Informe especial

Los "pibes de Malvinas": La vida a 42 años de la guerra que cambió a las generaciones de un país

Es necesario derribar mitos sobre los excombatientes de la guerra de Malvinas. Si bien, durante muchos años fue así, el oscurantismo que envolvía a los “pibes de Malvinas” quedó en el olvido.

02-04-2024 | 8:39 |

Adolfo Schweighofer y su hijo Adolfo jugando al ajedrez en la sala de estar de su casa
Foto:Gentileza

Por Guido Povolo y Gisela Mesa

 

 

En la actualidad, los jóvenes que cumplen la mayoría de edad están terminando la escuela o comenzando la universidad. Resulta increíble pensar que, Adolfo Schweighofer con la misma edad, enfrentó un conflicto bélico que lo marcaría para siempre.


- ¿Cómo fue que la vida te colocó en la Guerra de Islas Malvinas? ¿Te sentías preparado para esta guerra?

-En 1981 y con 19 años, me tocó el servicio militar obligatorio en la Base Naval Puerto Belgrano de la Armada Argentina. Mi barco asignado era el destructor (D-29) “ARA Piedrabuena”. Éramos muchos santafesinos en esa base militar cumpliendo con nuestro deber “bajo bandera”. No sé si uno estaba preparado para esta guerra. Pero siempre digo que el excombatiente tiene en su mérito la espontaneidad. Es decir, se decidió recuperar Malvinas y nosotros estuvimos ahí, con aciertos y con errores. Con el paso del tiempo se podrá juzgar si estuvo bien o mal. Pero cumplimos con nuestro deber desde el minuto cero. Tenemos el orgullo de haber defendido a nuestra querida patria.

Operación Rosario

- ¿Cómo fue enterarse que íbamos a iniciar una guerra con otro país?

-El clima era tenso y evidentemente algo se venía preparando, pero nosotros no lo sabíamos en lo absoluto. Salimos a navegar días antes al 2 de abril y fue en altamar cuando se nos notifica de que “íbamos a intentar recuperar las Islas Malvinas”. Nuestro barco era un buque de combate viejo, pero con armamento interesante. El movimiento táctico-militar comenzó la noche del 1 de abril y es pertinente aclarar que el “Destructor Piedrabuena” no bajó nunca a las islas, pero si acompañó a los vehículos anfibios blindado que desembarcaron cerca de las 6:15 hs del 2 de abril. Cerca de la 9 de la mañana, nos llegó la información de que habíamos recuperado las islas y la tensión se disipó en un clima de mucha algarabía.

Luego de estar algunos días en altamar, regresamos a Puerto Belgrano a recargar víveres y combustible. La idea era navegar y custodiar la zona costera de Tierra del Fuego y prepararnos para cualquier situación. Finalmente, ese día llego sobre la tarde del 1 de mayo al sur de las Malvinas. Suspendimos un ataque contras buques ingleses y emprendimos la vuelta con proa hacia el continente junto al Destructor Bouchard y al ARA General Belgrano. En ese momento, un submarino inglés disparó sus torpedos hacia el barco. Uno impactó de lleno en la en la sala de máquinas y otro en la proa del buque. En 40 minutos, el Belgrano desapareció de los radades de forma inevitable. Luego, se supo que de ese ataque murieron 274 tripulantes, casi de forma instantánea. Los demás navíos hicimos maniobras de evasión en zigzag a máxima potencia. A la hora y media se hizo de noche y viajamos sin radades ni equipo de radio ante la posibilidad de ser detectados. La prioridad era salvar el buque ante el temor y la incertidumbre de que el submarino vuelva a dispararnos. Fueron días muy complejos y de mucho estrés.

El 2 de mayo un avión argentino estuvo horas buscando al Belgrano hasta que dio con las balsas de los tripulantes que se habían salvado, muy lejos de donde había sido el ataque. En el Destructor Piedrabuena rescatamos a 280 personas a lo largo de 3 días de intensa búsqueda porque había que divisarlos a “ojos vista” en un mar muy hostil.

Pero nada tapa la alegría que sentí al sacar del agua a compañeros con los cuales había hecho el servicio militar. Ellos vivieron cosas tremendas durante el ataque y posteriormente en las balsas que naufragaban a la deriva. A la distancia, siento una mezcla de orgullo y felicidad de volver a verlos en la calle, bromear y que ellos mismos te digan “nos salvaste la vida”.

-¿Qué significa ser veterano de guerra en la actualidad?

