesta a la búsqueda de nueva genética en la ganadería bovina, aunque se trata de otra especie. “Es un animal completamente adaptado”, dijo, y la prueba es que no los vacunaron (excepto aftosa, que es obligatoria) ni se desparasitaron.
Esos primeros búfalos se criaron junto con una tropa bovina, que sirvió para evaluarlos. “Ese año, que fue seco, los terneros ganaron 110 kilos y los búfalos en las mismas condiciones 240”.
La idea original con los búfalos era el consumo propio, pero “gustó tanto” la adaptación, la mansedumbre y el manejo, “porque son más dóciles que una vaca”, que decidieron comprar otras 20 bubillas (equivalente a la vaquillona). Si bien las primeras se preñaron y parieron, el desafío fueron las nuevas, que hicieron la recría en plena seca. “Tenían 260 kilos, no llovía y no había pasto y comían lo que podían; le hicimos tacto en agosto y estaban todas preñadas”, agregó.

Familia sustentable
Aunque todavía trabajan “sin un mercado cierto” para este producto, Gerónimo se entusiasma. “Tenemos fe que va a mejorar; el cambio de gobierno me parece que nos va a beneficiar”, sea porque se abra la exportación o bien como sustituto de la carne bovina. La salida comercial, dijo, es “el principal problema” que hoy encuentran todos los productores de búfalos.
Por otra parte, aspiran a tener otro ingreso proveniente del manejo sustentable. “Hicimos la línea de base para medir el secuestro de carbono en los suelos y también la regeneración”, dijo Gerónimo. Esto también tiene un objetivo económico: “la idea es entrar en el mercado de los créditos de carbono, es algo que está empezando pero creo que se va a dar”.
A diferencia de años atrás, cuando el establecimiento no rendía lo suficiente, hoy el sistema les da sustento a todos. “Los tres vivimos bien del campo y se puede mejorar mucho más”, planteó el más chico de la familia.


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