Novedad editorial

Los cuadernos de Ramiro García

 


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Ariel Gustavo Pennisi


Ante todo, Ramiro García escribe y lo hace desde hace mucho. Se define como un tallerista crónico antes que poeta. Así lo deja ver cuando es convocado a una rápida elección de sus emociones, siendo el compartir momentos y crear vínculos afectivos su vía de fuga, su anclaje en la vida antes que la poesía.

Prefiere reconstruir su identidad de escribiente allí donde abundan quienes siempre están, más allá de la catarsis propia que toda escritura posibilita. Sus cuadernos celeste/negro no son el debut literario del crónico tallerista, pero si su primer libro doble solista, y cabe la aclaración para poder hacer un justo recuerdo: antes participó de la producción colectiva “Apucheta. Crónicas del barro” (la novela del sello editorial rosarino Homo Sampiens) y hace poco más de una década, dio a conocer sus versos en su poemario debut “El hit del verano” (Tropofonía, 2010).

En esta oportunidad vuelve nuevamente a la escena de la publicación, aquella de la cual nunca se terminó de retirar del todo, ya que suele aparecer en antologías y revistas literarias de la ciudad de Rosario por medio de poemas y cuentos. Vuelve con su cuaderno doble, binomio color negro-celeste.

“Cuaderno Celeste-Cuaderno Negro” o como el lector prefiera aventurarse en su lectura, “Cuaderno Negro-Cuaderno Celeste”, se presentan como las dos inseparables aristas de la poesía. Cara y cruz de una misma moneda como bien podría rezar un viejo clásico tema de algún cantautor rosarino, porque la vida puede ser poesía y la poesía es una moneda y ojo que hablo de monedas, no de “gruesos billetes”.

La edición del libro estuvo a cargo de la ya muy bien conocida cooperativa poética llamada Perfeito Ediciones, cuyos ingredientes son el afecto mutuo, el respeto por la poesía y la fiel convicción de que vale la pena hacerlo colectivamente. Viejos y necesarios síntomas de la sana cronicidad. Grupo de afectos conformado por diez escritores que desde hace años comparten sus textos trabajados en forma conjunta en el taller de poesía de Tomás Boasso y materializan desde el año 2021 sus trabajos en libros objetos publicados, siendo cada publicación editorial, motivo de festejo grupal y logro colectivo. El grupo nunca olvida que el proyecto es posible a partir de haber ganado el premio de Fomento Editorial Línea Producción por el plan de Fomento a las Industrias Creativas de la Provincia de Santa Fe.

Los cuadernos de Ramiro García son la quinta entrega del sello, antes conocimos “Vainilla y coco” de Emilia Pérez, “Fósforo” escrito por el venadense Diego Margutti, “Tiras de muestra” obra de Mariana Terrile y “Un país de noche” bajo la lírica de Roberto Vince. Pronto vendrá “Partes del Tropezón” de Beco Pignocco. La colección proyecta agrandarse este año y por lo menos llegar a la decena de títulos publicados, completando la circularidad de uno por autor del colectivo, convocando letra a letra la impronta propia del movimiento.

Los cuadernos de Ramiro García
Juguemos y tiremos los cuadernos al aire, vamos a darle lugar al azar. Toca el lado celeste de las cosas. El cuaderno celeste se presenta con el aura poético propio de lo dinámico de la vida. La quietud puede ser un alivio para la existencia que exclama el descanso de lo conocido, aunque lo dinámico que tiene su precio propio, porta la entelequia de su belleza. Paolo Sorrentino lo expresa con simpleza mirando las costas del mar Tirreno, al dirigirse sobre las sensaciones que le evocaba volver a su Nápoles natal para la realización de su última obra “E stata la mano di Dio” (2021): “las cosas nuevas son parte de la belleza de la vida”.

El cuaderno celeste tiene lugar de nacimiento, es en un puesto de Russi Russi en las vecinas tierras del Brasil donde su autor tuvo que viajar por deberes burocráticos luego de la muerte de su padre. La estadía se extendió más de la cuenta en una época fuera de temporada y allí estuvo la poesía al rescate del tedio del obligado exilio. El cuaderno celeste tiene la dinámica del mar, con el aire impregnado de su olor, aquel que sensibilizó a Ramiro de este lado del mundo, aquél que sensibilizó a Sorrentino en la vieja Europa. Las cosas están claras, “su aire está impregnado de su olor / su ruido nunca cesa” y como nada es gratis en esta vida, el cuaderno celeste tiene precio, “no se paga con Mastercard”, se paga con lírica.

