Viaje a las Islas

Una misión de paz en Malvinas dejó una imagen firmada por el Papa

El sacerdote Sergio Jacob, junto con seis personas que viven en La Paz, estuvieron en las Islas Malvinas para dejar una imagen de la Virgen de la Paz, que tenía un mensaje del papa Francisco.


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CONRADO BERÓN
redaccion-er@miradorprovincial.com


En La Paz, un grupo de personas se juntaron para pensar qué podían hacer para ir a las Islas Malvinas y surgió la idea de llegar hasta el Papa, para que firme dos imágenes de la patrona de la ciudad, Nuestra Señora de la Paz. Consiguieron una audiencia con el Sumo Pontífice, viajaron al Vaticano, volvieron a la Argentina y se pusieron a programar el viaje que comenzó este 6 de octubre.

MIRADOR ENTRE RÍOS conoció los detalles de una odisea que terminó con un cuadro firmado por el Papa Francisco, que dice: “Roguemos por la Paz en el Atlántico Sur”, que fue depositado en las Malvinas. La otra imagen quedó en la parroquia de la ciudad y dice “La bendición al pueblo de La Paz. Recen por mí”.

El sacerdote Sergio Jacob contó todo lo que les dejó ese viaje histórico para la ciudad y para los excombatientes paceños y sus familiares que fueron representados por esta comitiva.

–¿Cómo surgió la idea de llevar una imagen de la Virgen a Malvinas?
–La idea la teníamos pensada con Carlos Mendiondo (un piloto retirado que reside en La Paz) con quien desde 2018 pensábamos en hacer este viaje. Él ya estuvo en las Islas y le quedó la idea de volver, pero quería hacer un viaje más significativo. Hablando con él, se nos ocurre hacer un viaje desde la Fe. No sólo recordar la gesta de Malvinas sino hacer algo pensando en el futuro. Ahí surgió la idea de llevar la imagen de nuestra Virgen para que se conozca y quede allá.
Si bien el Papa ya había bendecido una imagen de la Virgen –de pasada en un pasillo del Vaticano– nos agarró la pandemia y no pudimos hacerla bendecir personalmente, que era la idea.
No fue fácil lograr que las imágenes sean escritas por el Santo Padre.

EL VIAJE

–¿En qué momento te diste cuenta de que ese viaje iba a ser realidad?
–En junio empezamos a programar el viaje concretamente, averiguamos los vuelos, estadías y demás. Paralelo a eso teníamos que ir haciendo el pedido de audiencia con el Papa Francisco. Queríamos que se tome el momento de escribir las imágenes. Para fines de agosto obtuvimos la audiencia y Carlos me iba pasando la información de cómo iba el periplo. Esa semana fue muy emotiva porque las cosas se iban dando tan providencial que creo que es un milagro que todo salió en 20 o 30 días.
Después nos alegramos mucho cuando nos confirmaron el vuelo a las Islas. Es un vuelo de ida y vuelta por mes. Va un sábado y vuelve al sábado siguiente. Ya estábamos muy cerca de septiembre, por lo que confirmamos hacerlo el segundo sábado de octubre.

–¿Cómo fue la logística del viaje?
–Puerto Stanley es muy chico, las calles son en su mayoría de ripio, por lo que la idea era alquilar un vehículo para los siete que viajamos. Conseguimos un hotel económico con un comedor cercano y programamos un par de días que sabíamos que iba a hacer buen clima, para recorrer y los otros días nos quedamos ahí. Salimos el 6 de octubre de La Paz a Paraná, allí nos hospedamos en la casa del amigo Alberto Guiñazú. El 7 volamos desde Aeroparque a Río Gallegos, donde también hicimos noche. El sábado 8 volamos hacia nuestras Islas Malvinas. Desde que despegamos sentíamos mucha emoción y adrenalina. Cuando bajamos, en el aeropuerto militar donde no te dejan sacar fotos, nos subimos al colectivo y ahí empezamos a disfrutar del paisaje. Recorrimos las Islas y ahí divisamos las placas que recuerdan la guerra. Muchas coronas de amapolas mostraban los primeros vestigios de la guerra, lo que nos daba escalofríos.

EL CEMENTERIO

–¿Qué momento destacás de todos los que vivieron esa semana en las Islas?
–A todos nos impactó la visita al cementerio argentino, que es el lugar más emblemático. Fue la primera excursión que hicimos. De hecho, cuando hicimos la oración junto con la invocación a nuestra Virgen, nos emocionamos todos. Nos habían pedido algunas fotos de unas tumbas en particular, de familiares que nunca pudieron ir y eso fue muy fuerte. Cantamos el Himno y después hicimos un minuto de silencio que, la verdad, caló el alma. Sentíamos el viento y el repicar de los rosarios rebotando en las cruces, lo cuento y se me pone la piel de gallina. Ese momento me quedó grabado. Fue algo muy impactante.

–¿Qué sentiste al pisar esa tierra?
–Lo que más destaco fue que en la misa del domingo 9, donde le entregamos el cuadro de la virgen al padre Ambrose, quien es de los Estados Unidos y como pertenece a una congregación benedictina de fundación inglesa, lo derivaron a esa zona, que pertenece a una prefectura vaticana de misión para el Atlántico Sur. Luego de rezar la misa, el sacerdote –que habla muy bien el castellano por ser hijo de madre mexicana– mientras nos sacamos las fotos de rigor, leyó con detenimiento lo que decía el cuadro y le cambió la cara automáticamente. Allí percibió que era el mismo Papa Francisco quien había enviado ese objeto pidiendo “La Paz en el Atlántico Sur”.

–¿Cómo fue la convivencia con los habitantes de Malvinas?
–Todos los lugares públicos, como bancos, diarios, estafeta postal, en la misma parroquia, o la oficina de turismo se acercaban para ayudarnos a traducir y eran muy corteses. El diálogo fue muy bueno. En un solo lugar encontramos un cartel donde decía que los argentinos no insistamos más con las islas.
Luego, en el campo, cuando fuimos a Darwin, hay un caserío dentro de una estancia, almorzamos ahí, nos preguntaron si éramos excombatientes. Se ve que no tenían buenos recuerdos de cuando fueron los soldados después del conflicto.

–¿Qué sentiste al dejar las islas?
–Estar ahí te cambia mucho las perspectivas por el sacrificio que hicieron los soldados en esas condiciones. Ellos están bloqueados y no les puede llegar nada de Argentina. Comercialmente tienen que pedir insumos de otros lugares o de Argentina, pero vía Uruguay o Chile. Creo que, si queremos volver, debemos hacerlo con otra actitud, el bloqueo no es una solución. Considero que se puede hacer mucho más desde el intercambio turístico o desde las convivencias religiosas. Imagínate que cuando llegamos ese domingo había un duatlón. Creo que hay muchas cosas que se pueden hacer. Hay gente que piensa que no se puede ir a Malvinas, que directamente no podemos entrar y eso no es así.
Desde lo religioso, me llamó la atención que no hay comunicación desde la iglesia argentina con la inglesa. Ese obispo depende del Vaticano directamente y no tiene nada de comunicación con nadie de Argentina.

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