Última pieza, de Luciano Romano.

Un film que aborda desde la crítica un mundo poco explorado en el cine nacional

 


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Cristian Oliva


“Última pieza”, de estreno aún pendiente en la provincia de Santa Fe, es ante todo un film honesto. Resulta fácil empatizar con el trabajo, fruto del esfuerzo incansable de Luciano Romano su director, quien sin apoyo económico alguno y con un modestísimo presupuesto consiguió que el mismo tenga su estreno hace apenas unos días en el cine Gaumont.

Profundizar en su origen implica remontarnos al año 2015, momento en el que el joven director realizó un cortometraje para una cátedra de la facultad donde cursaba diseño de Imagen y Sonido, de la Universidad de Buenos Aires. “En el corto se planteaba un dilema laboral entre un padre albañil y su hijo a quien le enseñaba el oficio de la construcción. Decidí contar esa historia breve basándome en mi propia experiencia trabajando con mi papá. Tratando de mostrar y exponer un punto de vista poco conocido, desde la visión de un albañil, con sus problemas personales y con su postura frente al trabajo”, refiere el cineasta.

Esa breve historia fue de algún modo la semilla de lo que sería su tesis universitaria, y el film que hoy nos ocupa. “Fue nuestro último trabajo para la facultad. El cierre de una etapa y el inicio de un nuevo camino que finalmente llegó al cine”.

“Última pieza” recoge las vidas de Edgardo (Néstor Villa), albañil de oficio que acaba de perder a su hijo en un accidente y Rodrigo (Javier Vaccaro), un peón con el que empieza a trabajar conjuntamente tras ese suceso. El primero, más allá del claro rol de mentor, trazará un fuerte vinculo con el joven, quién con el tiempo comenzará a verlo como un padre. Existe un fuerte lazo de unión y amistad que se irá desquebrajando frente a las visiones y posturas contrapuestas que ambos tienen respecto al trabajo.

Edgardo pese a no reconocerlo naturaliza la informalidad del rubro, habla de pequeña empresa mientras que su labor se reduce a administrar una serie de changas que no siempre se presentan con la regularidad que quisiera. Si bien para Rodrigo siempre será la figura que le otorgó y enseñó los pormenores del oficio, objetará muchas de sus actitudes. Más allá de sus diferencias una sentencia sobrevuela el relato: ambos son víctimas de una profesión signada por condiciones laborales deplorables donde la precariedad es moneda corriente.

“La hicimos de manera totalmente auto gestionada, teniendo como punto de partida la relación familiar y laboral entre padre e hijo; contraponiendo sus posiciones e ideologías, con sus rupturas y con sus continuidades, profundizando en la interioridad de ambos y ampliando su espectro de emociones en un contexto laboral que a veces puede ser muy beneficioso económicamente y otras veces puede ser muy complicado, en más de un sentido”, sostiene el realizador.

El inicio del film, simbólicamente, es el más logrado. El plano da cuenta de dos personajes unidos por una soga, uno arriba y el otro abajo, hermanados a través de un lazo a punto de romperse. Si bien remite específicamente a la muerte del hijo de Edgardo, también servirá para referenciar el progresivo adiós de Rodrigo.

Hay un escenario propuesto por el director Luciano Romano muy bien construido. Sutilmente, desde los títulos iníciales recorre ese espacio (una obra en la que se desarrolla casi completamente la película), lugar que será el núcleo del vinculo de los protagonistas.

De forma, porque no didáctica, la película permite repensar las condiciones laborales, muchas veces de completa explotación, en la que se ven sumergidos los albañiles. La trama propiamente dicha tiene como punto de eclosión la exigencia por parte de Rodrigo de la mejora de las mismas. Frente al inminente nacimiento de su hija y ante la falta de seguridad y regularidad, solicita trabajar en blanco, contar con seguro de vida y con las herramientas de protección necesarias. Lo hace tímidamente, la mayoría de las veces empujado por su propia pareja más que por una verdadera convicción. Esta última nunca aparece de forma física, lo hace a través de insistentes llamados telefónicos, casi como una voz en su cabeza firme y decidida que lo guiará a hacerse cargo de algo que no quiere. Romano consigue de este modo abordar desde la crítica un mundo poco explorado en el cine nacional.

A medida que los minutos transcurren la trama se inclina hacia los conflictos personales y familiares, lugar en el que la cinta finalmente logra afianzarse. El drama gana terreno con un doble juego, por un lado, el padre que reemplaza al hijo y por otro el hijo a punto de convertirse en padre.