-No es una carga, es un orgullo. Los primeros 10 o 15 años después de la guerra hubo una especie de olvido u oscurantismo. Pero con el paso del tiempo, el pueblo argentino ha sabido reconocer al veterano de guerra y hoy la Causa Malvinas está viva. El reclamo por nuestras islas debe ser constante, coherente y persistente. Nosotros los excombatientes hemos logrado poner nuestro granito de arena para que la gente sepa lo que sucede en la actualidad. Más allá de lo afectivo, la situación del atlántico sur es una causa geopolítica y económica y eso nos tiene que preocupar y ocupar como país. Hoy en día, como excombatientes, reivindicamos a los héroes caídos y el derecho de decir que las Islas Malvinas son argentinas.


En ese momento, el pequeño hijo de Adolfo “Fito” se acercó a la puerta de la sala de estar para escuchar la conversación que llevábamos adelante. Es necesario aclarar que Adolfo, además de ser padre de familia, representa ad honorem a Santa Fe como miembro del Consejo Nacional de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas y es el Presidente del Centro de excombatientes de la capital santafesina.

¿Qué opinión te merece que este año no se haga el desfile para el 2 de abril?

Hace años que los veteranos esperan un gran desfile. Pero no hay que manejar al 2 de abril con un fin político. Es el desfile de los excombatientes, independientemente del gobierno que esté. En lo personal, considero que no es el momento para realizarlo, porque el país se encuentra en un momento de ebullición socio-económica, donde va a haber que explicar muchas cosas. Nuestros compañeros desean realizar un desfile, pero considero que debe realizarse en un ámbito de deseo unánime y sin posturas políticas.

Mano a mano

Resulta interesante saber que entrevistas a un veterano de guerra, con toda la solemnidad que ello acarrea. Pero, además, es todo un desafío cuando sabes que el entrevistado es periodista.

¿Cuál es tu refugio cuando necesitas retomar energía ante la lucha de mantener vivo el espíritu malvinero?

En la radio. Desde 2004 a la fecha, todos los domingos llevo adelante un programa llamado “Soberanía Nacional”. Allí encuentro un refugio porque puedo resaltar la vida de otros argentinos: desde los quinteros en nuestra zona de Monte Vera, hasta el que siembra papas entre las piedras en Jujuy. Hay tanta riqueza en nuestra cultura y en las historias de vida de la gente. También en la música de rock nacional que es valorada a nivel mundial, como Porchetto, Piero y otras bandas tan importantes de nuestro país.

-¿Por lo que podríamos decir que sos un exponente de lo que es “ser argentino”?

No me canso de encontrar personas a las cuales vale la pena escuchar e intercambiar ideas. Los argentinos tenemos una capacidad humana muy grande para anteponernos a las adversidades, tenemos gente muy formada en todos los rubros. Por eso es incompresible que el país este tan mal en algunos aspectos. Por eso me duele lo que vivimos actualmente, ya que tenemos naturaleza, recursos y geografía para ser mejores.

-Habiendo dicho esto, ¿qué sentís que le falta al país para recuperar las Islas Malvinas y cumplir ese tan deseado anhelo que tenemos los argentinos?

-Yo ya tengo más de 60 años y creo que “hay que ser más amplios” y más con la situación que vive el país. El análisis debe ser de largo alcance y creo que la soberanía no solo son las islas. La imagen de soberanía se fomenta con leyes y con calidad de vida. No sólo es “la bandera”. Es necesario que los argentinos nos embarquemos en un proyecto común y moderno, recuperando la retórica de los líderes políticos de la “argentina grande” hermanándonos a Latinoamérica, pero sin cerrarnos al mundo.

En ese momento y luego de varias insistencias, el pequeño Fito comenzó a tocar las primeras notas de la marcha de Malvinas en el piano vertical que se encontraba bajo la escalera de entrada a la casa. Era un muchachito tímido, pero con la mirada pícara que caracteriza a los niños de su edad.

 

-¿Qué pensás acerca de Malvinas y las nuevas generaciones?

-Malvinas resume varias cosas en nuestro país, pero sobre todo reúne la mística y un objetivo común para lograr el bien común. Esa es una tarea que los excombatientes llevamos adelante, la de inculcarles la mística malvinera a los más jóvenes. Las Islas Malvinas están presente hasta en la cancha de fútbol a través de los cánticos de la hinchada. Nosotros durante todo el año se trabaja en el sostenimiento de la Causa Malvinas en el ámbito educativo, cultural y social santafesino. En toda la provincia fomentamos charlas y conferencias de distintos autores argentinos en conjunto con el ministro de educación. En el Centro de Excombatientes de Malvinas de la ciudad de Santa Fe, recibimos a instituciones educativas para compartir parte de la historia de Malvinas.


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