Sábado 17.08.2019 | 14:13 hs


01-08-2019 / Homenaje en vida

Medio siglo al servicio de la salud pública: vocación, amor y valores

Luis María Martínez Gil es médico, tiene 76 años y pasó más de la mitad de su vida ejerciendo en la Asistencia Pública de Concordia. Hace poco cumplió medio siglo en ese lugar y sus compañeros le rindieron homenaje con un acto sorpresa. El amor al prójimo, la clave para seguir adelante.

Belén Fedullo
redaccion-er@miradorprovincial.com

Atendió a varias generaciones, vio como crecía la ciudad, atravesó junto con su equipo momentos de crisis y formó parte de grupos que se brindaron a sus pacientes. Luis María Martínez Gil tiene 76 años y vive en Concordia. En su ciudad ejerce la medicina desde que se recibió, tras estudiar en Córdoba, a los 26 años. El pasado fin de semana cumplió 50 años como médico de la Asistencia Pública de Salud concordiense (Dirección de Emergencias Médicas) y sus compañeros le hicieron un homenaje.

Emoción es la palabra que utiliza para describir el momento que vivió, que llegó por sorpresa en medio de una jornada más de trabajo, en el centro médico que cumplió un siglo y lo tiene como médico desde la mitad de su tiempo de vida.

La alegría de servir

La medicina llegó a la vida de Martínez Gil como vocación. Tras varios años de estudiar en la universidad se recibió y decidió volver a su ciudad natal. Mientras buscaba un lugar en donde dar sus primeros pasos apareció la Asistencia Pública como oportunidad y no dudó. Hoy, a 50 años de aquel primer día reafirma el compromiso y destaca las bondades de brindarse a los que tienen menos opciones.

Humilde, con perfil bajo, no esperaba que sus compañeros recordaran tan importante aniversario, pero fue reconocido y eso sirvió como puntapié para continuar. “Es una alegría inmensa lo que viví. Mis compañeros habían preparado un festejo, no lo imaginaba ni lo sospechaba y pudimos vivir un momento de mucha emoción, cordialidad y cariño después de tantos años en los que venimos trabajando”, aseguró y detalló: “En todos los lugares en donde he trabajado he tenido buenas relaciones, pero la Asistencia Pública tiene una particularidad que es que tiene una cercanía con la población que es propia del lugar”.

Cuando llegó a la ciudad, luego de varios años lejos, el médico recién recibido comenzó a dejar su currículum en centros de salud para entrar en la lista de posibles convocados. “Justo coincidió que en esos momentos se iba a jubilar el doctor Salzman, que en ese momento era el director de la Asistencia, e iban a abrir el primer centro de emergencias en el barrio Villa Jardín”, comentó y acotó: “Me presenté en la Asistencia, me dijeron que había otras personas anotadas antes e igual me anoté. Un día estaba en mi casa, me llamó el director y me dijo que necesitaba que saliera con la ambulancia a atender llamados a domicilio ya que los otros colegas no querían tomar ese trabajo así que me puse la chaqueta, me subí a una ambulancia y ahí aprendí lo que es trabajar con atención a domicilio. Luego se inauguró la sala del barrio, que era una zona con mucho campo y pocas casas, empecé a trabajar y nunca se me ocurrió irme. Estuve ad honorem, luego con viáticos, que era un dinero menor a un sueldo y luego vino la titularidad. Pasé por todos los eslabones y lo hice con mucho gusto”.

“La salud pública me ha dejado muchísimos amigos por todos lados porque en realidad se hacen muchas cosas”, afirma el hombre que transcurría sus días entre el barrio y la ambulancia. Además de los consultorios, el equipo de Martínez Gil velaba por la salud de los ciudadanos en los desfiles, festivales de boxeo y festivales artísticos, era permanente el contacto con la comunidad.

Las difíciles

Las malas situaciones y las crecientes de una ciudad costera, que cada tanto sufre los embates de las fluctuaciones del río Uruguay llevaron a que el profesional también tuviera que dejar la cotidianeidad de lado para poder llevar respuestas a quienes lo necesitaban, aun así, lo recuerda con emoción. “Durante una inundación, una noche a las 22.30 me llamó la secretaria de Salud y me contó que el río iba a crecer más de lo pensado, así que me preguntó en cuánto podía salir a trabajar, cené un café con leche y salí 30 minutos después del llamado, con mi equipo de lluvia y listo para trabajar. Al otro día empezamos a habilitar algunos centros de evacuados y dos días después teníamos abiertos 35 centros, si hoy me preguntan cómo fue, yo diría que fue un milagro, una suma de voluntades que hizo posible ayudar”, contó, mientras recordaba que, en una época con pocos teléfonos y sin celulares, la radio servía como medio para que los médicos se comunicaran, supieran en qué lugar se los necesitaba con mayor urgencia e hicieran un orden de visitas en los centros que habían abierto.

Y las agradables

Entre tantas anécdotas de vidas enfermas, también asoman destellos de luz. A Luis María, como médico de ambulancia también le tocó ser testigo de los primeros minutos de vida de algunos concordienses. “Un día fuimos a buscar a una mujer lista para tener un bebé y como la ambulancia se movía mucho nació en el jardín de la Asistencia”, comentó y agregó: “Otro día fuimos a atender a una mamá en un barrio, en pleno invierno, había neblina en la madrugada así que entramos en la casa que era muy humilde. El bebé ya estaba naciendo, así que asistimos a la señora y por la ventana asomaba la cabeza una vaca, que largaba humo con su aliento. Esas cosas son las que te da la salud pública, la ambulancia, el contacto con el otro”.

A pesar de tener su consultorio y pacientes fijos, el médico que cumplió medio siglo sirviendo a la salud pública nunca pensó en dejar ese espacio y aunque reconoce que a veces había limitaciones, se muestra satisfecho con el lugar que ocupa y lo defiende. “Siempre se trabajó con lo que se tenía. El doctor Favaloro siempre decía que sus estudiantes conocían la alta tecnología de sus centros de formación, pero los hacía trabajar en centros periféricos para que supieran resolver situaciones sin tantos recursos. Siempre tratamos de hacer las cosas de la mejor manera, pero ahora hay más acceso a otros elementos, más especialidades y se puede trabajar mejor, antes éramos médicos clínicos y ambulancias, ahora hay especialistas de todo tipo que se ponen a disposición de quienes lo necesitan. Además, antes los medicamentos los preparábamos en el centro de salud, ahora todo está en las farmacias, aunque igualmente seguimos haciendo algunos que la gente viene a buscar porque son muy buenos. La salud pública es incomparable”, aseguró.

Jubilación cercana, retiro lejano

El ingrediente secreto que utiliza el médico de 76 años son las ganas y la lealtad con los pacientes, con quienes comparte una amistad. A pesar de su edad, y de que muchos de sus amigos ya se jubilaron, aunque la opción esté cerca, el retiro no es una opción. “Empecé a tramitar la jubilación y eso hará que seguramente tenga menos carga horaria y exigencias, pero, aunque me jubile, mientras Dios me de salud trabajaré siempre”, remarcó y concluyó: “Como también atiendo en otro consultorio, en el que tengo pacientes fijos, se que seguiré trabajando. Tengo tantos amigos que no dejaré sin atención cuando tenga el papel que diga que estoy jubilado”. 


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