La palabra incunable proviene del latín incunabula, que significa cuna y representa el principio, el origen. Se llama incunables a los libros impresos durante el siglo XV, desde aquellos primeros salidos de la imprenta de Gutenberg (1450-54) hasta los libros impresos antes del día 1 de enero de 1501.
En Gualeguaychú existe la posibilidad de apreciar uno de estos valiosísimos ejemplares, en el Complejo Cultural Magnasco. Para conocer más detalles, Mirador Entre Ríos dialogó con la museóloga Liliana Esquivel, quien expresó: “No es común que un museo de la ciudad como Gualeguaychú cuente con una pieza de esta magnitud. Es un testimonio tangible del nacimiento del libro impreso, un objeto que nos conecta directamente con el pensamiento y la cultura del siglo XV, un tesoro del Renacimiento en la provincia de Entre Ríos”.
–¿Qué tan especial es este libro o qué tan común es contar con un libro incunable en un museo?
–Tener un incunable en una institución como el Complejo Cultural Magnasco es realmente excepcional, es un hecho extraordinario y poco común. Estas obras suelen encontrarse en grandes bibliotecas nacionales, universitarias o en museos especializados en historia del libro. Su presencia marca una joya del patrimonio universal que habita en el corazón de este museo para ser compartido con toda nuestra comunidad. Los incunables son libros impresos antes del 1500, es decir en los primeros tiempos de la imprenta de tipos móviles, que surge en torno a 1440 y son muy valorados por su antigüedad, rareza y valor histórico. Representan una auténtica revolución cultural y tecnológica, hasta entonces, los libros eran copiados a mano, lo que implicaba altísimos costos, escasa disponibilidad y un acceso limitado a sectores privilegiados, como la iglesia, o la nobleza. En este sentido, los incunables no solo son valiosos por su antigüedad o belleza material, sino porque simbolizan el inicio de un proceso de democratización del conocimiento. Fueron portadores de una transformación cultural profunda, en la que el acceso a la información, la educación y la posibilidad de pensar críticamente dejaron de ser exclusivos de unos pocos.
VALOR PATRIMONIAL
–¿En qué estado están sus páginas? ¿Has podido tocarlo? ¿Qué podés contarnos sobre su contenido, el número de páginas, la tipografía y el idioma en el que fu escrito?
–El incunable conservado en el museo es una edición de La Suma Teológica, de Santo Tomás de Aquino, impresa en 1489. Lo he podido manipular con los cuidados correspondientes y observé que se encuentra en un estado general bueno, considerando su antigüedad de más de cinco siglos. El volumen cuenta con aproximadamente 365 páginas, las cuales se encuentran íntegras, con buen nivel de conservación del papel, sin pérdidas ni roturas importantes. Si bien algunas hojas presentan manchas de oxidación o suciedad propias del paso del tiempo, su estructura permanece sólida y legible. Está escrito en un latín muy antiguo, hay unas conjunciones y verbos latinos y el tipo de letra es gótico. En el colofón aparecen los siguientes datos: Pavia (Italia) en 1489, por los socios Johannes Antonius de Birreta y Franciscus Girardengu.
Este es el tercer tomo de La Suma, y está impreso a dos columnas, su formato es en cuarta. Los tipos utilizados en las primeras iniciales de color rojo han sido de madera. Su autor, Alejandro de Hales, nacido en Inglaterra en 1185, escribió esta obra a pedido del Papa Inocencio IV.
Alejandro Hales alcanzó gran fama como teólogo, tanto, que fue admirado por el mismo Santo Tomás, La Suma se imprimió por primera vez en Venecia en 1473.
La encuadernación es original, con tapas de cuero repujado, en ellas se distinguen un corazón flechado y un santo con el niño en brazos. Estas muestran un deterioro más evidente, con signo de desgaste, pérdida de material y fragilidad estructural, lo cual es habitual en obras de esta época. Este deterioro afecta principalmente a la cubierta, que se encuentra en estado regular.
En conjunto, el libro puede considerarse en buen estado de conservación para su época, destacándose la salubridad del cuerpo del texto y la legibilidad de sus páginas, lo cual le otorga un valor significativo tanto histórico como patrimonial.
DESAFÍO
–¿Cómo hacen para conservarlo, qué cuidados hay que tener?
–Conservar un libro de tanta antigüedad es para el museo un gran desafío, sobre todo en instituciones que, como la nuestra, con recursos limitados. Un incunable requiere condiciones muy específicas: temperatura y humedad controlada, protección contra la luz directa, manipulación con guantes, guardado en posición adecuada, entre otras medidas que recomienda la conservación preventiva.
Nuestro museo, si bien no cuenta aún con un sistema de conservación ideal, trabajamos con el mayor cuidado posible dentro de nuestras posibilidades. El incunable está guardado en un espacio protegido, es manipulado solo en ocasiones especiales y siempre con la mayor delicadeza, y estamos en constante búsqueda de asesoramiento profesional y fondos que nos permitan mejorar sus condiciones de resguardo.
Es para nosotros una enorme responsabilidad y un compromiso que asumimos con conciencia. Sabemos lo que este libro representa y seguimos gestionando para poder conservarlo de la mejor manera posible, como parte del patrimonio cultural de toda la comunidad.
EN EL INTERIOR
–¿Ya se consideraba una obra valiosa cuando Borques la donó al Magnasco?
–Sí, los incunables ya eran considerados objetos de gran valor histórico, bibliográfico y cultural, más allá de su antigüedad, también por el lugar central que ocupan en la historia del libro y la expansión del conocimiento.
En el siglo XIX con el desarrollo de la bibliografía como disciplina y el auge de los estudios históricos sobre el libro, los incunables comenzaron a ser buscados y coleccionados por bibliófilos, académicos y bibliotecas importantes de Europa y América. Se los comenzó a catalogar sistemáticamente, se crearon repertorios como el famoso “Incunabula Short Title Catalogue” y se reconoció su valor no solo como testimonios materiales del nacimiento de la imprenta, sino también por ser obras que contienen conocimientos fundamentales del pensamiento occidental.
Que Borques haya donado un incunable a nuestra institución, no fue un acto menor. Por el contrario, fue un gesto profundamente significativo, tanto por el valor del libro en sí como por el hecho de depositarlo en un lugar del interior del país, reconociendo su papel en la difusión de la cultura y el saber. Esta obra de 1489 no solo es una joya bibliográfica, sino que además conecta a la ciudad de Gualeguaychú con una historia global del libro, y la coloca en diálogo con grandes colecciones del mundo.
EL DATO
El museo puede ser visitado los martes, de 16 a 20 y los jueves, de 9 a 11.30 y de 16 a 20. Las instituciones educativas pueden consultar por otros días y horarios.

