Diana Soto, una luchadora de la vida

La cultura, desde las raíces

Diana Soto es gestora cultural y esta semana festejó un logro propio, cuando el Concejo Deliberante de La Paz aprobó el proyecto de celebrar el 21 de noviembre como el “Día del Músico Paceño”, en homenaje al gran Ramón Santich.


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Conrado Berón
redaccion-er@miradorprovincial.com

MIRADOR ENTRE RÍOS dialogó con Diana Soto, una paceña de pura cepa, como se autodefine. Diana habló de sus sueños y sus ideas para que la cultura tenga el lugar que se merece en la agenda política. También contó su historia y sus luchas con una enfermedad que la golpeó dos veces, pero que mientras la tenía contra las cuerdas, la ayudó a encontrar un nuevo camino en su vida. Se puso a estudiar entre quimios y rayos y hoy es un ejemplo de vida y de pasión por la cultura.

—¿Cómo surge tu pasión por la cultura local?

—Creo que eso es innato, lo traigo conmigo, desde chica me atraía lo que tenía que ver con lo cultural, la identidad. Mi papá nos hacía cosas de barro. Hasta los seis años viví en el campo (Ombú) nos hacía animales para jugar y yo aprendí eso y hacía juguetes y cacharros. Después aprendí cerámica y los pintaba. Siempre me atrajo todo lo que tiene que ver con lo nuestro, nuestra tierra.

Cuando vas creciendo vas descubriendo cosas nuevas, respecto a la riqueza cultural que tenés cerca. En mi familia hay músicos, cantores y bailarines. Siempre estuve en medio de todo lo que tiene que ver con nuestra identidad. Mi papá defendía nuestras tradiciones y él me transmitió su amor por el campo. La valoración por el hombre simple, el hombre de campo que es simple, auténtico y buen amigo y trabajador. Un hombre sabio que habla lo justo y necesario pero que cuando habla dice cosas.

Al crecer, nunca me alejé de mi esencia. Siempre, toda la vida, busqué mostrar lo nuestro, para que el resto descubra y valore.

—¿Cómo fueron tus primeros pasos?

—Los primeros pasos los hacés sin darte cuenta, después te identifican ya con eso. La gente te pregunta o te busca para saber sobre las historias de lo nuestro. Eso te va a acercando a mucha gente y me fui metiendo. Conozco mucho de nuestro país y el hecho de viajar te hace conocer y te da cultura. Hay una cultura argentina que nos une, dentro de esa cultura, los entrerrianos y fundamentalmente los paceños tenemos algo que nos identifica. Somos únicos, porque tenemos muchas cosas típicas nuestras. La gente de La Paz no vive igual que como vive el de Salta o el de otra ciudad.

Incluso dentro de nuestra geografía, entre los modos de vida de un barrio a otro tenemos diferencias. Yo me di cuenta de que tengo que actuar de distinta manera según el barrio. Para trabajar culturalmente tengo que conocer. La cultura no se puede trabajar sentada en un escritorio y menos en el centro de nuestra ciudad. La cultura se hace en el lugar. La escuela y los alumnos me ayudaron mucho a aprender sobre esto. Amo la Escuela Técnica y mi paso por ahí me hizo ver las distintas realidades culturales de los chicos y sus familias.

El cáncer

—¿Convertiste un obstáculo en un motor de lucha?

—Tuve cáncer, en abril me diagnosticaron cáncer de mama en el lado derecho, es una enfermedad que sabés cuándo empieza el tratamiento y no cuándo termina. Es cruel, muy invasivo y muy agresivo. Se me cayó el pelo y las cejas, me llevó más de dos años poder curarme; tenía un cáncer de tercer grado, era muy fuerte. Me bombardearon con quimioterapia, como soy flaca y no tengo grasa me quemaron la parte superior del pulmón; igual, con pañuelos y todo andaba para todos lados.
Gracias a Dios lo primero que hice fue asumirlo, usé peluca y no es fácil, no es esa tu imagen, te ves ridícula y la verdad que cuesta dar ese paso. Logro salir del cáncer, después de tres años con “quimios” y como mi tratamiento era en Paraná, tenía que viajar todos los días. Me curé y al año me diagnosticaron un nuevo cáncer, en la mama izquierda. Ahí me derivan a un médico especializado en Paraná. Cuento esto porque en medio de mi segundo tratamiento, pasaba mucho tiempo en la capital entrerriana. Un día, un grupo de músicos de la ciudad de Paraná, me llaman porque querían hacer un almuerzo para ayudarme, porque sabían que no llegaba con el dinero para bancar todo. Fueron músicos de todos lados, eso me enseñó mucho. El cáncer me enseñó a pedir, te hace crecer mucho como persona. Hicieron tarjetas con mi foto pelada y eso me enseñó a ser humilde y agradecida. Fueron los artistas los primeros que estuvieron conmigo. Aprendí a dejarme ayudar. Después de pasar eso no sos la misma persona. En abril me invitaron a una fiesta donde también me dieron una mano grande con una colecta.

—¿Cuándo nació la historia de estudiar gestión cultural?

