Marta Ortiz

"Hoy mi vínculo con la escritura es estructural, inseparable de mí"

Una charla literaria, entretenida y profunda, con Marta Ortiz. Hay tantos métodos de escritura como escritores. Marta es aquella poeta que nos encandila con sus textos, sus pasajes escritos.

04-02-2023 | 18:01 |

Estudiar Letras fue una decisión que no estuvo atada a ninguna mujer en particular. Diría que se materializó a partir de ese placer que menciono más arriba, de mi urgente necesidad de sumar autores como sumaría ladrillos a una construcción cada vez más sólida.
Foto:Gentileza

Marta Ortiz nació el 30 de marzo de 1948 en Rosario, ciudad en la que reside, provincia de Santa Fe, la Argentina. Es Profesora y Licenciada en Letras por la Universidad Nacional de Rosario. Obtuvo primeros premios y otras distinciones en cuento y poesía, géneros en los que ha sido difundida tanto en medios gráficos (“Feminaria”, “La Gaceta Literaria de Santa Fe”, “La Buhardilla de Papel”; “Confluencia” de Estados Unidos; “Palabras Escritas” de Paraguay; “Casa de las Américas” de Cuba; suplementos culturales de los periódicos “La Capital” y “El Litoral” de su provincia, etc.) como digitales, y ha sido incluida en, por ejemplo, las siguientes antologías: “Poetas rosarinos”, “La noche de los leones”, “Cuentistas rosarinos”, “Los poemas”, “El río en catorce cuentos”, “Poetas del tercer mundo”, “Los cuentos”, “Cuando el río suena”. Entre 2000 y 2015 publicó los libros de cuentos “El vuelo de la noche” y “Colección de arena” y los poemarios “Diario de la plaza y otros desvíos” y “Casa de viento”.

En conversación con Mirador Provincial la narradora y poeta rosarina, recorre parte de su infancia y trayectoria literaria.

-¿Qué te acercó a la lectura?

-Siempre estuvo presente la fascinación por los libros, objeto que siempre preferí según mis recuerdos infantiles. En primera instancia y en ese tiempo inaugural, los cuentos de hadas, esas recopilaciones de tapa dura, de gran tamaño y también ediciones de cuentos individuales, más pequeñas. Lugar de maravillas, reunión en un solo objeto de letra, imagen, color, aventura, todo lo imaginable y aun lo inimaginable coexistían en el objeto libro. Y si bien los temas tratados eran semejantes, la historia narrada difería, siempre la experiencia era otra, la posibilidad de habitar esos mundos era muy tentadora. También las revistas mexicanas de historietas. La letra en todas sus manifestaciones. Con el tiempo se sumó la colección Robin Hood de libros amarillos, la biblioteca familiar medianamente surtida y luego la inmersión en la gran literatura que significó la elección de la carrera de Letras.

-¿Qué mujeres han sido fundamentales en tu vida y que hayan generado un pilar en tu profesión?

-Mi madre me cantaba canciones de cuna a la hora de dormir, había una cadencia especial en esas letras rimadas, presente también en las rondas (tiempo de canto y juego), las adivinanzas y poemas infantiles que circulaban entre las y los chicos de aquel tiempo. Letras que aprendíamos de memoria. Esa misma cadencia reapareció con variantes en la poesía y prosa leídas en otras etapas. Es una música que me acompaña desde siempre, asociada a la memoria del placer, que obviamente tiene cabida en mi escritura. Sin duda mi madre, sin proponérselo, fue uno de esos pilares.

Estudiar Letras fue una decisión que no estuvo atada a ninguna mujer en particular. Diría que se materializó a partir de ese placer que menciono más arriba, de mi urgente necesidad de sumar autores como sumaría ladrillos a una construcción cada vez más sólida.

Menciono muy especialmente los grupos de reflexión sobre género y escritura con la escritora Angélica Gorodischer a los que asistí durante años. Ella fue un pilar importante. Se abrió un momento riquísimo en mi formación, incorporé especialmente la escritura de mujeres, en tiempos en que muchas autoras notables empezaban a ser recuperadas del olvido al que las había sometido el patriarcado dominante, sobre todo en el mercado editorial que privilegiaba nombres masculinos. Previamente hubo una experiencia de taller con Imelda Ferrero, colega, un periodo muy productivo con el objetivo de des-contracturar, des-bloquear mi propia escritura.

-¿Cuánto le debe su producción literaria y poética a las experiencias de la vida?

-Mucho, diría que todo. En una entrevista anterior me preguntaron algo semejante y respondí que toda mi escritura es tributaria de la experiencia. Aunque mi deseo cuando escribo narrativa sea crear un mundo estrictamente ficcional, siempre, en la base, está lo experimentado por mí o por otrxs. La imagen que me obsesiona, una música oída al pasar, un texto cualquiera, todo estímulo capaz de encastrarse a mi subjetividad siempre receptiva. Si la ficción implica simular, inventar, imaginar, ¿cuál es el sustrato que la sostiene? ¿Contamos con algo más que la vida propia y ajena?, ¿Con el mundo físico conocido o intuido?

Comparto y hago mías las palabras de Ricardo Piglia en su libro de ensayos Formas breves (Tesis, 1999): “Todas las historias del mundo se tejen con la trama de nuestra propia vida. Lejanas, oscuras, son mundos paralelos, vidas posibles, laboratorios donde se experimenta con las pasiones personales”.

-¿Qué autores habitan tu universo literario?

