Historietas

Ceferino Namuncurá y el valle perdido: Acción, intriga política y dinosaurios en un cómic que reescribe la historia

 La obra recientemente editada por el sello rosarino responde a la ucronía como género literario presentando una realidad alternativa en la que los pueblos originarios nunca perdieron en la Conquista del Desierto. En este mundo, Ceferino Namuncurá será el héroe encargado de defender a la nación frente al asedio del general Julio Argentino Roca.


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 La editorial rosarina Rabdomantes ediciones ha conseguido desde su nacimiento no solo aumentar su catalogo con lanzamientos cada año sino nutrirlo de propuestas disimiles orientadas tanto al público adulto y juvenil como al infantil. Si bien habitualmente solemos destacar su cruzada en torno al rescate de gran parte del material historietístico publicado en el país durante los primeros años de la década del noventa, lo cierto es que siempre ha acompañado esta entusiasta labor con la publicación de obras totalmente nuevas.


“La historieta argentina tiene grandes autores que en su momento fueron publicados en bajísimas tiradas y en formatos muy económicos. Ir recuperando esas historias es parte del adn de la editorial, sin descuidar de seguir sumando autores nuevos al catálogo”, nos decía hace un tiempo su editor Cesar Libardi.


Prueba de esto es la edición en 2023 de “Silver Sigma”, una historieta de ciencia ficción con guiones a cargo de Gastón Flores y arte de Sergio Tarquini; y “Ceferino Namuncurá y el valle perdido”, trabajo que hoy nos ocupa gracias a su premisa más que interesante.


Se trata de una obra enmarcada como género literario en una “ucronía”, esto es, una historia alternativa o reconstrucción histórica que se desarrolla a partir de datos hipotéticos. Los norteamericanos suelen referirse a ello como un “What If”, es decir que hubiese pasado si determinado hecho histórico que conocemos tuviera resultados diferentes.


En este caso la trama transcurre teniendo como marco el reino de Wallmapu, un estado independiente, compuesto por distintas tribus de Argentina y Chile. Ceferino Namuncurá es su mayor exponente, un héroe encargado de defender a la nación frente al asedio del estado argentino (con el General Roca a la cabeza) empecinado en hacerse del petróleo descubierto en el lugar.


Acción, intriga política y dinosaurios, combo perfecto para una novela gráfica que transita sus páginas con la aventura como bandera.


Puede conseguirse en comiquerías y librerías especializadas, así como en la tienda oficial de la editorial: https://rabdomantesediciones.com/tienda/.


La edición


“Ceferino Namuncurá y el valle perdido” llega en el formato tradicional de 24 x 17 cm, cuenta con tapa blanda y un total de 72 páginas plasmadas íntegramente a color. La editorial se inclina, entonces, a favor de la faz gráfica en detrimento de unos costos de impresión, y posterior venta al público, que serán un tanto más elevados. La acertada decisión permite no solo poner en valor el arte del dibujante sino ser funcional a un relato que prioriza la aventura.


La novela gráfica presenta un cuanto menos ingenioso mundo alternativo en el que Orélie Antoine de Tounens, aventurero francés admirador de los mapuches y de su lucha independentista, tuvo éxito en su afán por crear un reino propio en Sudamérica y convertirse en su líder. La trama se sitúa en los inicios del siglo 20 tomando como epicentro ese reino, fundado en la Araucania y Patagonia, que lleva por nombre el de “Wallmapu”.


La historia a cargo del experimentado Roberto Barreiro (Buenos Aires, 1971); reivindica de algún modo la lucha de los pueblos originarios - siempre relegados por los relatos oficiales -, otorgándoles, en el terreno de la ficción, plena disponibilidad de sus tierras. Revisten carácter de potencia continental siendo dueños de recursos naturales y de una “reciente riqueza incalculable en el Valle perdido de Neuquén” de la que se hace referencia en el título. Incluso han cedido parte de su territorio a los israelitas, quienes viven en la Patagonia como una suerte de gauchos judíos.


Las licencias del autor no concluyen allí sino que se extienden hasta su protagonista. Ceferino Namuncurá es, ahora, un espíritu libre, movilizado por el amor que siente hacia su patria, casi en la vereda de enfrente del Ceferino real. Ese amor lo llevará a defenderla de los constantes embates del estado argentino que verá en el reino de Wallmapu un lugar propicio para sus negociados.


