Historia real

El recuerdo de un avión destrozado y el “milagro” en el aeropuerto de Concordia

 


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Belén Fedullo | redaccion-er@miradorprovincial.com


El 13 de octubre, al cumplirse 50 años del accidente aéreo conocido como “La Tragedia de los Andes” o “El milagro de los Andes”, Ileana Schinder, usuaria de la red social Twitter, decidió compartir una historia ocurrida en Concordia: “Voy a contarles otro milagro (…) hace 47 años en Concordia se cayó otro avión y no murió nadie”, escribió.


El hecho al que refiere es un accidente ocurrido en noviembre del año 1975, en el que un avión que viajaba de Buenos Aires a Concordia colisionó contra el suelo 4 kilómetros antes de alcanzar la pista de aterrizaje. “Nunca llegó al aeropuerto. Se estrelló en un campo de eucaliptus en el medio de la nada. En ese avión venía mi mamá, embarazada de mí, y mi hermana”, contó y aseguró: "Es la anécdota más increíble de mi familia”.


En el hilo de Twitter, Ileana relató que su mamá “nunca se dio cuenta que el avión había estrellado a pesar del impacto. La nave cayó de panza en la noche y se partió de tal manera que mucha gente salió por ahí”. También recordó a su padre “manejando como loco entre el aeropuerto y el aeroclub” y de multitud de vecinos que salieron “en caravana a buscar dónde había caído (el avión) en la noche oscura. Y de la montonera de autos y ambulancias contra la ruta”.


Ileana, que en ese momento estaba en el vientre de la madre, conoce la historia gracias a un objeto que quedó como recuerdo en su casa: una “frazadita finita escocesa”. En plena asistencia a todos los heridos del impacto, una azafata le dio a la madre de la mujer esa manta para envolver a su pequeña hija: “En mi casa todavía está la frazada. Y eso fue el milagro, que todos salieron”.


Pocas horas después de que Ileana publicara la historia en Twitter, cientos de usuarios reaccionaron. Muchos de ellos diciendo que son de Concordia y la región y nunca habían escuchado la historia y otros haciendo sus aportes: “Mi papá viajó en ese avión, yo con 4 años recuerdo despertarme y la casa llena de gente, no entendía nada. Él, sano y salvo, como tantos otros, salió a la ruta a que lo levante alguien y lo lleve al centro”, contó un hombre.


“Mi papá venía en ese avión. Recuerdo esa noche como si fuera ayer. Yo tenía 10 años. Rodolfo Mecca. Falleció hace 10 años, pero en el accidente no le pasó nada. Perdió los lentes y hasta se los encontraron”, dijo otro usuario de la red social.

Con el recuerdo fresco

Marcos Ruiz Díaz trabajaba en Aerolíneas Argentinas. Cuando ocurrió el accidente llevaba un año trabajando en el aeropuerto. Recuerda que los primeros aviones Fokker que volaban en el país pasaban por Concordia y que “lamentablemente una noche se produjo un accidente con uno de esos aviones”.


“Vi publicaciones en las redes sociales. Recibí los links de sitios de noticias también y supe que habían comenzado a hablar del tema ahora, aunque pasaron muchos años, y me di cuenta de que tengo bien presente todo”, dijo en diálogo con Mirador Entre Ríos.


-¿Qué recordás de ese día?

-Eran cerca de las 21 cuando llegó el avión. La noche estaba rara, había pronóstico de tormentas, aunque no llovía. El accidente ocurrió en la cabecera norte de la pista. Venían aterrizando normal, pero hubo una falla. Yo tenía poco más de 30 años, estaba trabajando dentro de una oficina y tenía que atender la llegada de ese vuelo. Teníamos 3 operaciones por día en esa época. Ese día, a esa hora, estaba en la torre esperando que aterrizara ese avión junto con el mecánico y vimos que se produjo una caída. Vimos las luces, notamos que venía aterrizando, pero de pronto se apagó todo. El trabajador que estaba en la parte de arriba de la torre me dijo “mirá Marcos que el avión se cayó”.

-¿Cayó lejos de la pista?

-En un descampado cercano a la pista en la que tenía que aterrizar. Llegamos hasta ahí y notamos que estaba partido y la gente salía. Había solamente dos pasajeras con algunas lesiones, más el comandante de abordo que también estaba lesionado, con una factura en la rodilla, ya que al avión lo paró un árbol, un paraíso que se le incrustó en el fuselaje del tren delantero y lo hizo dar un giro. De tal manera que el avión venía aterrizando de norte a sur y quedó mirando de sur a norte. El comandante era un hombre de apellido Galarraga, que viajaba con su hermano como copiloto y un tercer tripulante que era de apellido Maurin. Él se fracturó y los otros dos se golpearon pero levemente.
Siempre que hablábamos del tema nos poníamos a tratar de dimensionar lo que sucedió y todos concluimos que fue un milagro, no encontramos otra explicación para que no haya habido víctimas fatales.


-Habrá sido un momento difícil, de todos modos.

-Totalmente. Estábamos desesperados. Reaccionamos rápido, pero estábamos muy impresionados y no sabíamos si había gente viva o no. Recorrimos metros pensando que era un desastre, que íbamos a encontrar una situación complicada, pero gracias a Dios no fue así y no había nadie fallecido. Eso sí, había mucho olor a combustible porque el avión tenía una perdida grande, pero rápidamente fue el mecánico y solucionó ese problema también, así que ni siquiera hubo riesgo de explosión.


-¿Fue una falla humana o tuvo algún desperfecto el avión?

-Lamentablemente fue una falla humana. Se estudió bien todo lo que ocurrió, se pudo entrevistar a quienes venían a cargo del vuelo y concluimos que fue un error humano. Hay versiones que indicaban que hubo una confusión con las luces cercanas, pero no sucedió nada de eso, los peritajes dieron ese resultado, fue un error del piloto. Él siguió el recorrido y se encontró con los eucaliptos que estaban plantados ahí. Eso igualmente lo salvó.

Otro despiste que no fue noticia

Además de la caída milagrosa sobre los eucaliptos, Marcos recuerda otro despiste. En este caso, el avión se pasó de la pista y se enterró en el barro, pero no hubo heridos ni grandes pérdidas materiales. “El segundo despiste ocurrió en el año 1977 durante un día de tormenta. Llovía mucho y el avión siguió de largo, no pudo frenar porque además la pista era chica, y es todavía igual. Afortunadamente esa noche tampoco hubo heridos de gravedad ni fallecidos, pero fue un despiste más leve, no fue como la caída entre los árboles. Entre los pasajeros venía la actriz Andrea Del Boca, por eso es que ese incidente se recuerda un poco más entre los concordienses”, aseguró.


En ese entonces, recuerda, pidieron agrandar la pista para evitar siniestros. Ese pedido no fue escuchado hasta ahora, que están llevando adelante obras de ampliación del lugar. “Nosotros dejamos de operar en el año 1994 porque los aviones Fokker salieron de circulación y la pista quedó chica para los aviones nuevos. Estuve trabajando hasta el 2020, quedé a cargo de la oficina y luego cerramos por la pandemia y me jubilé. Ahora están haciendo obras y espero que sea para bien, para que volvamos a ser un lugar operativo con una pista como se merece la ciudad”, concluyó Ruiz Díaz.

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