Del otro lado del azar, nos encontramos con el cuaderno negro, donde confluyen distintos textos que el autor fue escribiendo a lo largo de los años y que por distintas razones no fueron posible de publicar, “abarcan varios poemas distintos, de distintas series” nos avisa Ramiro García y recuerda en la historización de los mismos que “algunos tienen hasta diez años de realizado y otros como Jardines de Marosa, tienen un año aproximadamente”.

El Cuaderno Negro reinscribe miedos desde una fuerza tan íntima como propia y ácida. Miedos universales se hacen presentes. Miedo al olvido; “no es por guita, ni principios, no es supervivencia ni venganza / ver a tu ex convertida en Zombi / la única cura contra la necrofilia” escribe en el poema “Hay Zombis”.

Miedo al peso propio de aquello llamado novela familiar por el psicoanálisis, “cada uno lleva en sus cabezas de colores/ las iniciales de los muertos de los que precede/ su calor, su humedad, su alimento y su veneno”, miedo a ser un zombi más, un simple mortal, “El que come mi carne y bebe mi sangre / será Zombi” se deja leer en el sencillo, pero incómodo poema “Walking dead”.

Hay Temores, temor de que las utopías del silencio y la poesía queden relegadas. Pero no todo queda en la parálisis del miedo, la fuerza de la ironía Ramiro García la maneja de forma magistral como podemos leer en el poemario “Politoxia”: “la religión es el opio de los zombis/ el celu es la merca de los zombis/ Netflix es el Valium de los zombis/ la revolución es el porro de los zombis/ el fútbol es el Prozac de los zombis/ el porno es el viagra de los zombis/ los pueblos votamos demasiados puestos”, y hay un nuevo giro de cuadernos. Uno celeste que se abraza nuevamente a esa novela familiar, que es como “una piedra que apenas sobresale del mar” para abrazar en los naufragios que ríen en la playa, con la sabiduría de lo incierto de la vida, porque después de los cuarenta se escriben los verdaderos versos, siempre y cuando tengamos la sinceridad de reconocernos incompletos, porque si de algo se trata el escribir, es de reponer, o cortar la brecha entre “lo que esperábamos y lo que existe”.

El cuaderno celeste es la ternura de la vida, sus imposibilidades, sus desafíos, su belleza: “Escucho el fru- fru de las sábanas / A duerme en su cuna / su voz sin palabras llora y me nombra / daría el cuaderno celeste / por entrar en su sueño y rescatarla” (…) “esta felicidad cotidiana/ es un hueso duro para poner en papel”. El cuaderno celeste nos avista su verdad, “los versos escriben al poeta”.

Pistas de lectura del “El cuaderno celeste / El cuaderno negro”, según el autor:
Lugar ideal para su lectura: atrás del mostrador de un negocio.
Momento: esos ratos en los que el trabajo puede hacerse a un lado.
Menú: facturas barnizadas por el humo de tu cigarrillo.
Forma de los cuadernos: de libros siameses. Una obra con lado A y lado B, verso y reverso, cara y cruz.

Bio

Ramiro García (Rosario, 1972). Es alumno crónico; pasó por los talleres literarios de Marcelo Scalona, Daniel Durand y Tomás Boasso, con quién publicó el poemario El Hit del verano (Tropofonia, 2010). Participó de la novela colectiva Apucheta. Crónicas del barro (Homo Sapiens, 2012). Distintos poemas y cuentos suyos han sido publicados en distintas revistas y antologías de la ciudad de Rosario. Este es su primer libro doble solista.

Créditos

Arte de tapa: Manué Virtual (@manuevirtual)
Maquetación: Lucas Collosa
Edición: Perfeito Ediciones

Contacto editorial:
https://www.instagram.com/perfeito.ediciones
https://perfeitoediciones.empretienda.com.ar/
Integrantes del colectivo editorial
Ramiro García, Diego Margutti, Emilia Pérez, Cecilia de Michele , Mariana Terrile, Tomás Boasso, Beco Pignocco, Roberto Vince, Leonela Julieta Guajardo Marcos, Lisandro Nowak. Ignacio Romero es un integrante número 11 que formó parte del grupo durante dos años.



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