Literatura y salud mental

Sin estetoscopio: sanador herido se busca

 Sebastián Rogelio Ocampo presenta su último libro de cuentos. Historias existenciales, protagonizadas por un médico de guardia que busca contacto humano y empático con sus pacientes ocasionales. La distribución es artesanal y personalizada.

19-05-2024 | 11:43 |

El médico de Ocampo se aleja de los policiales negros y se acerca al existencialismo literario de Albert Camus.
Foto: Gentileza.

 Sebastián Rogelio Ocampo escribe desde las entrañas. Este libro no es la excepción. El mensaje de su literatura parece ser claro: si no duele, no es sincera y no merece ser leída. Un autor que rescata el espíritu de la literatura, como lugar común de refugio, y lo hace desde las letras del genio de Ernest Hemingway a quién le dolía el mundo más de la cuenta y por eso escribía más bien de lo esperado: “El mundo mata a quienes no se doblegan. Mata con imparcialidad a los muy buenos y a los muy justos y a los muy valientes. Si no perteneces a ninguna de estas categorías puedes estar seguro de que también te matará, solo que no tendrá ningún apuro” es la cita del maestro que Sebastián elige como epígrafe del libro.


La literatura para Sebastián es el instante que pone pausa a la vida, que muchas veces se graba como una foto que le da sentido al todo. Una tregua al asesino hemingwayano. La literatura de Ocampo está repleta de momentos: “Ese abrazo que nos dábamos con mi viejo cada fin de año mientras llorábamos, era un instante, un instante en el que nos queríamos”, escribe. Son los detalles, aquello de lo que no se habla. Los silencios donde todo es posible.


“En las ganas de seguir”, el haber sentido depresión le permite al médico ejercer su profesión desde el clásico arquetipo del sanador herido, es decir, aquél profesional que se aleja de los cánones clásicos de la medicina tradiciónal, para conectarse de forma empática con las heridas del paciente desde el dolor propio del médico. Una forma de conexión humana desarrollada por Carl Jung y que muy bien ficciona Sebastián Rogelio Ocampo en las historias protagonizadas por un médico de guardia con parada en una estación de servicio, donde espera el llamado de la central con un vaso de Coca – Cola y un auto en marcha, muy pasado de moda.


El médico que protagoniza las historias de Sin estetoscopio muy bien podría ser el protagonista de un policial negro, o uno de aquellos superhéroes esquizofrénicos que explota la industria del comic. Pero no, es un personaje humano y necesario no solo en el mundo literario, sino en la vida misma. Las resoluciones de las historias y las demandas propias del sufruimiento llegan desde las entrañas lejanas al estetoscopio, que poco protagonismo cobra.


El médico de Ocampo se aleja de los policiales negros y se acerca al existencialismo literario de Albert Camus. ¿Qué hacer para no perder el tiempo, que parece esfumarse como arena entre las manos? Las repuestas en el universo de Ocampo vienen desde el miscroscópico sentimiento. Viene de los poros, con toda su lentitud.


“Un enfermo necesita alrededor blandura, necesita apoyarse en algo; eso es natural” escribe Albert Camus en La peste. Creo que tiene razón. Algo que Ocampo entendió desde sus entrañas y explayó en este puñado de historias que escribió de un tirón, en pleno volcán creativo que solo el sin sentido puede causar. Quizás no lo sepamos, son los detalles de lo que no se habla.


Sebastián Rogelio Ocampo en primera persona

 

-Estas historias las escribiste durante tus horas de guardia. Son producto de una fase creativa tuya que duró seis meses. ¿Qué sentís que te empujaba a escribir entre paciente y paciente?

-Mi vida se estaba desmoronando, por dentro, espiritualmente y por fuera, mis afectos, escribir estas historias me sostenían y me sostuvieron hasta el final de esa fase creativa que concluyó con un BURN OUT del cual estuve mucho tiempo para recuperarme. El poder terapéutico de la literatura es excepcional. A muchos literatos no le gusta hablar de eso, pero a mí sí, a mí la literatura me ha salvado en muchos momentos. Escuché a Beatriz Vignoli hablando de la terapéutica de la poesía, eso me alivió, que una grosa como ella piense eso, me alivió.


