Teatro

La mesa de los lactantes

 


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Leonel Giacometto


Desde cierta coordinación de la errante realidad de casa de muñecas en la que la pandemia cacheteó y le sigue dando al derrumbe de la mampostería que, linda, mostraba, hacía y fomentaba la cultura oficial, incluyendo ya la certeza que la pólvora encendida no es la grieta sino su opuesto, el mes diez de este 2021, sorprendió al, al menos desde acá, pueblo-público, rosarino, el énfasis (estéril) que pos elecciones se escuchó desde la Secretaría de Cultura: “Arte, arte, arte”.

Los protocolos para volver a sentirse presente
La vuelta a la presencialidad en espacios culturales oficiales venía siendo esperada con mayor frecuencia y acción, sobre todo en teatros como La Comedia de la ciudad de Rosario, donde el actor, productor, dramaturgo, conductor televisivo, radial, figura destacada del quehacer cultural José Alberto Berlén, a punto de cumplir 50 años de teatro, subió a escena Los enredos de Mario, obra de su propia factoría, que también dirige y actúa junto a Natalia Mancini, Candela Tolarovic, Sandra Varela, y, “Pipa” Fraga. Bajo protocolo covid-19 y con una entrada general de $ 600, tanto la gacetilla oficial del teatro como la del elenco, anticipa ciertas complejidades hasta la exasperación del dequeísmo: “(Los enredos de Mario) Una comedia actual donde la acción se desarrolla en el living del departamento de Mario entre la tarde y la noche de un viernes cualquiera. Todo ocurre en un acto en la cual los enredos se producen a partir de que la actual pareja de Mario lo abandona y luego comienzan las apariciones del resto de los personajes que van construyendo esta comedia con los ingredientes necesarios para la risa de la platea”.

Tapabocas sólo por el virus
Difícil para dejarse, a la fuerza o no, sodomizar cual ignoto muchacho en sal de Pasollini, el teatro, que muy pero muy literal a la máxima de ser uno y varios a la vez, que, como sus dioses creadores, nosotros, tampoco entregamos los pasos montañosos a la cordura. Por eso es maravilloso, tremendo, peligroso, inútil, usable, desintoxicante y limpiador de discursos que vienen y se hacen tanto dentro como fuera del teatro. Entonces, para arrancar la contextualización desde acá, inteligentes somos si, también, corremos que cosa o quienes serían los dotados para ser llamados artistas, para una parte de gente que hace teatro, y sobre todo, el que sucede y vale mucho esas, máximo, tres horas donde, decía, hay un sector de y del teatro que sabe, apuesta y consume la síntesis poderosa que, ante todo, el teatro es plata rápida, y ahí, y ahora, donde esta gente lo gesta y, a veces hasta el hartazgo, se inmola por un público que ama más la carne del actor, que el universo ficcional donde esa carne simula lo que esta otra gente se cree. Este tipo de teatro se victimiza y, al mismo tiempo, potencia su venida desde lo audiovisual, desde la tele sobre todo, pudiendo seguirle el cine, las publicidades, la fama, la tradición extraña que un actor, además de ser eso que es, es un guerrero de y contra la coyuntura que lo atraviesa.

Otros hacemos teatro traspasándonos; otros purgan, y acá, siempre hay una cabeza del estilo capocómico con facha de empresario textil de la calle San Luis. Esto, que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), tuvieron y tienen nombre y apellido de visible luz pública y carismática, y (o pero), en el resto del país, todos, y todo el teatro en realidad y su gente, y sin caer jamás en la tremenda verdad que es una de las cuestiones más degradantes, hacemos lo que podemos. En el medio, el grupo de políticos, funcionarios, artistas corruptos, boludos inteligentes, y fomentadores de que, como se decía al arrancar, el teatro está hecho por fuerza de voluntad, ternura impostergable de miembros que postulan las condiciones elevadas del teatro.

Lo que es difícil de verdad, a esta altura, no es poner en duda e infularse en la balanza y lo bueno y o malo como confiaza de éxito, sino seguir en silencio y no decir que también hay dos teatros, como hay dos preguntas, también, sobre lo feo que es la sensación que llega cuando es tan visible el deterioro del empeño por hacernos creer otra cosa. Y otra cosa, también, es la dramaturgia construida sobre los por qué determinados espacios oficiales, a veces, no lo son del todo, y por qué con o sin pandemia todo lo que constituye la cultura lo impulsa un gobierno. Y hasta se lo apropia, a veces, tal como el teatro se hace el que sí y el que no. Total, la boca que impia a se sabe no le simportás, porque la cultura no les importa. Sin embargo, per se, ridiculeces estas porque definitivamente lleno de injusticias a veces el teatro malo es un irresitible iceberg geopoltico que se utiliza para que las estrategias discretas sirvan para algo. Por eso, cuando el teatro es una posibilidad de plata, también, los números apoyan la trayectoria y el éxito, cual duelo de vedettes, por saber quién, como se dice, la tiene más larga. Es muy extraño el concepto de inversión como se toma como idea venida desde donde los artistas viven y pueden vivir de eso que son, pero sin apostar, por ejemplo, al preciosismo al menos.

Ni tampoco hacer esto para concejal es la otra máxima donde la cultura es una cadena de favores entre el rango político y quién pone la primera onda para, así, alguien puede hacerse ilustre porque la política lo confirma.

Ojalá sostuviera lo anterior con cordura y aplomo; pero cuando, por ejemplo, con qué no sé, pero haciendo perfecta la mentira verdadera de hacerse implacable por estar haciendo teatro hace 50 años y, ni siquiera escabroso sino pueril, en Los enredos de Mario, lo primero que se ve es un culo de mujer siendo al voleo pellizcado por unos dedos de hombre.

Ficha técnica
Título:
Los enredos de Mario
Dramaturgia: José Alberto Berlén
Dirección: José Alberto Berlén
Actúan: José Alberto Berlén, Natalia Mancini, Candela Tolarovic, Sandra Varela, “Pipa” Fraga.
Sábado 2 de octubre de 2021, Teatro Municipal La Comedia, Mitre 958 (esquina Cortada Ricardone), Rosario



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