Día Mundial Contra el Cáncer

"No se le puede dar un solo metro de ventaja a esta enfermedad"

En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, que se conmemoró el pasado 4 de febrero, Walter Acosta dialogó con Mirador Entre Ríos sobre cómo fue atravesar la enfermedad, los tratamientos, el retorno a dirigir en el futbol y el constante acompañamiento de su familia. El ramirense obtuvo dos subcampeonatos con Cultural de Aranguren durante 2022 y actualmente es el entrenador de la Primera División del Club Unión, de Crespo.

16-02-2023 | 22:21 |

La familia siempre unida. El ramirense junto a sus hijos.

Dicen que las únicas luchas que no se ganan son aquellas que no se libran y si de luchas libradas hablamos, Walter Acosta es palabra autorizada y un claro ejemplo de superación. El docente ramirense es conocido en su ciudad por su estrecho vínculo con el futbol, donde se desempeñó primero como jugador y actualmente como entrenador. Hace cinco años, un baldazo de agua fría lo sacudió por completo: al exdelantero de Unión de Crespo le habían diagnosticado cáncer en la garganta, específicamente en la zona de la glotis. La noticia lo dejó atónito no sólo a él sino a todo su entorno, especialmente su familia. A partir de ese momento –que sin lugar a dudas fue una bisagra en su vida– todo cambió.

No se equivocaba Juan Carlos Baglietto al expresar que “la lucha es de igual a igual contra uno mismo y eso es ganar”. Walter aprendió todos los días de esta enfermedad y supo, con muchísimo esfuerzo y voluntad, salir adelante en dos oportunidades. “Valió la pena cada día de tratamiento, de soportar los rayos, 28 viajes en total. El ‘cogote’ quemado como pollo viejo, algún que otro dolor, hablar y que apenas se escuche, no poder gritar los goles de Argentina, la tortura de los pensamientos, la inquietud de la ansiedad. Sostener la sonrisa y el espíritu en alto ha sido un desafío, pero fue superado gracias a quienes me rodean, los afectos, la familia, a quienes tienen en un pensamiento positivo, en una oración, en una velita a la Virgen o un padre nuestro al ‘Barba’, a quienes me escucharon haciendo el esfuerzo por entenderme. Es difícil de llevar y difícil de curar. Esta enfermedad no se da por vencida muchas veces y te vuelve a atacar”, expresó el entrerriano en diálogo con Mirador Entre Ríos.

En este sentido agregó que “la mayoría de las personas tiene un poco de reticencia en nombrar la palabra cáncer. En el ambiente se teme nombrarla. Yo habitualmente no sabía por qué y en todo este tiempo, por todo lo que me ha tocado pasar, aprendí que a veces no se saber decir y no es fácil para una persona ver a otra enferma. Es una enfermedad que se ha llevado mucha gente. Pero también es cierto que, con el paso de los años, esta enfermedad ha cambiado porque los tratamientos han mejorado. Nunca le perdí el respeto a la enfermedad, por el contrario, la seguí respetando”.

Consultar a tiempo

–En el Día Mundial contra el Cáncer, ¿Qué consejos darías?

–Por lo que me pasó a mí, mi consejo es que no dejen pasar una dolencia. Por distintas circunstancias evité ir al médico y lo que tenía que hacer no lo hice. Cuando me di cuenta, la enfermedad ya estaba bastante avanzada. Uno piensa que no puede ser y la noticia es más dura. Y cuando te toque afrontarla, hay que creer en uno mismo. Yo pensé en recuperarme, nunca dejé de hacer mis cosas. Obviamente tuve amigos, familia, los médicos y la fe en Dios. Yo estaba, y lo sigo estando, pensando siempre en positivo. Los médicos siempre me dijeron que la actitud tiene mucho que ver. No me entregué nunca, quizás tenga que ver con mi forma de ser y mi forma de jugar al futbol o mi estilo de ser docente. El roce de las personas con las que me ha tocado vivir me han enseñado eso. Creer en uno, creer que se puede. No desistir, siempre ser positivo. Hacer los controles médicos porque no se le puede dar un solo metro de ventaja a esta enfermedad. Es Di María en el Mundial. Le das dos metros, se te fue y te lamentas. A veces uno deja pasar las cosas por una pavada y después resulta ser algo más grave.

 

Walter y su mamá, empatía a flor de piel.

 

–¿Cómo estás ahora?

–Los últimos estudios me dieron bien. Tuve que volver a hacer radioterapia, la hice mientras estuve dirigiendo en Aranguren. Fue un proceso difícil, pero se afronta y se asume. He tenido la bendición y la gracia de poder salir delante de nuevo.

–¿Cómo fue cuando te diagnosticaron?