-Las historias nos muestran el lado B, si se quiere, de la vida de un médico que sufre igual o más que sus ocasionales pacientes. Las resoluciones de las historias llegan con una intervención del profesional alejada de lo que establece el método hipocrático. Un ejercicio más humano y menos científico. ¿Cómo escritor y profesional, pensás que hace falta humanizar la medicina?

-Nunca hay que olvidar que tratamos con personas. Personas que tienen familias, penas, placeres, pesadillas, un pasado, un presente, un futuro y que necesitan que los escuchemos y le demos lugar a su humanidad, más en un país como este. Eso del médico que te dice: tiene que bajar el estrés cuando al paciente no le alcanzan las 24 horas del día para trabajar y llegar a fin de mes me parece un poco fuera de lugar. Pero conozco muchos médicos muy humanos que valen la pena y que se la juegan por el paciente.

-Algo llamativo de la recopilación es la falta de índice, lo que provoca el efecto de lectura de sumergimiento en el azar propio de la medicina en una jornada de guardia. ¿Hay una intencionalidad en este orden buscado sin nombrar?

-En realidad es un error la falta de índice, pero todo error tiene un mensaje inconsciente, podría decir que es para evitar que el lector vaya y busque el cuento más corto para leer.

-¿Qué autores te inspiraron en la escritura de este material?

-Sin lugar a dudas Carver, Hemingway, Jack London, Bukowski, Jackson Pollock, Kurt Cobain, Alejandra Pizarnik, inspiran mi literatura y mi vida.

 

-¿Por qué hay que leer a Hemingway y escuchar a Nirvana?

-Creo que puedo entender a estos muchachos, tanto cuando tocaron el cielo con las manos como cuando descendieron al infierno.

-¿Qué hay de salud en el acto creativo de la escritura?

-La escritura es terapéutica. Yo les aconsejo a mis pacientes escribir. Escribir un diario, pensamientos, sentimientos. Es increíble lo que hace, nos da un eje, nos hace sentir que hacemos algo que vale la pena. Lograr con el dolor propio hacer una obra de arte le da sentido a la vida.

-Es un libro escrito desde las tripas como describís en el prólogo. Un libro que agujerea con las palabras aquel vacío que muchas veces parece mostrar la existencia. ¿Cómo comenzó la idea de publicarlo?, ¿cómo te sentiste cuando viste el libro en tus manos?


-Hice una edición artesanal, no tengo editorial, pero un día dije este libro no lo saco nunca más o lo saco ahora con la ayuda de Leticia Bluhn que hace este tipo de ediciones. Hacía ya cerca de 8 años que tenía el libro. Un día le escribí, le pedí que me hiciera 4 ejemplares, y después 15, y después 15 más y los fui vendiendo entre amigos y gente que me sigue en redes sociales. Fue una gran alegría ver gente que yo apenas conocía pidiéndome el libro. Muchos amigos que hacía mucho que no veía y que estudiaron conmigo la facultad hace 15 años también aparecieron pidiéndome el libro. Una gran felicidad. Espero que siga circulando. La literatura te da salud y amigos.

Es lo mejor, los amigos. Tener el libro en mis manos fue decir por fin, a pesar de todo.

 

Bio

Sebastián Rogelio Ocampo (Rosario, 1977) es médico psiquiatra egresado en medicina en la UNR y de psiquiatría en el SAMEC. Estudió en el Politécnico y terminó la escuela secundaria becado en el Armand Hammer Colegio del Mundo Unido en Nuevo Mexico, Estados Unidos. Escribió los libros de cuentos “¿Querés que juguemos?” y “El verano más largo del mundo”. Participó del proyecto editorial Río Ancho Ediciones. Ganó el primer premio del Concurso Internacional de Cuento Breve de la Biblioteca Popular de Paraná 2019 con el cuento “Discordancias” que fue seleccionado entre otros 1200 cuentos. Muchos de sus relatos suelen aparecer en la contratapa del suplemento Rosario/12 del diario Página/12 además de participar de diversas antologías.


En su trayecto como escritor concurrió a talleres y clínicas de obra con Alma Maritano, Jorge Barroso, Beatriz Vignioli, Luciano Lamberti, Marcelo Scalona, Pablo Colacrai, Laura Rossi y Lila Gianelloni. Coordinó el taller literario de la cárcel de menores de la ciudad de Rosario durante el año 2016.


Contacto

Instagram: @literaturaysalud


Facebook: Sebastián Rogelio Ocampo Furlán

 


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