La actuación de la dupla protagonista es imponente, destacándose especialmente el buen decir de Néstor Ávila (Edgardo). Es muy jugosa la escena en la que pasa de la alegría al enterarse de la paternidad de Rodrigo a la tristeza por su partida. Una completa lástima su ausencia en los últimos minutos, momento en el que el film suma dos nuevas figuras, una arquitecta y un ingeniero que servirán para que el director comulgue algunas ideas en torno a las diferencias de clases y los mecanismos de poder y violencia verbal de los superiores. Da la impresión que, en un film de 69 minutos, el tiempo otorgado a estos personajes es mucho, resintiéndose de algún modo la carga dramática.

“Última pieza” es una historia simple y madura atravesada irremediablemente por la pasión de un joven director que con escasos recursos consigue exteriorizar e instalar la necesidad de un cambio mental y estructural en torno a una profesión estigmatizada y, en la mayoría de los casos, irregular y mal remunerada.

Un producto noble que desborda en todo momento la sensibilidad con la que fue concebido. Su trama, más que interesante es bien articulada por sus cálidos personajes y su correcta puesta en escena. Una ópera prima cargada de méritos, fruto de un equipo de jóvenes profesionales.

-Abordás una temática, aunque no demasiado explorada por el cine, sí cargada de prejuicios. ¿Cómo conseguiste evitar que estos se vean reflejados en el film?
-Es cierto que los prejuicios existen en cualquier temática que uno pueda abordar cinematográficamente. En el caso de “Última pieza” no se reflejan esos prejuicios porque conozco el universo laboral y porqué uno tiene que saber desde dónde va a hablar. La diferencia está entre investigar un mundo que se va a construir para la pantalla y la falta de conocimiento. Yo trabaje y trabajo en la construcción por mi cuenta y eso me dio un paso adelante al momento de escribir la película. Los prejuicios vienen del desconocimiento de la temática, de la falta de empatía con los personajes que uno escribe. Pero en este caso, yo conocía algo del mundo laboral que merecía ser narrado, basándome en mi experiencia personal trabajando como albañil.

-Teniendo en cuenta que se trata de un proyecto autogestivo ¿de qué modo trazaste lazos para su distribución y estreno?
-Como director, guionista y productor independiente de la película, terminada la post producción, contrate la distribuidora “Km Sur”. La idea era tener un circuito de festivales de cine para que la película los recorra, y tuvo sus selecciones oficiales, menciones nacionales e internacionales y el posterior estreno en salas.

-¿Cuál es el próximo recorrido del film? ¿Llegará a la provincia de Santa Fe?
-Queremos que la película se vea en la mayor cantidad de pantallas de exhibición posibles. El contacto con el público cierra el ciclo de producción de una película. Una película está terminada cuándo llega al público. Por ahora el circuito es en diferentes salas de los espacios INCAA. Sería muy positivo y una gran experiencia que la película llegue a Santa Fe. Estoy seguro que llegará.

-¿En que estás trabajando en la actualidad?
-Estoy desarrollando el guion para mi segundo largometraje de ficción. Mi idea es filmar mi segunda película en Gálvez, Santa Fe. Durante mayo voy a ir a la ciudad para llevar la película y proyectarla. Por otro lado, estoy como productor de un cortometraje de ficción independiente a filmarse en junio de este año en Buenos Aires, y estamos realizando diferentes live sessions para bandas de música independientes.

Filmografía del director

Luciano Romano es diseñador de imagen y sonido graduado de la UBA. Sus cortos obtuvieron premios en diversos festivales nacionales e internacionales. Su corto “Primera pared” obtuvo el 2do. premio del certamen Ciba-Cilect- Prize 2016. “Primogénita” fue ganador del 2do. premio en el Concurso Georges Méliés organizado por UNCIPAR y por la embajada de Francia; auspiciado por el Festival internacional de cine de Mar del Plata. “Última pieza” es su opera prima realizada de forma independiente.

Ficha


Guion y dirección: Luciano Romano.
Director de fotografía: Matías Leonardo Agüero.
Cámara: Mauro Movia, Florencia Guadalupe Velozo.
Director de Arte: Florencia Araque.
Producción: Melanie Flood, Luciano Romano.
Vestuario: Florencia Araque, Sofía Arraiza.
Maquillaje: Florencia Araque.
Sonido: Israel Cabral.
Montaje: Javier De Benedectis, Luciano Romano.
Música: Luciano Romano, Lion El Aton.
Distribución: Km Sur Distribución.
Elenco: Javier Vaccaro, Nestor Villa, Rocío Bertinat, Jesús Catalino, Julio Fernandez, Sol Fiocca, Renata Flood.



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