Reseñas peluqueriles

Ernesto Gallo: el detective salvaje

 El escritor Ernesto Gallo que vino hace algunos años desde el Chaco para estudiar Psicología y escribir, hoy trabaja como psicoanalista, da clases en talleres literarios, organiza ciclos culturales y publicó su primer libro Voz de vaca con la editorial ítalo argentina Le Pecore Nere (2023).

04-06-2024 | 16:00 |

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Ernesto viene del Chaco y algo de su vida pudo mezclarse con algunos cuentos del libro. Foto: Gentileza.


 Ernesto Gallo mantiene un hilo conductor de personajes y lugares en su libro de cuentos Voz de vaca, que serán los mismos hasta el final. El primero será el campo con el detalle de una enorme sequía. El segundo serán las vacas que mueren de sed por la seca. El tercero, el padre quien poco a poco irá sentenciando el destino de este narrador joven en primera persona.

Luego vendrán los hermanos que acompañarán poco a este héroe y la madre tomará protagonismo en el cuento “Mamá flotaba como si tuviera el cuerpo de madera”. Será la actriz principal que llevará incluso a nuestro héroe a ser casi el padre de su misma madre. Y sin que ella se entere, el héroe se comportará con la crudeza bestial que, en el ámbito del campo, sería una situación usual e irreverente ante la muerte. Esa bestialidad puede leerse ante un perro que no se muere pese a los tiros del padre; ante un dedo cosido a mano por su propio héroe luego de pegarse un machetazo o la intentona de una operación de apéndice hecha por sus propias manos. La vida solitaria anuncia el final esperado, pero no será el final lo importante de este libro; spoilearlo no significa, porque desde el principio cada detalle significa mucho más y el silencio del campo y el de las vacas, será la fidelidad de esos testigos que acompañan a nuestro héroe.


Sabremos el nombre del narrador en el tercer cuento que lleva también el nombre del libro “Voz de vaca”, cuando el padre lo llame Nelson, aunque la mayoría de las veces le dirá hijo tanto a él como a sus hermanos. Por ser el mayor de los tres, el padre le enseñará a Nelson a manejar la camioneta y a tomar una responsabilidad que no le correspondería a un niño. Pero como toda consecuencia lógica del hermano mayor en familias un tanto patriarcales, será el primero en iniciar varias tareas como la de conducir la camioneta o enfrentar los distintos desafíos que presenta el campo. Un terruño que, pese a su silencio y su paz, siempre habrá mucho por hacer. El campo no se termina nunca pese a su extensión y a sus vacas moviéndose en medio de un trabajo arduo e implacable, tanto como el calor que arrasa a la provincia.


Ernesto viene del Chaco y algo de su vida pudo mezclarse con algunos cuentos del libro, pero es sabido que lo autobiográfico termina desdibujándose cuando se trata de contar una historia vivida. En este caso, el autor trabajó su obra alrededor de lo que observó de su padre y recreó algunas circunstancias vividas a las que les agregó algo de fantástico, de alegórico y simbólico.


Dice el autor: “Son ocho cuentos que tienen la particularidad de que los personajes, sobre todo el narrador que está en primera persona, estén en todos los cuentos, o sea se sostiene la voz de esa narrativa. Al principio, en la infancia de Nelson, aparecerán los hermanos y el padre. El libro sostiene el tiempo lógico en donde Nelson va creciendo a medida que va pasando de un cuento a otro. El padre tiene campo y lo trabaja, Nelson lo ayuda y al final termina haciéndose cargo; se queda ahí solo”.


-En los últimos tres cuentos hay un breve cambio en donde aparece cierto espectro fantástico. También hay una operación de apéndice que el propio Nelson intenta hacerse, pero se olvida del algodón, aun cuando ya había usado el bisturí, ¿no?


-Si, se va trastornando todo. Se trastorna incluso el propio personaje, se trastorna el espacio y se trastorna el tiempo. Hay como un retorcimiento ahí de eso y van pasando algunas cosas extrañas, medio del fantástico, a veces medio del terror, siempre con mucho humor; eso intenté. Nelson, tiene dos hermanos que son Simón y Matías, el padre de ellos aparece en varios cuentos y la madre en uno. Es una historia familiar, pero desde el punto de vista de Nelson, sobre cómo se queda en el campo. Es la transmisión generacional de parte del padre hacia él, de cómo se trabaja en el campo, lo que quieren decir las vacas y eso.


-No hay ninguna duda de que sos originario del Chaco, tu acento lo dice.


-Sí, nací en Resistencia, Chaco, en 1997. En ese momento mis padres estaban viviendo en un pueblo que se llama Presidencia de la Plaza, un lugar donde no se puede ni nacer. Me gusta hacer el chiste ese. Los seis primeros años de mi vida fueron en Plaza, queda a 100 kilómetros de Resistencia. Es el interior de Chaco, una zona árida. Está el monte, el campo, el Chaco profundo, pero no es el impenetrable. Fui al jardín en Plaza. Era el único que había y público. Cuando cumplí los seis años, yo ya tenía dos hermanos más chicos y mis viejos decidieron irse a vivir a Resistencia. Ahí estuve hasta los dieciocho. Mis padres están separados. Mi papá está viviendo en Plaza y mi vieja en Resistencia. Yo vuelvo a Plaza siempre, a visitarlo.”

-¿Viviste en el centro de Resistencia?


