Literatura

Lisandro González: la poesía es una cuestión, entre otras

La entrevista con el abogado y poeta Lisandro González mantuvo una previa: se ha cortado el cabello y su entrevistador ha sido el peluquero. Al cierre de la peluquería y ya con el micrófono adherido a su camisa, el tema fue la poesía, de la que puede hablar y mucho. Confirma su idoneidad cuando recibe el Premio de Poesía José Pedroni en el año 2013, con el libro Poemas lumbares y recientemente fue publicado su nuevo libro Lastre, que recibió el Segundo Premio del Concurso Provincial de Poesía Alfredo Veiravé, y como si eso fuera poco, su trabajo de reseñas culturales, se puede ver en diarios o revistas digitales.

16-12-2023 | 12:05 |

Foto:Gentileza.

Mientras finalizaba su corte de cabello, Lisandro hablaba de las telecomunicaciones y la poesía, porque en la entrevista de bar o lugar neutral suele haber distracciones. En la entrevista peluqueril se mantiene el tono amigable, la calidad discursiva propicia para soltarse y cierta confidencia. La primera pregunta fue hacia dónde centraba su obra.

—¿Al componer un libro cada poema era un mundo en sí mismo en forma aleatoria o buscabas un tema inicial para mantener en el resto de los poemas?
—Creo que estaría más bien en lo aleatorio. Pienso que puede haber alguna cuestión de fondo. Por ejemplo, hay gente que escribe poesía de ciencia ficción. Lo leí en una antología de Ediciones en Danza y ahí encontré un límite, me di cuenta de que no podía mantener una línea, un tema. Incluso me lo he propuesto y no lo pude concretar. Si miro lo escrito en estos años entiendo que he tratado de cambiar de temas, de buscar otros tonos y no sé si he variado mucho. Me parece que siempre voy más o menos por una cuestión parecida, pero que nunca trata sobre un solo tema a lo largo del libro y es la pregunta que uno se hace sobre la mirada que uno intenta a través de la palabra. Hugo Diz siempre me decía: “vos tenés que tratar de escribir libros que tengan una unidad, que tengan algo en común, tratar de dar un tema”. Yo trato de elaborar bastante los poemas, y por las ocupaciones de la vida cotidiana no les dedico el tiempo que me gustaría. Pero intento que haya una unidad. Los divido siempre como en capítulos y que cada uno tenga algo que lo una. Hay secciones de poemas por ejemplo, que suelo trabajar desde lo formal, donde todos comienzan con la misma palabra y no más de 100, son proposiciones.

“Pero el asunto puede cambiar, hace un tiempo tuve una cuestión familiar de salud de una de mis hijas que por suerte salió bien. Fue algo grave que me marcó y mucho. A partir de ahí escribí temas diferentes y siento que no son cosas para publicar, porque juega demasiado lo sentimental. Eso me generó un cambio grande en mi vida, pero no sé si en la escritura. Venía el turno de una operación, luego otra y yo leía poemas que tenían otro tono, que tenían bastante que ver con esa situación y que no lo llevé a mi último libro Lastre. Pero hay un solo tema ahí y es un libro inédito que quedó dando vueltas, donde tampoco está demasiado presente más allá que haya escrito sobre el asunto.

—Mencionaste la palabra cuestión como algo que define y determina tu obra, ¿cuál sería el rumbo que lleva tu poesía?
—Y yo creo que hay como una especie de paisaje mental eminentemente urbano. Creo que viene por ahí el tema de la cuestión. Susana Valenti me decía que yo hacía cotidianismo mágico. Pero bueno, creo que en mi poesía y hay alguna cuestión de imagen que juega también con la ironía y con un cuestionamiento. Si bien en mi obra no está de manera explícita, soy una persona espiritual, religiosa. Y creo que esa pregunta, ese cuestionamiento, si uno empieza a mirarlo así, también aparece. Cuando era joven leía que Vallejo decía que todo se puede transpolar a cualquier tipo de creencia y él como poeta socialista, no necesitaba escribir sobre el socialismo. O sea, el poeta socialista tiene que vivir como un socialista y ahí le va a salir la poesía socialista. En mi caso como cristiano católico, tengo alguna cuestión espiritual, o algo de la fe que uno cree sentirse comprometido y que no tiene que decirlo de manera tan explícita. Hay que tratar de que eso discurra de una manera más sutil. No sé si sale o no, pero la cuestión del panfleto es algo complicado en la literatura y en el arte en general y el contenido no tendría que ser muy directo.

 

Lisandro nació en Resistencia en 1973.
Foto: Gentileza.

 

Sobre el libro
En Lastre, el premiado libro, hay una sentencia de la frustración en la primera sección que Lisandro denominará Premio consuelo. Aquello que ha sucedido tiene un culpable y no se sabe quién es. En su poema “Pronóstico” anuncia que nada va a cambiar porque llueva, salvo el agua que limpia. El autor enciende todos los motores para encontrar al culpable pese a que los poemas se suceden hoja tras hoja. En el acierto de su condensación, en lo mínimo dicho, pareciera ser que se sufre sentencia tras sentencia, pero la belleza de las palabras es dominada con una destreza justa y la conclusión es fácil: la poesía salva y ayuda. Ya llegando al poema Atravesados por la gracia, no encontraremos al culpable que quizás sea el destino mismo, sólo leeremos una breve introducción a lo fantástico y será en el poema Avenida interestelar, cuando un astronauta desnudo canta silbidos de nieve mientras lo real de la vida misma se despereza en un amanecer cualquiera. En esta parte, Lisandro emerge como el poeta del mundo y la famosa aleatoriedad la veremos andar -en su andar aleatorio- hasta la siguiente sección: Diez de cien, con la cuestión de la vida cotidiana y las situaciones de todo el despelote de la humanidad pensante. Es el poeta que todo lo cuestiona y lo presenta en versos para hacer pensar al lector en una estrofa tras otra. Serán asuntos no
resueltos y no se solucionarán tan fácilmente. Continuará la sección La llegada de los equilibristas, de poemas precisos y cortos, algunos casi rozando el haiku de la sabiduría inclusive y en la sección Versos blancos, el amor en toda su enorme relación tendrá su parte junto a otras cuestiones. Bajo el título Notas, la última sección, cierra el libro con frases largas casi en narrativa y casi también rozando el aforismo, pero es poesía y la metáfora distingue la diferencia.

