El gobernador Maximiliano Pullaro concretó una profunda renovación en la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe tras la reciente aprobación legislativa de tres nuevos pliegos. Este proceso, avalado con amplio consenso en la Legislatura, garantiza que el máximo tribunal provincial cambiará casi por completo su composición, ya que para 2026 solo uno de los ministros de 2023 seguirá en funciones.
Renovación en la Corte Suprema de Santa Fe: Un Balance Político al Cierre de Febrero
Febrero concluye para la Casa Gris con un objetivo institucional crucial cumplido: la virtual renovación de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe. Si bien la fecha y los términos exactos aún están por definirse, es un hecho que para 2026, solo uno de los ministros que integraban el tribunal en diciembre de 2023 permanecerá en su cargo.
Daniel Erbetta, el último de los designados antes del actual proceso político, fue propuesto por el peronista Carlos Alberto Obeid a una Legislatura que, en aquel entonces, poseía mayoría peronista. En contraste, los gobernadores socialistas Hermes Binner, Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz, quienes siempre enfrentaron al menos una Cámara con mayoría opositora (y en ocasiones ambas), nunca lograron impulsar pliegos para el máximo tribunal. Sus intentos de reforma para la Corte y la Constitución provincial quedaron siempre lejos de convertirse en ley.
La Visión Institucional de Pullaro
Desde su asunción, el gobernador Maximiliano Pullaro había establecido la renovación de la Corte como su norte institucional, una meta que ya había manifestado durante su campaña electoral. Posteriormente, y como objetivo superior a esta meta en los Poderes del Estado, se añadió la histórica reforma de la Constitución de la Provincia, vinculada al proyecto político del oficialismo de poder competir por otro mandato. Así, en la segunda mitad de su gobierno, y a pesar de las lecciones que más de una vez han dado las urnas, Pullaro mantiene una jefatura política provincial incuestionable, más allá de las pulseadas con los docentes y el desafío que representa para sus aspiraciones el crecimiento de la derecha en general y de La Libertad Avanza en particular.
El Proceso y el Rol de la Oposición
Desde que Maximiliano Pullaro juró el 11 de diciembre hasta el jueves 26 de febrero, se sucedieron debates sobre nombres y se implementaron cambios normativos de gran relevancia. Este proceso contó con una contraparte opositora clave: el peronismo, mayoritariamente enrolado en el Perottismo dentro de la Cámara de Diputados, y el bloque de senadores del PJ.
Los diputados, con idas y vueltas, que responden al exgobernador, encontraron en su momento la forma de asegurar su porción en la renovación de la Corte y ejercieron una fuerte influencia en la Convención Constituyente. Sin embargo, en esta ocasión, fueron críticos del «apuro» con que se enviaron los pliegos en dos de los tres casos, argumentando que no existían vacantes formales hasta que las renuncias fueran efectivas. En consecuencia, optaron por abstenerse en lugar de votar en contra.
En el Senado, los legisladores liderados por Rubén Pirola se preocuparon, principalmente, por asegurar que la salida de los miembros a renovar fuera en mejores términos, aspirando a que lo sea al menos para 2026.
Cambios en la Estructura Judicial
En síntesis, a partir de 2024 la cabeza del Poder Judicial contará con 7 ministros, y desde 2025, la reforma constitucional establece que los mandatos durarán hasta los 75 años. El pasado jueves se aprobaron tres pliegos para nuevos miembros del máximo tribunal provincial, aunque estos aún no han jurado. De los tres ministros salientes previstos para 2026, solo Eduardo Spuler ha firmado su renuncia, efectiva en septiembre. Los otros dos, Rafael Gutiérrez y Roberto Falistocco, solo han comunicado a los medios su intención de retirarse a fin de año. Han dado su palabra, y sin dudas sucederá, pero resta definir las formalidades.
Se trata del retiro de dos de los ministros más influyentes de la Corte en las últimas tres décadas: Rafael Gutiérrez, asociado al Reutemannismo de los años ’90, y Roberto Falistocco, vinculado al final del peronismo de los ’80. Como afirmó sin rubores la presidenta de la Comisión de Acuerdos, Lionella Cattalini, en voz alta, han superado con creces la edad jubilatoria de 75 años para los jueces de la Corte.
Hasta ahora, todo indica que prevalecerán los buenos modales en esa despedida, una lectura que se desprende de la postura adoptada por los senadores del peronismo. Sin embargo, el gesto de solicitar formalmente a la Corte, desde el Ministerio de Gobierno, que se informen esas edades, sugiere lo contrario.
Amplio Consenso Político
El consenso obtenido por los tres pliegos votados esta semana es comparable al número de votos que requiere una mayoría agravada de dos tercios. Todos contaron con más de 50 apoyos sobre un total de 69 votos posibles. Una de las Cámaras, el Senado, respaldó a los tres en su totalidad con sus 19 votos. En la otra, la Cámara de Diputados, de sus 50 miembros, se registraron más abstenciones que rechazos entre los bloques de la oposición.
Es, en definitiva, un proceso político compartido entre el oficialismo y una parte significativa de la oposición. Entre quienes, hasta ahora, cuentan con el respaldo de la sociedad y han gobernado o gobiernan Santa Fe. Se trata de partidos de gobierno, estén o no en el poder, que demuestran una visión de Estado.
Si de ese acuerdo depende, es posible suponer que no habrá un decreto para acelerar los tiempos y dar por terminados dos mandatos en la Corte, más allá de las especulaciones de estos días.
Apertura del Año Judicial y Reflexión Final
Algo es seguro: el año judicial se abrirá el viernes 13 de marzo con diez ministros en la Corte: cuatro que seguirán ejerciendo su función, otros tres que actualmente lo hacen pero están por dejarla, y los tres flamantes designados por el Poder Legislativo, prontos a ingresar.
Para Santa Fe (y para todos los involucrados), y para que la provincia sea un ejemplo de institucionalidad superior a lo que sucede a nivel nacional, es preferible la debida elegancia de «cortesanos y cortesanas». Y también que, con el paso de los años, los dirigentes políticos y quienes los observan (la prensa y los ciudadanos informados) dejen atrás ese nombre para referirse a los ministros de la Corte. Que lo nobiliario, en todo caso, corresponda a la nobleza de sus fallos; no a la exclusividad de su poder, para que finalmente se verifique la verdadera renovación.