Secundado por Javier Oliver en los dibujos, el guionista construye una versión fresca de Ceferino, cercana, porque no, a la de los agentes secretos. El personaje se muestra intrépido y hábil con sus boleadoras desde las primeras viñetas e incluso al mencionar su nombre se presenta como lo hacia el británico Bond, James Bond. Frente a la pregunta de si es un héroe responde “solo un oficial de seguridad del servicio diplomático del Wallmapu”.


El guion de Barreiro es fácil de seguir e incluso, para aquellos no familiarizados con la parte histórica, con la excusa del traslado de la acción a un museo, el autor utiliza las primeras viñetas para brevemente explicar al lector el contexto.


Más allá de esto, los móviles del relato son claros. El general Roca al frente del estado argentino intentará hacerse del petróleo con el que cuenta Wallmapu, que está, de acuerdo a la información con la que cuentan, siendo explotado en el Valle perdido.


El guionista dota de carácter a cada uno de los personajes, existiendo una muy buena construcción de los villanos. Existen dos, que tienen correlación con el coqueteo que hace la obra respecto a otros géneros. Julio Argentino Roca si bien mueve los hilos del relato es un personaje con el que Ceferino apenas cruza unas palabras. Su disputa tiene que ver con la política y las ambiciones, una riña mental. La contrapartida esta con el embajador “Pangui Oruzek”, villano con el que Ceferino mantiene una lucha si se quiere más física, que se acentúa cuando el trabajo se decanta por la aventura. Este embajador, traidor del reino, estéticamente guarda muchas similitudes con “Patoruzú”, obra de Dante Quinterno. Tiene su misma contextura física, se expresa del mismo modo y por si la referencia no fuese del todo clara, en cierto momento se viste como tal. Un indio, amigo de los militares que está en las antípodas de este nuevo Ceferino.


La historia transcurre con soltura y todo parece encajar a la perfección en esta ucronía. Hay guiños históricos interesantes y la presencia de personajes tales como el coronel Enrique Mosconi e Hipólito Yrigoyen.


En cuanto al dibujo, la labor de Javier Oliver se lleva de maravillas con el tono de aventuras propuesto. La diagramación que hace de las viñetas es correcta, infringiendo ritmo y agilidad al argumento. Si es cierto que por momentos está ligereza se resiente, viéndose interrumpida con la cantidad de diálogos que presentan algunos recuadros. El estilo que expone en el trabajo se acerca a la escuela franco-belga presentando esa característica limpieza de la línea en el dibujo, comúnmente llamada “línea clara”. Su Ceferino recuerda al Tíntin de Hergé, e incluso el trabajo se inclina por un título que homenajea a obras como la de este último y otras como Asterix de René Goscinny y Albert Uderzo.


“Ceferino Namuncurá y el valle perdido” de Raddomantes Ediciones es una historia fresca y divertida, que no solo presenta altas dosis de aventura y acción, sino que avanza retratando complots y mezquindades políticas. Como plus tenemos las numerosas curiosidades de la historia argentina y una subtrama romántica interesante, que apenas se deja ver, entre el protagonista y la agente Francisca Solano al servicio de Roca. El dibujante presenta un muy buen diseño gráfico de la página, tanto el número como la posición y tamaño de las viñetas convencen siendo funcionales al relato. Un producto equilibrado del que esperamos prontamente leer su continuación.


Los artistas


Roberto Barreiro (Buenos Aires, 1971) es investigador y autor del libro “Historia de los fanzines de historieta en Argentina” (2001). Escribe guiones y textos de cultura pop desde hace mucho tiempo colaborando en revistas como “La Cosa”, “Cineficción” y “Barsoom”.


Son suyos los guiones de las novelas gráficas “Los Hermanos Segelin” (con Lucas Varela y Nacho Yunis), “Doctor Oscuro” (nuevamente junto a Lucas Varela), “La Vuelta de Kintari el Lobo” (con Hernan Gonzalez) y “Tierra de Nadie” (junto a Edu Molina).


Javier Oliver nació en San Miguel de Tucumán en 1991, aunque reside en Rosario desde el 2006. Estudio en la escuela de dibujo Barocelli en las especialidades de dibujo, acuarelas, entintado e historieta. Desde el año 2016 oficia como profesor en la misma institución. Ha publicado en Argentina, México, Uruguay, Estados Unidos y España en diversas editoriales independientes. También trabajo como ilustrador para el estudio de videojuegos “Serenity Games Limited” en Reino Unido.

 


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