La hija
—Aún sin haberlo publicado y que continúe inédito, el hecho de que hayas escrito sobre tu hija, ¿qué te significó? Escribís un problema de tu vida, liberaste algo como en una especie de psicoanálisis o una descarga y después, cuando vienen las correcciones, ¿cómo lo empezarías a ver? Porque las variaciones de la corrección indefectiblemente llevan a que lo autobiográfico se mire desde arriba, como desde una especie de omnisciente o de indirecto libre.

—Bueno, uno indirectamente va volcando lo que le pasa, porque no somos entes que estamos ahí abstractos. Lo bueno y lo malo, de alguna manera está presente en lo que uno escribe. Lo más terrible que me tocó vivir en mi vida fue la operación de Clara, donde uno no sabía qué iba a pasar y lo narrado está demasiado crudo, hay mucho dolor y hasta pienso que es muy de ella también. En Lastre, hay un solo poema que cuenta un paseo que hicimos en Córdoba después de la operación, pero fue muy difícil vivir eso y por algunas consecuencias todavía me cuesta hablarlo. Pero a la vez lo puedo ver ya como un objeto ajeno, como ese omnisciente que mencionás; ese paso a la ajenidad.

Cuando uno escribe lo que sea, muy en caliente, luego hay que trabajarlo mucho. Porque está la cuestión catárquica, que sirve, ayuda, pero al encararlo por el lado de la literatura, se busca algo más que eso. Hago terapia desde antes de lo de mi hija y sigo yendo de manera constante, lo tengo como un apoyo necesario, pero lo que sale en ese contexto no sirve para decir: esto es poesía, esto es literatura. Queda ahí guardado y el tiempo que ayuda a sanar será el de las decisiones para más adelante.

—¿Y trabajás mucho tu obra?
—Más de la cuenta. El ejemplo de corrección al extremo era Borges, que el tipo vivía corrigiendo y bueno, algo de eso me pasa. Creo que hay un trabajo previo que te autoriza luego a hablar de inspiración o lo que sea, porque definitivamente hay una cosa inicial y después el laburo del poema continúa, no se termina con ese momento de escritura inicial. Siempre podés mejorarlo. De las tres categorías más amplias de la literatura, reescribir la poesía es mucho más difícil que trabajarla, me di cuenta ahora que estoy terminando un libro. Y también eso de dejarlo reposar al manuscrito y al releerlo, uno siempre encontrará algo más para agregar o corregir. A mí me marcó bastante ese diálogo inicial con Hugo Diz, él siempre comprimía mucho y marcaba el asunto de la condensación, entonces yo normalmente intento sacar palabras. Ahora Hugo está fallecido y sé que si agarrara mis poemas me quedaría con la mitad, porque él era un limpiador compulsivo. Pienso en los ensayos de poesía de Gastón Bachelard, en “La poética del espacio”, y en sus libros sobre el aire y los sueños, una serie de ensayos en donde se aprende un montón. “El Arco y la Lira” también, de Octavio Paz, pero el intercambio con algún amigo determina mucho tu obra. Me acuerdo de Guillermo Ibáñez que me hizo unas sugerencias. Era buen lector y un gran poeta. Falleció hace unos años; dirigía Ediciones de Poesía de Rosario y una revista también que era Poesía de Rosario. Edité dos libros con él, le gustaba lo que yo hacía y para la segunda edición, me dijo concretamente que sacara los artículos y me puse a ver los poemas y digo, mirá vos con este detalle cómo ganan los poemas, porque te obliga a armar mejor la oración.

Una cosa de poda interesante. Siempre estuve atento a lo que me han dicho, alguna lectura que ha podido salir, algún comentario. He recibido críticas malas, no de mala leche, pero sí gente que me ha dicho, mirá esto, tal cosa y uno intenta de todo sacar algo, ¿no? El proceso creativo tiene mucho que ver con la lectura que también es una manera de conformarme y consolarme de que querría dedicarle más tiempo y no puedo. Pero si estoy leyendo poesía, o narrativa, ensayo, o filosofía, estoy de alguna manera haciendo poesía.

Bio

Lisandro González nació en la ciudad de Resistencia (Chaco) en 1973. Reside en Rosario. Ha publicado los libros de poesía: Esta música abanica cualquier corazón, Homo Sapiens 1994; Leña del árbol erguido, Poesía de Rosario, 2000; Hobbies de hotel, Ediciones en Danza 12004; Intérvalo Lúcido, ASDE, 2007; Los cauces vacíos, Poesía de Rosario, 2011; Política de otoño ASDE 2013; Poemas Lumbares, UNL, 2014 y Qué es la poesía, Libros Silvestres 2018. Recibió los premios José Pedroni, José Rafael López Rosas y Luis Di Filipo. Fue incluido en varias antologías, traducido al idioma portugués y colabora en el suplemento de Cultura del diario La Capital y revistas digitales.


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