Sobre Lucía en la puerta vaivén

A fuego lento

La última novela de Verónica Laurino sumerge al lector en los entramados culturales de una sociedad que codifica feminidades para el sufrimiento. Una prosa precisa y reflexiva que invita a la contemplación.

24-01-2024 | 11:26 |

La escritora Laura Rossi escribe en la contratapa: “en cada episodio en el que, en apariencia, se desvía la atención, se cifran las claves de un mundo”. Justas palabras de lo que son los treinta y cuatro capítulos breves que estructuran las dos partes de la novela.
Foto:Gentileza

La boca es la puerta de la especie humana a la cultura. Por medio de ella, el hombre se convierte en un sistema orgánico abierto, que interactúa con el mundo. Es la boca la puerta al deseo, la primera zona erógena como explica Sigmund Freud en Tres ensayos de teoría sexual (1905).

Que el mundo gastronómico es violento desde los cimientos laborales que lo estructuran, es conocido desde hace años por los comensales que degustan la gran variedad de platos que una cartilla de turno ofrece. Este secreto a voces la novela lo desnuda de forma detenida, pero la esencia de la historia contada va más allá. Lucía en la puerta vaivén (UNR Editora) no es una novela sobre la violencia del mundo gastronómico, aunque Verónica Laurino elija la comida para contarnos una historia, y con ella sumergir al lector en los entramados culturales.

“Somos lo que comemos” dice un viejo eslogan cultural y comemos los productos de un mundo de precarias lógicas laborales. Devoramos los productos de un sistema que replica la cultura gore.


“Gastón aprendió a matar y descuartizar animales en L´Évole de Cuisine de Lyon. Hizo la práctica con un conejo. Fue el trabajo más difícil, el primero”, son las líneas iniciales de la historia. Gastón está entrenado para hacer lo que la cultura le enseñó. Está preparado para matar y lo hará; a pesar de ser un chico de buenos sentimientos, un buen compañero de trabajo, un sensible amigo y mejor profesor. Basta un hecho, un estímulo, o acto para que salga a la luz las lógicas invisibilizadas que la sociedad incubó en él. El sistema educativo le enseña a matar en la instruida escuela francesa, como en los años 60 lo hizo la OES (Organización del Ejército Secreto) con los Estados latinoamericanos.

Gastón cruza la línea, y como buen sicario, el segundo trabajo será más fácil. La bisagra actúa, la puerta se abre y los condimentos del banquete del crimen están sobre la mesada de la cocina. El asesinato de Braulio será el péndulo de una historia que a fuego lento descodificará las complejidades de una cultura que naturaliza el sadismo y el sufrimiento, como cuenta la protagonista Lucía, sin pelos en la lengua: “Mi madre me entrenó en el sufrimiento. Ahora estoy agradecida”.

En este punto Verónica Laurino sumerge al lector en preguntas, más allá de desnudar entramados del mundo laboral, del mundo carcelario y de la cultura culinaria. Las preguntas de Verónica son culturales: ¿Por qué a las mujeres se les enseña a naturalizar el sufrimiento?, ¿cuáles son los patrones que codifican este malestar hecho cultura?, ¿qué comen las personas para vomitar violencia?

La escritora Laura Rossi escribe en la contratapa: “en cada episodio en el que, en apariencia, se desvía la atención, se cifran las claves de un mundo”. Justas palabras de lo que son los treinta y cuatro capítulos breves que estructuran las dos partes de la novela.

La historia desnuda más allá de la precariedad del mundo gastronómico, el entramado cultural del patriarcado, con la violencia como única resultante posible. Una novela que llama a la paz desmenuzando las lógicas de una sociedad que parece nunca agotar los caminos de la injusticia y las desigualdades.

Sobre la autora

Verónica Laurino (Rosario, 1967) trabaja de bibliotecaria. Su novela “Breves fragmentos” ganó el Concurso Municipal del Consejo Municipal de Rosario y se publicó en el año 2007. Un año antes de la mano del sello editorial Ciudad Gótica publicó el libro de poesía “25 malestares y algunos placeres”. Al año siguiente publicó el poemario “Ruta 11” de la mano de Vox y en colaboración con Carlos Descarga “Comida China”. Junto a Tomás Boasso escribió la novela juvenil “Vergüenza” que dio a luz en el año 2011 con el sello editorial Signar. En el 2013 Erizo publica la novela “Jardines de Infierno” y en coautoría con Fernando Enríquez publica “Sanguíneo” de Baltasara Editora.

La literatura infantil tiene lugar en su obra con “Paren de pisar a ese gato” del sello Libros Silvestres publicado en el 2016 y en el 2019 sale la novela “Alimañas en la casa nueva”, el libro de cuentos infantiles “Mula” (Ciudad Gótica) y El círculo naranja (Editorial Mburucuyá). Su prolífera escritura no se detiene y en el 2020 se publicó “Larga distancia” en la editorial Caleta Oliva y en el 2021 Ediciones Arroyo publicó “Dos poemas” en formato artesanal. Ha participado de distintos festivales, Ciclos de Poesía y publicado en varias antologías.


Detalles del libro

Título: Lucía en la puerta vaivén
Autora: Verónica Laurino
Contratapa: Laura Rossi
Detalle de tapa y página 90: Marcelo Villegas
Corrección: Tomás Boasso, Santiago Beretta y Ezequiel Hazan.
Sello: UNR Editora
Director: Nicolás Manzi
Páginas:96


Temas: El mirador 
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