–Difícil. En esta segunda vez que me agarró yo venía haciéndome los tratamientos cada seis meses y las tomografías una vez por año. Venía muy bien y no tenía síntomas de dolor de nada. Obviamente seguí haciéndome los controles. Siempre fui estricto y cuidadoso en eso. En uno de los controles salió que algo no estaba bien. Los doctores no perdieron tiempo. La biopsia dio que había enfermedad de vuelta. En un primer momento, como lo fue la primera vez, es difícil. La noticia te impacta, te choca. La sensación de estar enfermo no implica solamente eso sino también abarca tu entorno, la familia. No es una gripe que se pasa en una semana, que te levantas y te vas. La parte más difícil fue transitar los efectos secundarios que te dejan los rayos de la quimioterapia. La primera vez fue en la zona de la orofaringe y la segunda fue arriba de las cuerdas vocales, en la zona de la glotis.

Seguir adelante

–En tu profesión, la voz es fundamental ¿Cómo la empleas?

–Soy bastante hincha en los entrenamientos. Corto, llamo y explico. En los partidos trato de dar las indicaciones precisas. Pero me apoyo mucho en mis ayudantes, que saben lo que hablamos durante la semana y las indicaciones son iguales si las digo yo o el asistente. Sabía que me iba a costar hablar. Por lo general, soy muy verborrágico y he tenido que aprender a medirme en mi forma de hablar, pero mi pasión va más allá de cualquier impedimento que haya quedado en la voz. Estaba convencido de que iba a volver al futbol. La primera vez pensé que me había agarrado una faringitis. Empecé a tener una disfunción en la voz. No le presté demasiada atención porque era típico del invierno. Después del primer tratamiento, la voz no fue la misma.

 

Cuando querer es poder. Acosta volvió al deporte y a la escuela.

 

–El acompañamiento familiar se torna clave

–En esto es la fe, las creencias que uno tiene, la familia, los médicos y la ciencia. Estas son las patas fundamentales donde todo se apoya. Pero no sirve de nada si uno no tiene esa fuerza para tratar de seguir adelante todos los días. Tengo una gran suerte de contar con mi familia, mis hijos. Soy un agradecido. Ellos son mi norte. El médico ya me había dicho que en los primeros días de quimioterapia iba a perder el pelo. Así que no me dejé sorprender, me pelé yo y me disfracé de Gandhi, con una sábana para sorprender al resto. Cuando empecé con los tratamientos, mi mamá también se había pelado. Mi hijo Axel se rapó cuando me dieron los buenos resultados. Él había hecho una promesa. Santino (el otro hijo) también se sumó a la causa. Ivon, la tercera, me acompañó todos los días en esta segunda etapa de radioterapia porque vivía en Paraná.

Los perros, una terapia

“Siempre tuve perros. Ahora tengo ocho. Cuando me enfermé por primera vez, los médicos me dijeron que, por la quimioterapia, se bajan las defensas. Mis quimioterapias eran de una semana completa. De lunes a viernes. Tenía una semana de descanso y volvía a la siguiente. La quimioterapia te bajonea y te saca energías. Estar una semana internado no es fácil. Cuando llegaba a mi casa los viernes, los perros venían a la cama. Si me hubieran visto los médicos, me habrían retado. Pero era una terapia positiva. Sentir el cariño de los perros como si ellos supieran que uno está enfermo. Estaban siempre al lado mío. Es un compromiso tenerlos, cuidarlos y pasearlos. Pero también tiene premio por otro lado. Los saco todos los días, menos los domingos, una hora a pasear por Ramírez”, cuenta Walter.

Un loco por el futbol

La pasión de Acosta por el futbol es innata y se lo puede observar a simple vista, basta hablar con él para poder percibirlo. A los seis años daba sus primeros pasos en la Escuela Municipal de Futbol con Hugo Graizaro como profesor. Jugaba de nueve. Luego pasó a Racing. Jugando en un club de Crespo fue dirigido por el papá de Gabriel Heinze y más tarde se calzó la casaca de Roma, con la cual obtuvo el bicampeonato de 1988/1989. Otro club que lo marcó a fuego fue Unión de Crespo, donde no sólo dirigió (desde inferiores, juveniles y Primera) sino que también se puso los cortos. Logró el campeonato del '95 y el '97.
El ramirense colgó los botines a los 34 años luego de una gran trayectoria dentro del campo de juego. Su primera experiencia como entrenador fue en el '94 en Roma de Ramírez. Como DT del rojiblanco disputó dos finales de la Unión Deportiva de Ligas (Martín Fierro y Atlético Tala), mientras que con Cultural de Aranguren logró dos subcampeonatos este año. “El deporte además de ser educación también es salud”, asegura.

En enero de este año fue confirmado para ser el entrenador de la Primera División del Club Unión de Crespo. “Estoy contento por la posibilidad de volver a un club que para mí tiene mucha importancia desde lo deportivo, formativo. Fue un pilar en mi vida que me permitió después seguir la formación docente y deportiva. Estoy contento por volver a uno de mis lugares preferidos”, manifestó el hombre de la Capital Provincial de la Juventud.


 
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