Entrevista

Roberto García, el militante real

En la guía telefónica nombres como Roberto García hay mil, pero un solo Roberto García de su especie puede componer el mundo y su parte como emprendedor sea tan valiosa como el grupo de compañeros que trabajan a su lado.

30-03-2023 | 8:50

"Cuando termino la secundaria, empiezo Ingeniería, pero claro, la propia militancia me llevó al universo cultural", explica García.
Foto:Gentileza.
30-03-2023 | 8:50

-¿Sos rosarino de pura cepa?
-Sí. Nací en Rosario, soy de la zona sur, del barrio Matheu. Trato de no olvidarme de ese lugar porque como dice Saer, uno siempre vive en una zona, la que a uno lo termina moldeando por lo familiar, lo vecinal, o la impronta que se arma. Viví hasta los quince años y solía pasarla encerrado leyendo, pero también mis amigos estaban afuera esperándome para jugar. En el barrio estaba la mal llamada clase media, la clase obrera de laburantes como pasa en toda la zona sur. Y a los 8 años se me ocurre fundar un club en el patio de casa, en la época en que iba al club Provincial. Venían los pibes amigos, cada uno debía llevar algún juego y se armaba un club de juegos de mesa. Ese fue mi primer antecedente. Como lector empecé leyendo enciclopedias, era lo que había en casa. Mi viejo era buen lector y me transfirió parte de su lectura. Era un tipo culturalmente formado e hizo la primaria y la secundaria y llevaba un bagaje cultural que hoy no tenemos la dimensión de lo que implicó la educación por lo menos hasta la década del '60.

El hacedor fiel y trabajador incansable ha creado escuelas de literatura, clubes de trueque, revistas y cooperativas de todo tipo, al punto de haberle hecho un reportaje a Diego Maradona desde una revista de cable. Pero aclara que nunca solo, sino junto a un colectivo de compañeros.
Gentileza.



-¿Y en la secundaria cómo te fue? ¿Seguiste leyendo?

-Mi viejo murió cuando yo empezaba la secundaria y me pasaron cosas de rebeldía, de afrontar ese tema tan duro de una manera un poco punk sin llegar a extremos. En el primer año de la secundaria, en la Técnica 7, me echaron antes de que terminara. Un par de años después pude ingresar a la San José, en tercer año. Era una escuela técnica, pero con un régimen religioso de doble turno; un alivio para mi vieja porque me tenían todo el día encerrado. Rescato dos cosas de esos colegios: una docente distinta que nos daba Historia Medieval Moderna, el Renacimiento y también la Divina Comedia, que me conectó con esas lecturas de mi infancia. Y como en toda secundaria que funcionan los apodos, la tribu me define como "Pirata", porque me veían como un tipo loco, pirado. Tenía que ver con esa violencia que llevaba por la muerte de mi viejo y por eso tuve todas esas reacciones. Mi viejo me había pasado toda esa literatura de la cultura argentina como "Facundo" de Sarmiento o Miguel Cané, también los folletines que mi abuela relataba oralmente porque había leído sólo a Eugene Sue; esta profesora de Historia, un amigo que me pasó los cuentos de Borges, lecturas que me fueron marcando. Mi hermana estaba muy vinculada con la familia de su compañera del profesorado del Normal 1, Silvia Cochet. Era la nieta del pintor Gustavo Cochet y en el momento de la enfermedad de mi viejo, fueron ayudas importantes que me bancaron. Pasé tres meses de verano la casa de los Cochet, en Funes. Después seguí leyendo durante toda la adolescencia, llegué a los rusos y otros escritores y empecé a militar en el partido comunista con 16 años. La primera militancia me viene de verlo a mi viejo militar en el PDP, en 1973, pegando carteles en la calle para la candidatura en Rosario de Natale. Mi hermana estudiaba en plena dictadura y vi de lejos la conexión con toda esa militancia de Montoneros y el ERP. Yo era muy chico cuando se declara la guerra a las guerrillas y vi a mis viejos quemando folletines que llevaba mi hermana del profesorado, sin que ella fuera militante. Muchas de sus compañeras están desaparecidas. Mi paquete de militancia se arma viendo todo eso. Para mí leer a Dostoievski, era militar en el partido comunista, pero como adentro de una de sus novelas, fíjate qué mirada romántica tenía. Mi fantasía me ubicó en una realidad distinta, pero luego terminé militando muy fuerte hasta los 22 años.