—En ese contexto de pleno tratamiento, viviendo en Paraná, pensé que tenía que aportar algo a mi pueblo desde el conocimiento. Fui a la UNER, veo que existía la Tecnicatura universitaria en Gestión Cultural, veo las materias y me di cuenta de que era maravillosa. Me inscribo y los profes se portaron re bien. Iba a quimio los miércoles y a clases los viernes. Muchas veces no podía ir y conté con su comprensión. Me hizo muy bien empezar a estudiar, me motivó desde el profesionalismo. Fue un placer cursarla y me recibí en mayo.

—¿Qué fue lo más difícil de convivir con el cáncer?

—Logré vivirlo con la mayor alegría posible, dentro de lo duro que es. No hay palabras para explicar el sufrimiento físico que se vive con una quimioterapia. Pero a veces te ayuda a valorar ciertas cosas. No estamos preparados para el sufrimiento físico, a veces no lo podés soportar. Pero yo siempre supe y tuve en claro que iba a superarlo. Nunca dudé, dentro de mí siempre supe que iba a poder pasarlo, con muchas ganas de vivir.

—¿Tuviste oportunidades laborales en La Paz?

—Oportunidades de cargos públicos no tuve. Pero siempre estoy colaborando en fogones en escuelas, les hago la animación y los ayudo a organizar todo. Estoy muy cerca de los chicos que están en el rancho cultural Bajada de la Cruz.

Reconocimiento a Ramón Santich

En La Paz no había fogón, espectáculo, concierto o simplemente una juntada de músicos, donde no se presente Ramón Santich. Un artista tan popular como querido por varias generaciones de paceños. Fue uno de los cien acordeonistas que acompañaron a Antonio Tarragó Ros en el homenaje a su padre en Cosquín 2004.

Para la cultura local, Ramón era el que siempre estaba, el que siempre saludaba y nunca faltaba a la hora de apoyar cualquier expresión cultural.

Por eso es tan justo como merecido este homenaje que nació en el corazón de Diana y se cristalizó este lunes 7 de junio, cuando el Concejo Deliberante de La Paz aprobó la ordenanza que oficializa el 21 de noviembre (fecha en la que nació Santich) como el Día del Músico Paceño.

—¿Cómo nace la idea de festejar el Día del Músico Paceño?

—Desde que ellos me ayudaron con mi enfermedad, sentía que faltaba algo en La Paz, para reconocer a los músicos. En Sauce De Luna (7 de febrero) y en Diamante (7 de mayo) ya existen estos reconocimientos. Pensando en quién inspirarme para buscar “ese” día, se me vino a la mente el nombre de Ramón Santich. Quién más si no. Ramón es alguien que une a todos, no divide al pueblo, creo que es la figura que necesitamos realzar hoy. Me reuní con los hermanos López, del Rancho Cultural y ellos me acompañaron. Lo redacté y presentamos el proyecto al Concejo Deliberante.

Como estoy muy decepcionada por los políticos en relación a la cultura, me dije a mí misma que para que el proyecto avance lo teníamos que hacer público. Ahí fue impresionante lo que pasó. Toda la ciudad y toda la provincia lo apoyó. No tenía dimensión de lo que significaba Santich para entre Ríos. Ahí me di cuenta de que el proyecto no era mío, era del pueblo.

—¿Qué sentiste el día de la votación?

—Una emoción inmensa, estábamos conectados todos, los hijos de Ramón, los músicos de todos lados, hasta Antonio
Tarragó Ros, nos apoyaba desde Buenos Aires.

—¿Qué significa Ramón Santich para la cultura local?

—Ramón significa muchísimo, es pueblo, es la expresión más genuina del sentir popular, es un ser elegido, en todos los escenarios generaba un contacto especial con la gente, donde iba jugaba de local. Ramón era él más José, su guitarrista, y nada más. Llegaba Ramón y la reunión se transformaba.

Gestiones y proyectos

—¿Qué harías por la cultura paceña si te toca estar en un cargo público?

—Lo que vengo haciendo y más. Rescatar y revalorizar lo nuestro. Si queremos ser un pueblo turístico lo primero que tenemos que tener es una buena base cultural, estar orgullosos de nuestra identidad. Sin cultura no hay turismo, esto no lo digo yo, hay que aprender y estudiar para saber y hacer eso. ¿Qué vas a ofrecer, sólo lugares? Lugares hay en todos lados y muy lindos, vos tenés que tener fuertes tus raíces, porque lo que vas a ofrecer para afuera es lo que tenés adentro. Si no se trabaja bien desde cultura no hay turismo, esto es fundamental.

En esto La Paz tiene mucho para ofrecer al resto de la provincia y al resto del país. Yo no veo en los políticos un plan de políticas culturales. Necesitamos equipos profesionales de cultura. Si no escuchás al pueblo, si no conocés los barrios es imposible llevar una política cultural concreta.

Proyectos

—¿Después del logro de Santich, qué proyectos te ocupan?

—Estoy junto a una colega gestora cultural de Santa Fe ayudando a los artistas a inscribir sus temas, o el nombre de sus programas, y además queremos hacer un cancionero con temas de Santich, con unos 10 o 15 temas, de los más conocidos, pero con sus partituras, así cualquier banda musical lo puede ejecutar, por ejemplo la Banda de la Policía de Entre Ríos. Todo esto es por mi estrecho contacto con la familia de Ramón, ellos sabían todo sobre lo que íbamos haciendo y dónde lo íbamos contando. Descubrí en ellos personas maravillosas, que se merecen que su papá sea reconocido aún más. Ellos tienen adoración por Ramón.

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