-Muchos. Imposible nombrarlos, porque si lo hago, al tiempo que incorporo, excluyo y olvido. Cada lectura suma o no un nuevo autor o autora, de manera que lo que yo podría haber respondido hace diez o veinte años, no coincide con lo que podría decir hoy. El camino lector es una cartografía que se construye, un libro remite a otro y así, el tejido se expande.
Igual, y por el fuerte impacto que me causó su lectura y por la permanencia de esos nombres como muestras de un linaje venerado, puedo nombrar a Katherine Mansfield, Clarice Lispector, Virginia Woolf, autoras a las que sumo a Ïtalo Calvino, en lo que hace a mis recorridos narrativos iniciales, entre muchos otros. En cuanto a la poesía, digo Emily Dickinson, digo Joseph Brodsky. Entre los más cercanos, Juanele Ortiz, Beatriz Vallejos, Pizarnik, Hugo Gola, Orozco, Arnaldo Calveyra. Y la lista podría extenderse ad infinitum.

-Siempre indago en la infancia de los entrevistados, ¿Cómo transcurrió tu infancia?

-Me crié en barrio Saladillo, zona sur de Rosario. Pasé mi infancia y adolescencia entre adultos, soy la cuarta hija de padres grandes, la diferencia de edad con mi hermana mayor era de 20 años. Siempre pensé que en vez de tres hermanas tuve tres madres vicarias, además de mi madre real. Mi padre cultivaba una huerta en la que nada faltaba. Mi árbol favorito era un ciruelo. En verano me llevaba las pilas de libros y leía sentada al pie de ese árbol, muy vivo en mi memoria. En aquel tiempo se jugaba en la calle, sobre todo en los barrios, entre la vereda y la calle jugábamos a la ronda en verano, a las escondidas, a las estatuas, las puertas abiertas, poco tránsito, un mundo desaparecido.

- ¿Te ha llegado a ocurrir que mientras escribías poesías descubrieses algo sobre vos misma que hasta entonces desconocías?
-Muchas veces. La escritura es una vía de conocimiento. Basta seguir el rastro de esa palabra soñada o escuchada, esa imagen que te obsesiona, basta indagar en ella, permitir que se revele en lo escrito, que alcance su forma perfecta, la que trae desde la semilla. Un poco lo expresé ya en una pregunta anterior acerca de cómo es mi proceso creativo, donde destaco ese aspecto iluminador o epifánico que ofrece la escritura.

-Háblame de Imago Mundi. 11 territorios

-Imago Mundi es la puesta en acto de un deseo fuerte y colectivo que generó la suma, en algo más de cien páginas, del talento creativo de once autores que decidimos reunirnos, unir nuestros disímiles territorios o miradas, para crear un mapa único (el libro) a partir de la letra, ese hilo que define la pasión común.

Creo que, a la hora de describir esta antología, es gráfica la cita del poeta inglés William Blake que se menciona en la contratapa, a partir de un poema suyo, Augurios de inocencia, cuyos primeros versos dicen: “Ver un Mundo en un Grano de Arena / y un Cielo en una Flor Silvestre; / tener el Infinito en la palma de tu mano / y la Eternidad en una hora”. Versos que muy bien se ajustan a este libro de relatos diversos que no responden a unidad temática alguna, sino a once miradas plasmadas en relatos surgidos de una necesidad profunda, interior, cada uno con su estética y voz propia ofreciendo al lector parte de un territorio personal cuya suma, cabe pensarla, siguiendo a Blake, funciona como una imagen o recorte de esa totalidad siempre imperfecta porque siempre la vemos desde nuestra óptica, de ahí el título elegido: Imago Mundi (imagen del mundo), de ahí la analogía con el grano de arena, con la flor silvestre.

Todos somos extranjeros ante la muralla que representa la página blanca y muda. Pero es justamente allí donde la letra escrita derriba ese límite y crea la hospitalidad necesaria, anfitriona capaz de reunir territorios sin invadirlos en un lugar que sentimos nuestro y único: Imago Mundi. Algo semejante a esta imagen leemos en la solapa del libro.

Las imágenes citadas me ayudan a explicar con qué espíritu, desde qué lugar creamos esta reunión de escritores, cada uno con su particular tránsito por los paisajes de la palabra, las y los que asisten actualmente al taller Ópera Prima que coordino desde hace veinte años y que ofrecen aquí una primera publicación (Miriam Falchini, María Laura R. Bosso, Carolina Cansino, Ezequiel Orso, Mauricio Moreyra Greco; Javier Vilas) y otros que lo hicieron años atrás (Beatriz Kohlstedt, Graciela Mitre, Gladis Chiozzi, Pablo Racca), estos últimos con varias publicaciones en el mercado editorial, amigos de nuestro taller, comunidad literaria de donde surgió el proyecto.

Destaco especialmente el aporte de Juan López Esquivel, dibujante que sumó su maestría plástica con una imagen de tapa que resignifica la mirada y la voz propias de cada autor o autora en una composición que simboliza esa diversidad a través de formas abstractas que se complementan sin invadirse. Y obvio, en la suma de talentos no podía faltar el trabajo impecable de la editorial Ciudad Gótica a través de su editor Sergio Gioacchini, quien aportó su larga experiencia editorial para que Imago Mundi, además de ser un libro valioso y cuidado en los aportes literarios que encierra, resulte además un objeto hermoso. 

Lo que se viene
-¿Qué se viene a futuro?
-En un futuro próximo, la publicación de un libro de cuentos. En proceso, un libro de poesía. Un cuaderno de sueños y micro ficciones.

 


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