-¿Cómo te vinculaste con la carrera de Letras después de haber salido del colegio San José?

-Cuando termino la secundaria, empiezo Ingeniería, pero claro, la propia militancia me llevó al universo cultural. La formación de la lectura del ABC del marxismo, la literatura crítica de la realidad del capitalismo y la propia historia que yo conocía como la espada en el garguero de Pizarro, cobraba dimensión en mi universo. Era un partido de grandes intelectuales, de ahí salen tipos como Juan Carlos Portantiero, Raúl Larra, o el propio Gonzáles Tuñón, y ese magma no deja de ser un elemento de formación. Porque todo pasaba por la militancia, en mi caso la barrial, en un ámbito de acción territorial. Estaba en la dirección de la Juventud Comunista en Rosario y hubo una etapa que se conoció como el XVI Congreso, en el que se pone en crisis una cantidad de cuestiones y una revisión crítica de lo que había sido el partido comunista. Eso determinó que un grupo nos fuéramos del partido y yo particularmente, entré en crisis con todo. No avanzaba con la carrera de Ingeniería, había empezado a trabajar en cableados de telefonía y de ahí pasé al área técnica del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos que me derivó al sector de mantenimiento informático del Banco Credicoop, en donde sigo trabajando actualmente. En ese momento me di cuenta de que tenía que estudiar Letras, y lo interpreté como un asombro, pero todo lo vivido me marcaba ese destino. Ingresé en 1987 y conocí a Pablo Francescuti, Osvaldo Aguirre, Juan Manuel Alonso. Con ese grupo en donde también estaba Alejandro Taverna, la flaca Scarpetta y Esteban Tolj, armamos lo que fue la revista "Sisi". El primer diseño lo hace Gonzáles Suárez y después lo continúan Juan Manuel con Esteban. Era un grupo colectivo que se termina convirtiendo en una cooperativa de periodistas, porque después, cuando ingresó al grupo Jorge Testero, armábamos revistas de periodismo e institucionales hasta llegar a la revista de Cablehogar que fue un flash. Ahí logré mi pico máximo como periodista, creo que insuperado para mi trayectoria que fue hacerle un reportaje a Diego Maradona. Lo tengo guardado en un casete. Fui a la suite presidencial del hotel Presidente y el Diego estaba con su padre y sus hermanos. Todo esto sucedía paralelamente al proceso de estudio de Letras que termino y me recibo de Profesor Superior y Universitario en Letras. En todo ese proceso saco un segundo elemento fundamental: que Osvaldo Aguirre me hablara de un profesor que había que ir a ver: Aldo Oliva. Empecé a vincularme con él, a seguirlo, escucharlo, grabarlo y ahí tuve una carrera al cuadrado. Si bien reivindico a mucha gente en la carrera como a Héctor Piccoli, a Roberto Retamoso, con el que hoy estoy trabajando y que fueron mis maestros, mi carrera fue con Aldo Oliva. Mi formación profunda fue ir al bar en donde daba las charlas. Después cuando nos hicimos más amigos, él me llamaba; yo ya estaba casado, tenía mi primer hijo e iba los sábados a su casa para charlar. Lo acompañé hasta su muerte y con Ángel y Antonio, sus hijos, fue ponernos de acuerdo en qué hacer con la obra de Aldo, que no dependía de nosotros porque ya era un grande. Si no nos ocupábamos de que esa obra perdurara a lo mejor hubiera quedado como un mito que la gente conoció. Trabajamos muchísimo para hacer su poesía completa y terminé siendo un investigador y divulgador ad hoc de Aldo. Por eso digo, está la carrera de Letras, pero está la formación colectiva en la revista, en la editorial, en la cooperativa de periodistas, esa formación cuerpo a cuerpo y de amistades que pude construir.

