Concordia

Inseguridad y narcotráfico ponen en jaque a los barrios

Enfrentamientos armados entre bandas que disputan poder y ganan espacios hacen ir cediendo derechos a los vecinos. Convivir con el peligro, una tarea difícil.


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A mediados de junio, un hombre que iba caminando sacó un arma en medio de una transitada avenida de la zona noroeste de Concordia y disparó tres veces hacia el interior de un vehículo. Desde el auto respondieron. Todo a metros de otros transeúntes y conductores que miraron la escena atónitos. Sin heridas, se prometieron verbalmente volver a encontrarse y así sucedió a los dos días, con dos heridos trasladados al hospital.

El 17 de agosto, durante la fecha patria, a metros de la sede de UNER y de la comisaría cuarta de la ciudad, hubo otro enfrentamiento. Se dio mientras caía la tarde y un hombre salió a disparar con su arma a dos personas que transitaban en moto por calle Concejal Veiga. Los hirió de gravedad, a uno de ellos en el cráneo y todavía está internado peleando por su vida.

A pesar de esos dos hechos graves, y de los robos, cada vez más violentos, la vida siguió. En septiembre, el 8 precisamente, hubo un hecho que colmó el vaso y llevó a dirigentes políticos a ponerse en marcha. Es que lo vivieron en carne propia. Ese peligro de ver las balas cerca y el miedo fueron sentidos en primera persona. Ese día, el secretario de Salud, Mauro García, la concejal Claudia Villalba y la esposa del funcionario nacional Enrique Cresto, Leticia Ponzinibbio –en representación de la Fundación Conased– fueron al barrio José Hernández para realizar un abordaje territorial, pero terminaron tirándose cuerpo a tierra para no ser alcanzados por una de las –al menos– seis balas que fueron disparadas de un lado a otro entre dos personas que se enfrentaron.

Al estar presentes representantes del gobierno, la preocupación fue mayor y la investigación un poco más rápida. Tanto el jefe de Policía de la provincia, Gustavo Maslein, como integrantes de la Justicia aseguraron que el hecho tiene “vínculos con el narcotráfico” y que todos los enfrentamientos armados de este último tiempo tienen que ver con “disputas de poder y espacios”.

“La violencia está creciendo, a eso lo sabemos nosotros y lo saben los vecinos. Lamentablemente muchos de ellos no se animan a denunciar por miedo, porque, así como no tienen problemas de sacar armas y dispararse entre ellos a cualquier hora, los amenazan con hacerles lo mismo, así que terminan siendo testigos de lo que pasa sin quererlo. Tenemos que ver el modo de terminar con esto”, dijo Maslein sobre la situación.

Y tiene razón, no es novedad que el avance de la venta de estupefacientes termina ganando espacios, tiempos y robándose la paz. “Acá los chicos no terminan la escuela porque no tienen cómo, los padres se drogan, ellos empiezan a hacer lo mismo y luego se adueñan del barrio a base de amenazas o robos. No es sencillo vivir y tratar de cambiar la realidad”, aseguró María, una de las vecinas.

Asumir la realidad


Claudia Villalba es concejal del Partido Justicialista. Estaba en el abordaje el día en el que se enfrentaron a tiros y vio todo de cerca. Según dice, es un momento que la shockeó y del que no se olvidará.

“Fuimos a hacer el abordaje en ese barrio y empezaron a dispararse entre dos personas. Quedamos todos en el medio, quietos. En un momento se quedó sin balas uno de ellos y pensamos que terminaba, pero se fue a la esquina y volvió a disparar. Era un enfrentamiento entre esas dos personas, nosotros quedamos en medio de eso”, contó a MIRADOR ENTRE RÍOS. “Decidimos hacer la denuncia porque hay que actuar. Esto pasó durante una mañana en la que había mucha gente en la calle y creemos que es necesario que los ciudadanos que trabajamos tomemos dimensión y nos animemos a ir a la Policía, a la Justicia, para que la situación no empeore”, dijo la edil.

Como representante del pueblo, está al tanto del avance del narcotráfico y la inseguridad, pero ese día lo vivió y eso hizo que pensara en distintas maneras de trabajar en la causa. “Hacemos muchos proyectos para tratar de abordar estos temas porque realmente nos preocupan. Ese día lo vivimos y los vecinos aprovecharon para contarnos que viven eso casi a diario. Es necesario generar herramientas para salir de este problema, para que el peligro se aleje”, mencionó.

El día después del enfrentamiento, la ministra de Gobierno y Justicia, Rosario Romero, visitó Concordia. Fue consultada por el hecho del barrio José Hernández y dijo que seguirá de cerca la investigación, mientras volvió a dar la novedad de que pronto se licitará el 911 –prometido en 2014 tras los hechos de sedición policial que llevaron a saqueos– y que abrirán una nueva comisaría el próximo año en la zona noroeste, en donde está ubicado el barrio en el que se dio el último conflicto.

“El barrio sigue igual”


Gustavo Godoy es vecino de la zona. Es uno de los que lucha, con su esposa y un grupo de colaboradores, para que la realidad cambie y ofrecen asistencia a quienes lo necesitan en el “Merendero San Cayetano”. Después del tiroteo, para él no cambió nada, y eso es preocupante.

“El barrio está movilizado porque la realidad de la violencia se ve hace rato. No cambió mucho el día a día desde que se hizo público que hay tiroteos. Si bien la Justicia está investigando y hubo muchos allanamientos, los comportamientos de quienes se enfrentan siguen siendo los mismos”, contó a MIRADOR ENTRE RÍOS.

Reconocen que los sorprendió la falta de comunicación con los dirigentes políticos, pero que el hecho que vivieron los funcionarios que fueron ese día a hacer el abordaje no es sorpresa. “Nosotros venimos observando lo que pasa y no es de ahora. Yo hace dos años veo que aumentó mucho el consumo de drogas y que sé que adolescentes, menores de edad, entran en esa rueda que gira sin parar. Tratamos de contener a los chicos porque el Estado no los ayuda, pero necesitamos que asuman el problema porque es cada vez más grave. Sabemos que están cuatro años y se olvidan, pero nosotros vemos la realidad cara a cara todos los días y no podemos esperar, aunque la fe nos esté sosteniendo. Esto es serio y la política tiene que dejar de tomar a la ligera el aumento de consumo y venta de drogas porque será muy tarde, de hecho, ya es muy tarde y no hay compromiso, nos las arreglamos como podemos”, concluyó.

Ellos, los que viven el día a día, conocen la realidad y saben que el momento de actuar es ahora. Esperan, mientras llegan las promesas que demoran en ser cumplidas.

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