-Sí, hice todo en el centro. Fui a la escuela número 41, la primaria y después la secundaria la hice en el Colegio Nacional. Pero me quería ir de Resistencia desde la adolescencia y mi mamá es Rosarina, se fue de joven allá a Resistencia. Y yo tengo familia acá, una tía que me recibía en su casa, hermana de mi vieja. Había otros destinos como Buenos Aires o Córdoba, pero fue determinante tener a mi tía acá para tomar la decisión de adónde irme.

-Y tu interés por la literatura, ¿en qué momento se manifiesta?


-Cuando estaba en quinto año en Resistencia, hice un taller literario con Mariano Quiroz y Pablo Black. Los conozco de toda la vida, porque sus familias eran amigas de mi familia. Un tío, el hermano de mi viejo, el tío Oscar, es como un tío de Mariano y de Pablo. El taller literario con Mariano y Pablo, era en un bar que se llama Nanas Suena Bien, que es de mi primo. La familia tenía un restaurante que se llamaba Nanas de Cebolla. Lo abrieron con mi vieja y la madre de mi primo, que es la otra hermana que vive allá. O sea, tiene una hermana que vive Rosario y otra en Resistencia. Y mi vieja había elegido el nombre ese por la canción de Serrat, el poema de Hernández. Mi primo estaba en la movida cultural y empezó a hacer un ciclo todos los domingos que se llamaba Nanas Suena Bien, invitaba a músicos y ahí fue mi tempranísima formación cultural.

- Elegiste una carrera humanista.


-¡Claro! Sí. Yo quería estudiar algo relacionado a Humanidades y estaba entre Filosofía, Letras o Psicología. Mariano y Pablo me decían que, si quería escribir, tenía que leer y mucho. Mariano es un gran escritor y no se está guardando el secreto; te dice todo lo que sabe. Entonces decidí Psicología y vine a Rosario en el 2015. El primer año viví en la casa de mi tía Estela. Terminé la carrera y empecé a trabajar. Ahora formo parte desde el año 2019 del grupo de psicoanálisis y estudio Savoy, que fue fundado por Carlos Quiroga. También soy miembro de la institución de psicoanálisis Centro de Lectura, Debate y Transmisión, de Buenos Aires. Pero seguía escribiendo y empecé un taller literario con Rocío Muñoz Vergara. Fui también al taller de Marcelo Scalona, en plena pandemia. Y me empiezo a conectar con los escritores cuando salgo finalista del concurso Manuel Musto, de la Editorial Municipal de Rosario, en el año 2021 con este libro de cuentos. Ahí la EMR decide publicar un cuento del libro, que es Voz de Vaca.

-Estás trabajando junto a Felipe Hourcade, en un ciclo ambicioso, Los detectives salvajes, del que se habló mucho el año pasado. En poco tiempo lograron llevar figuras importantes de la literatura nacional y zonal. El Almacén El Trocadero cumplió un papel importante en el crecimiento, incluso este año ya lleva un par de encuentros realizados, ¿cómo empieza todo?


-Todo empieza cuando conozco a Felipe Hourcade, a través del concurso de la EMR y nos hicimos muy amigos. Decidimos hacer el ciclo en el Almacén El Trocadero, en Santiago 989 y empiezo a relacionarme con más gente. Siempre tuve como dos grandes ambiciones, que eran hacer un ciclo literario que sea de narrativa y de poesía y dar un taller literario. Cuando lo conozco a Felipe, empezamos a darle forma a la idea. Fueron muchas, pero decidimos el de hacer el ciclo anual invitando a cuatro escritores, mujeres, varones, poetas y narradores. Felipe lo conocía a Roberto García, uno de los compañeros del Almacén El Trocadero y charlamos con él. En mayo del 2023 arrancamos con la primera edición. El nombre Los Detectives Salvajes, es porque somos fanáticos de Bolaño, de esa novela que lleva el nombre. El inicio fue bastante precario, hacíamos los flyers y las fotos nosotros. Pero lo hicimos a cara de perro, como nos salía, sin un mango. Me acuerdo que Mariano dice: “che, este flyer, no se ve nada”. Y le digo “sí, tenés razón”. Entonces lo dijimos por el micrófono riéndonos de nosotros. Preguntamos si alguien quería darnos una mano. Ana Clara Pugliese, una poeta amiga, propuso hacer el flyer nuevo y quedó excelente. Después nos contactó una fotógrafa que también quiso trabajar y se fue armando. Hay una novedad con el ciclo porque Felipe se fue a vivir a Buenos Aires y pergeñamos la idea de hacerlo allá y la novedad es esa: se hará en junio en Capital Federal.


“En el 2023 salió una convocatoria de cultura de la Municipalidad de Rosario, que se llamaba Abiertos. Enviabas una propuesta de taller y te daban el lugar. Gané la convocatoria y lo di en la Biblioteca Argentina durante cuatro meses. El taller se llama Colinas como elefantes blancos, por el cuento de Hemingway. Ahí aproveché el envío y seguí este año también. Va un montón de gente y se formó un lindo grupo”.

-¿Cómo fue tu experiencia con la editorial?


-A la editorial Le Pecore Nere llegué por Marilina Negri. Ella me corrigió el libro y actuó como agente literaria. Regina Cellino, la editora, me contestó al toque y después fue todo un laburo excelente. Al prólogo lo escribieron Mariano Quiroz y Pablo Black. Para la corrección viajaba a Buenos Aires, a la casa de Mariano dos veces por mes. Nos poníamos ahí con dos copias, leíamos en voz alta cuento por cuento. Después los corrigió Pablo, más a la distancia y por último Marilina. Cuando se publica el cuento Voz de Vaca, me abrió la puerta para después poder publicar el libro completo.


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