 

Roberto festejó mal el último triunfo de Argentina contra Francia cuando salimos campeones del mundo. Entre el abrazo y los saltos con uno de sus hijos, trastabilló, se dobló el pie y se cortó el tendón de Aquiles que lo dejó en reposo sin poder moverse hasta principios de marzo.

-¿Qué cuentas pudo hacer alguien que ocupaba trabajando el día completo? Después de más de 30 años de acción implacable, había un recuento, una revisión.

-Fue tan negativo como positivo. Revisé miles de papeles que tenía para leer, cómo armar mi obra y otros trabajos pendientes. Estoy en plena recopilación de textos que ya pasaron por muchas fases. Porque esto es lo colectivo, armar un prólogo, una crítica, una curaduría con compañeros y pienso en el tipo soberbio que se cree que la obra le pertenece, que el texto es puramente suyo, que hay una vinculación individual con los dioses de la escritura que le vinieron del más allá y no que se trata de una lectura colectiva de conversación, de trabajo e interpretación. Porque las obras se constituyen en una biblioteca, que es un universo colectivo, es una metáfora que todo autor está reasumiendo. Por eso hablo del problema que implica tener un trabajo colectivo y en qué momento uno necesita parar. Tengo que terminar también mi obra, darle un formato. Hacer una curaduría, una ayuda junto a otros como hacemos mutuamente y nos pasamos los textos y los conversamos. Me queda mucho trabajo de interpretación de textos, charlas de la Escuela Aldo Oliva que hemos armado y grabado con otros compañeros y que hay que editar para luego publicarlo.

La interzona cultural
"En el 2001, con un grupo de amigos y amigas empezamos a investigar a los clubes del trueque. Nos voló la cabeza, aprendimos lo que no sabíamos sobre economía, de la inflación, sobre el mercado, los chanchullos del neoliberalismo en Argentina en la década de 1990. En el Instituto Movilizador que nos otorgó Jorge Testero, en Urquiza y Paraguay, empezamos un trueque propio que termina siendo luego el Mercado Solidario, el Almacén de las Tres Ecologías, El Trocadero y la Red del Comercio Justo del Litoral. Hoy se hace a nivel de organización, de intercambio, de trueques entre organizaciones que llevamos como políticas a través de la Red del Comercio Justo. Como corresponde al universo de la cooperación y de la construcción social alternativa de la política y la economía, la cultura y el arte, no están separados. El capitalismo es el que aliena todo porque nos pone en el lugar de ciudadanos que votamos y de consumidores. "Deberíamos de ser los que mandamos en la polis y no meros consumidores. Por eso llevamos acciones culturales y económicas de intercambio que se fueron profundizando hasta armar lo que es Interzona Cultural que, si bien lo tomamos de William Burroughs, es algo que está en el medio de la vida política del Mercado Solidario y en El Trocadero, en Santiago al 900.

"Ahí se hacen presentaciones de libros con la participación estable de las editoriales que nos acompañan; fondas musicales, patio cervecero en donde se canta rap o las muestras de arte. Roberto Retamoso se acercó a proponer su sabiduría como profesor para armar la Escuela de Literatura Aldo Oliva, una escuela gratuita que trata de incentivar el acercamiento a la literatura, de las artes en general, promoviendo aquello que se produce en un ámbito colectivo. Es un lugar de producción de productos, de saberes, de intercambios, de aprendizaje colectivo y en ese sentido es que, si se acerca un escritor, artista plástico, periodista o productor agropecuario, le decimos: no pienses que te vamos a vender algo, somos productores como vos. Vamos a ayudarnos mutuamente a que nuestra producción ocupe un lugar que no tiene hasta ahora, que vos nos ayudes a difundir y nosotros te ayudemos a difundir a vos en un mundo vinculado con la ecología de la naturaleza, la ecología de las relaciones sociales y la ecología de la subjetividad, esas son las Tres Ecologías.


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